Vivir en el mal

ANTONIO PARRA SANZ

Aunque no queramos, en ocasiones aquella frase de Hobbes se hace más que palpable, y el hombre se convierte no en un lobo, sino en toda una jauría para sus semejantes, en la que las diferentes formas del mal se van solapando en una galería de crueldades tan contundentes como reales. Miguel Ángel Muñoz elige esta perspectiva para crear una serie de relatos en los que se habla de acoso y maltrato infantil o del padecimiento de un periodista secuestrado en Siria, e incluso de lo que puede pasar cuando los mitos del miedo demuestran que se pueden volver reales.

Estos relatos vienen sin paños calientes, pero también sin excesos innecesarios, con una prosa que ya conocemos sobradamente de otros volúmenes anteriores, y que hace de su autor uno de los nombres imprescindibles cuando se trata de hablar de la narrativa breve española contemporánea. Como muestra, por ejemplo, los relatos en los que se habla de aquella aciaga mañana de marzo de 2004, cuando los trenes de Atocha hicieron que todo nuestro mundo se detuviera, cuando se inauguró un nuevo tipo de terrorismo que hoy todavía anda perfeccionándose.

Pero no son las únicas las muestras que pueden tener como arranque aquellos hechos que entonces nos conmovieron, hay también relatos que apelan a los miedos más recalcitrantes y a cómo estos nos pueden conducir hasta el mal, e incluso uno, enfocado a medio camino entre el relato y el reportaje o la crónica, en el que se pasa revista a casos tan renombrados como el del Charles Manson, quien jamás mató a nadie pero supo inducir a los demás a hacerlo, tal y como ocurrió con Sharon Tate, o los casos de Richard Kukhinski e incluso el del mexicano José Luis Calva. Eso sí, hay algunos absolutamente memorables, como el titulado 'Un hombre tranquilo', cuando lo lean entenderán por qué.

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