La Verdad

Cinéfila. Hadley Freeman, fotografiada en Barcelona con cine de los ochenta.
Cinéfila. Hadley Freeman, fotografiada en Barcelona con cine de los ochenta. / LV

«El cine de los 80 nos hizo más valientes, feministas y humanos»

  • Hadley Freeman

  • ensayista

  • Publica 'The Time of My Life', un libro en el que repasa las películas de su adolescencia

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Hadley Freeman querría compartir piso con Bill Murray, hablar de cosas de chicas -que eran adolescentes en los 80- con la musa de John Hughes, Molly Ringwald, y mudarse, literalmente, a 'Todo en un día', un clásico 'teen' de la década en la que el cine de autor de los 70 dejó paso al cine de productor sin que las palomitas menguaran la calidad del producto: las películas 'mainstream' de los 80, dice Freeman, eran divertidas pero también muy inteligentes, y formaron a una generación que se creyó capaz de cualquier cosa porque hasta un chico de los suburbios, como Marty McFly, podía viajar en el tiempo. Lo cuenta en 'The Time of My Life'.

Freeman, que hoy es una de las columnistas más leídas de 'The Guardian', nació en 1978, en Nueva York, y de sí misma dice que «era la típica primogénita de una familia judía de clase media», esto es, una chica «educada, inquieta, ratón de biblioteca». Puesto que su madre no les dejaba a su hermana pequeña y a ella ver la televisión -emitían anuncios, y los anuncios eran el Mal, para su madre-, tenían que contentarse con las películas que alquilaban de vez en cuando en el videoclub de la calle 86 Este. Un videoclub neoyorquino al que debe, como diría Gustave Flaubert, su educación sentimental. «Mi adicción al videoclub llegó a tales extremos que, para mi décimo cumpleaños, mis padres me regalaron mi propio carné de socia», recuerda. De allí sacó los clásicos de esa década que, aunque en su momento eran consideradas poco más que basura, para ella y «para toda la gente de mi generación que conozco resultaron ser muy formativas: nos proporcionaron las pautas vitales para distinguir qué es divertido, fresco y sexy». «También me enseñaron más sobre la vida que ningún profesor o biblioteca», añade.

'Dirty Dancing'

Cuenta cómo, cuando decidió ponerse a escribir 'The Time of My Life' (título que homenajea, claro, a 'Dirty Dancing'), habló con Peter Biskind, el famoso autor de 'Moteros tranquilos, toros salvajes: La generación que cambió Hollywood'. Este le admitió no haber sido «muy benévolo» con las películas de los 80, y que quizá había llegado el momento de «volver a analizarlas». Pero Biskind no estaba pensando en películas como 'Cazafantasmas' sino en 'Salvador' de Oliver Stone. Y evidentemente Freeman no. Freeman quería hablar de muñecos gigantes que aplastan taxis en Nueva York. «¿Cuándo fue la última vez que te dieron ganas de ver 'Salvador'?», se pregunta. «A las diez y nunca, seguramente», se contesta, y a continuación, se dice, «¿Y cuándo fue la última vez que te dieron ganas de ver 'Cazafantasmas'? Hace dos segundos, cuando he mencionado el 'marshmallow' gigante que aplasta taxis en Nueva York». Es evidente, se dice, que 'Salvador' y 'Alien' y 'Blade Runner' son «buenas películas de los 80» pero ella quería escribir sobre por qué «las películas divertidas de los 80 -'Jungla de cristal', 'Magnolias de acero', 'La chica de rosa'- también son buenas películas de los 80». A todo esto, si pudiera mudarse a una película de aquellas -literalmente, mudarse- se mudaría a 'Todo en un día', de John Hughes.

-Las películas de las que habla eran verdaderamente divertidas y en extremo inocentes, tiernas, no tenían nada que ver con el cine 'mainstream' de hoy en día, ¿no cree?

-Exacto. Diría que eran películas inocentes pero que a la vez eran sofisticadas y tenían mucho carácter. Que eran divertidas, románticas, inteligentes, tiernas, y únicas, porque nunca después se ha hecho nada igual. Para la gente de mi generación representan nuestra infancia y para el mundo una época en la que las películas 'mainstream' eran inteligentes y tenían un carácter liberal, algo que hoy en día sería impensable.

-¿Cree que parte del idealismo y la inocencia de su generación toda esa empatía que promovían esos adolescentes responsables y esos padres irresponsables de las películas de la época -citemos una: 'Los Gremlins'- es culpa suya?

-Sí. Creo que esas películas nos hicieron idealistas. Baby, la protagonista de 'Dirty Dancing', es una idealista con tendencias socialistas y eso, en la película, está bien visto. John Hughes era un tipo conservador (nunca ves a chicos drogándose o teniendo relaciones sexuales en sus películas) pero también era un liberal, siempre prefirió a los chicos de clase obrera a los ricos cuando tenía que elegir protagonistas. Y está bien crecer con eso, hoy parece imposible.

- ¿Y diría que movimientos como el feminista son hoy más fuertes gracias a que en esas películas hombres y mujeres, chicos y chicas eran tratados, como personajes, exactamente igual?

- Estoy convencida de que eso hizo que los jóvenes de hoy tengan una idea más justa del papel que deben jugar hombres y mujeres en la sociedad. Pero no sólo eso. 'Dirty Dancing' nos habló de la importancia de la legalización del aborto. 'La chica de rosa' nos dijo a las chicas que siempre debíamos ser nosotras mismas. Así que cuando ves que la sociedad intenta acabar con libertades como esa, te dan ganas de devolverle el golpe, porque creciste en un mundo en el que ser libre era lo normal.

-¿Cree que el cine de hoy, en comparación, es mucho más machista?

-Creo que las películas han dado un paso atrás en lo que a representación de los sexos se refiere. En las películas de hoy, particularmente en las románticas, los hombres son a menudo tipos estúpidamente inmaduros y las mujeres son las arpías que les hacen crecer, les guste o no. Y si las mujeres son más fuertes que ellos en algún sentido -teniendo un trabajo mejor, por ejemplo-, acaba siendo humillada por algo, seguro. Eso no pasaba en las películas de los 80, en las que hombres y mujeres eran tratados con el mismo respeto.

-Y a la vez era como si dijesen: «No importa si fracasas, fracasar es humano», ¿no cree? La sensación era la de que todos aquellos personajes eran imperfectos y le decían al espectador que ser imperfecto era lo normal, ser imperfecto era ser libre.

-Totalmente. Es más, todas aquellas películas nos enseñaron que no necesitabas ser 'especial' -no tenían que tener súperpoderes- para ser el protagonista de una película. Cualquiera podía serlo. En lo ordinario estaba lo extraordinario.