La Verdad

Lo que Joan Didion nos enseñó

«Descubro mis historias a medida que las escribo», reconoce Joan Didion.
«Descubro mis historias a medida que las escribo», reconoce Joan Didion.
  • La reedición de 'Según venga el juego' recupera la figura de una escritora dotada de una prosa afilada y profunda, que golpeó a la Norteamérica machista de los 70

Su escritor favorito sigue siendo Joseph Conrad. Hay un guiño poderosamente críptico al inicio de la brillante 'Según venga el juego' (Literatura Random House), su segunda (y recién recuperada) novela. Joan, Joan Didion, que de pequeña quería ser actriz y de mayor se convirtió en una de las voces más poderosamente influyentes de la narrativa norteamericana de los 70, la escribió entre enero y noviembre de 1969. La publicó tan solo un año después, pero llevaba pensando en ella mucho tiempo. Tomaba notas, iba moldeando la historia en su cabeza, aunque para ella nada comienza de verdad hasta que no está delante de la máquina de escribir. «Yo descubro mis historias a medida que las escribo», confesó en una ocasión. Y en este caso, el «potencial degradante» de la protagonista lo intuyó en un casino de Las Vegas. «Estaba en el Hotel Riviera y vi pasar a una chica, una actriz que empezaba y que estaba, claramente, haciendo un trabajo humillante en aquel momento. La escuché hablar y pensé en Maria», aseguró Didion, en una entrevista. Por entonces Maria, la protagonista de la historia, ni siquiera se llamaba sí. «Lo más habitual es que no sepa ni cómo se llaman mis personajes hasta que no he escrito la mitad del libro», dijo.

En cualquier caso, la novela, considerada por la revista 'Time' una de las 100 mejores en lengua inglesa publicadas entre 1923 y 2005, fue todo un puñetazo en su momento a Hollywood, y al machismo imperante en los Estados Unidos de aquella época, y su estilo, fascinantemente telegráfico, de diálogos que cortan como cuchillos, de pequeñas cápsulas narrativas que funcionan como 'polaroids', cambió para siempre la vida de los escritores que habrían de venir, escritores como Bret Easton Ellis, que debe a Didion un atisbo de toda la crueldad que expone en 'Según venga el juego'.

«Revolucionaria»

El autor de 'American Psycho' sitúa la novela entre sus favoritas de todos los tiempos, junto al 'Ulises' de Joyce, 'Madame Bovary', de Flaubert, y 'El Gran Gatsby', de Francis Scott Fitzgerald. Y dice de ella que es «absolutamente revolucionaria». Por primera vez, explica, «descubrí que el estilo podía también contarte una historia; que podía adaptarse como un guante a aquello de lo que estaba hablando, a toda esa crueldad». También dijo que primero le obsesionó Hemingway (obsesión que, de hecho, comparte con la propia Didion), y luego, ya en el instituto, no podía dejar de leer a Didion.

«Didion escribía sobre el sur de California y hacía referencia a calles por las que yo había conducido. Describía una sensibilidad con respecto a las mujeres que estaba en sintonía con lo que yo veía en las amigas de mi madre. Y traté de escribir 'Menos que cero' puede que un par de veces antes de que finalmente se publicara, y Joan Didion fue muy importante a la hora de darle forma», ha confesado Ellis. Y aunque haya quien la niegue -famosas fueron las declaraciones del ahora puesto en cuestión Gay Talese sobre la inexistencia de cronistas femeninas- muchos autores, y no sólo autoras, que crecieron en los 70 la sitúan entre sus favoritas, e incluso van más allá: la consideran un motor, como el propio Ellis, de su ficción. Entre ellos figura Douglas Coupland. El autor de 'Generación X', y una buena colección de novelas sobre familias psicóticas y personajes que no encajan allá donde sea que tienen que encajar, habla de ella como si de un bote salvavidas se tratara, y la sitúa en un lugar privilegiado de su particular colección de maestros, entre Truman Capote, Kurt Vonnegut y Andy Warhol.

Y lo mismo ocurre con Tao Lin y Zadie Smith, que ha considerado a Didion «la ensayista perfecta», porque eso es lo que le parece su no ficción: perfecta. Tao Lin tiene claro que sus personajes dolorosamente humanos (y desorientados) no existirían sin ella, ni, en su caso, Joy Williams, otra narradora curtida en los 70 -que llegó a disputarle el Pulitzer a Thomas Pynchon-, en la época en la que en Estados Unidos se produjo una pequeña revolución literario-femenina. Los 70 fueron los años de Renata Adler y de Ann Beattie, de Didion, claro, de Joy Williams, de Anne Tyler y de tantas otras. Aunque quizá el calado de la novela que nos ocupa, y de la propia Didion, sea mayor. No en vano, el arranque de 'Según venga el juego' es casi una frase hecha para los estadounidenses, algo popular, que se menciona aquí y allá, y que, curioso, Didion confesó haber extraído de un relato de Joseph Conrad. Porque sí, Joseph Conrad sigue siendo, como decíamos, su escritor favorito. Y de entre todas sus novelas prefiere 'Victoria', un doloroso 'tour de force' psicológico, que Jack London adoró en su momento: de ella llegó a decir que se alegraba de estar vivo si estar vivo significaba que podía leerse una novela como esa.

«Distinta al resto»

Y la frase en cuestión («¿Qué hace malvado a Iago?, preguntan algunos. Yo nunca pregunto») es toda una declaración de intenciones. La de alguien que, desde el principio, se ha sentido distinto a los demás. «Supongo que desde pequeña me he sentido impelida a ser distinta al resto. Cuando los demás preguntan, no tiene sentido preguntar. Porque eso es lo que hacen los demás», dijo una vez al respecto la propia Didion, que recordó haber escrito 'Según venga el juego' cuando Quintana, su hija, era aún un bebé. Y que al poco de que el libro se publicara, la niña empezó a llamarlo «el libro de la serpiente», porque en la portada había una. También recordó haber sido «muy infeliz» escribiéndolo. Estar terriblemente triste todo el tiempo. Pero que cuando lo acabó fue como si toda su infelicidad se quedara allí dentro, y desapareciera. Y añadió que fue el primer libro en el que encontró «el tono» por el que acabaría haciéndose muy conocida, y que una vez lo tuvo, no podía «resistirse a escribir».

Sobre el machismo de la época, o la odisea de Maria, que vive en una cárcel formada por un puñado de brazos de hombres, los hombres que amó, aún ama, o cree que lo hace, y aquellos que simplemente quieren utilizarla, y va de unos a otros, y es incapaz de escapar, porque quizá no haya escapatoria, porque quizá esa sea la vida que le ha tocado vivir, o la que se ha impuesto, Didion deja claro que la protagonista «es una superviviente», y que la novela solo estaba mostrando algo que ocurría, y que no solo ocurría en el Hollywood de la época. «Pese a todo, me quedo con la idea de que Maria es muy fuerte, mucho, en parte porque sabe que nada es para siempre», dijo al respecto. La novela, que ha llegado por primera vez a librerías españolas -hubo una edición en los 70 pero se hizo en Argentina y no pudo cruzar el charco-, trae de vuelta a la gran (y experimental y, en muchos sentidos, posmoderna) novelista que siempre ha sido Didion, más conocida aquí, sin embargo, por su ficción biográfica ('El año del pensamiento mágico') y sus artículos.