La Verdad

Antonio Oliver Belmás.
Antonio Oliver Belmás. / Archivo de 'La Verdad'

Antonio Oliver Belmás y Rubén Darío

  • El festival poético Deslinde, cuya primera edición se celebra en Cartagena hasta el próximo lunes, organizado por la Concejalía de Cultura, recuerda hoy al poeta cartagenero Antonio Oliver Belmás, de quien se ha editado, en facsímil, el 'Libro de loas'. También hoy se reinaugura, en el Parque Torres, el monumento a Rubén Darío. El catedrático de la UMU Francisco Javier Díez de Revenga describe la relación entre ambos.

Uno de los aspectos más reveladores de la calidad intelectual de Antonio Oliver Belmás es todo lo relacionado con Rubén Darío y su legado poético y editorial. Y en este terreno hay que destacar la labor que, en el campo de la ediciones, realizó Antonio Oliver Belmás, ya que desde 1963, y hasta su muerte en julio de 1968, a él y a su mujer, Carmen Conde, correspondió, por delegación de los familiares de Rubén Darío, toda la gestión de los derechos de autor. Además, una documentación preciosísima para valorar la difusión de la obra de Rubén Darío en España y fuera de España, se conserva en los archivos del Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver, de la ciudad de Cartagena, ya que fueron legados por Carmen Conde al Ayuntamiento de la milenaria capital, la ciudad natal de los dos esposos.

Como es sabido, además, numerosas obras de Rubén Darío fueron editadas por Antonio y alguna por Carmen. Él, sobre todo, siempre estuvo muy interesado en Darío y realizó numerosísimos estudios sobre el gran poeta; sobre todo ello, en los archivos del citado Patronato se conserva muchísimo. Quizá lo menos conocido sea que Oliver, después de sus gestiones para que Francisca Sánchez donara el archivo de Rubén, se ocupó de la administración de la propiedad literaria de Rubén Darío.

Se conservan otros documentos interesantes, como las hojas del inventario que Oliver va haciendo de puño y letra de los documentos que van introduciendo en los sobres lacrados que formaron la donación al Estado español de Francisca Sánchez. Conviene, a este respecto, recordar que en 1956 Oliver gestiona, junto con Carmen Conde, la cesión al Estado español, a través del Ministerio de Educación Nacional del archivo de Rubén Darío, que estuvo en poder de su última compañera, Francisca Sánchez, durante más de 40 años. Oliver se doctora en Filosofía y Letras con sobresaliente y Premio Extraordinario por la Universidad de Madrid con una tesis sobre José Gálvez y el Modernismo, leída el 26 de noviembre de 1954.

Al finalizar de impartir un curso monográfico sobre 'Poesía del Modernismo', Oliver realiza la primera visita a Navalsaúz, un pequeño pueblo situado en la sierra de Gredos, donde residía Francisca Sánchez del Pozo, acompañado por dos estudiantes y por Carmen Conde. El matrimonio vuelve pocos días después, alarmados por las pésimas condiciones de vida en las que se desenvolvía Francisca. Tras entrevistarse en Madrid con el ministro de Educación Nacional, Jesús Rubio García Mina, Oliver regresa junto con el señor Maroto, secretario de Julián Pemartín, director general del Libro, y del escultor José Planes. Con ellos llevan una carta del ministro de Educación Nacional proponiendo una mejora para Francisca y sus herederos después de haber estado los primeros quince días de octubre catalogando los papeles de Rubén Darío en Navalsaúz.

Será en abril de 1956 cuando el director de la Academia Cubana de la Lengua, don José María Chacón y Calvo, gran amigo desde los años veinte, consiga que el pleno del Segundo Congreso de Academias de la Lengua recomiende al Gobierno español la creación en Madrid del Seminario Rubén Darío. En un principio comienza a clasificar a puertas cerradas los cerca de cinco mil documentos rescatados con ayuda de Carmen Conde y María Dolores Enríquez (esta más tarde directora del Museo de Artes Decorativas).

Oliver, nombrado en 1957 académico correspondiente de la Academia Nacional de Artes y Letras de La Habana, en Cuba, obtiene una beca de la Comisaría de Protección Escolar del Ministerio de Educación Nacional para estudiar la huella dariana en España, y, en 1958, consigue otra beca de la Fundación March para escribir la biografía de Rubén Darío, que publicará en 1960, cuando recibe el Premio Aedos para biografía castellana por su libro 'Este otro Rubén Darío'.

Sería condecorado en 1961 con la Orden de Rubén Darío en el Grado de Gran Oficial, otorgada por la República de Nicaragua. Seguirían en 1967 su nombramiento de director de la Cátedra Especial Rubén Darío de la Universidad de Madrid y el logro de una beca de la Fundación Juan March de Literatura para escribir un conjunto de ensayos hispanoamericanos.

Aparte de otros muchos documentos sobre edición de obras de Darío, se custodian en el patronato numerosas fotos de Rubén Darío, de Francisca Sánchez, de los hijos que tuvo con ella (Phocás y Güicho), de las otras mujeres de Rubén y los otros hijos, de las casas de Rubén en Nicaragua y en España, colección de fotos de bustos de Rubén, colección de diapositivas (con Santiago Rusiñol, Jacinto Benavente, etc.), y otros muchos documentos sobre el propio Seminario Archivo Rubén Darío, justamente aquellos que eran personales del matrimonio y que atestiguan o testimonian la labor que tanto Antonio Oliver, como la propia Carmen Conde realizaron durante años en torno a Rubén Darío. Tanto Carmen como Antonio, pero sobre todo Antonio, llevaron a cabo numerosas actividades que contribuyeron, sobre todo desde el punto de vista editorial, a la difusión de la obra de Rubén Darío en España y fuera de España.