El triunfo del amor

Teresa, su esposa, es el objeto de amor de este poeta constante y firme

PASCUAL GARCÍA

Nos llega ahora esta última publicación de uno de los grandes poetas murcianos, Francisco Sánchez Bautista, un eterno adolescente que va camino de la centuria, y nos sorprende su frescura, la premeditada inocencia de sus versos, la calculada ingenuidad del tratamiento del amor, que es, al fin, el tema último de este poemario, el amor a Teresa, su mujer, una especie de biografía sentimental llevada a cabo en perfectos versos clásicos, con predominio del endecasílabo y del soneto.

Porque estamos ante una firme y contundente declaración de amor, incluida la dedicatoria a Teresa que explicita el motivo de estos versos, aunque Paco nos lo entrega todo bajo la forma de un género musical: el rondó caprichoso, cuya primera y única musa es la mujer de su vida, a la que va siguiendo en estos poemas desde la infancia, pasando por la juventud, el tiempo fresco y feliz de un noviazgo huertano, el matrimonio, los hijos y el final inevitable.

Encontramos a lo largo del libro la calidad lírica habitual en un poeta de la talla de Sánchez Bautista, pero resulta ineludible referirnos en esta ocasión al candor, a la inocencia y a la pureza con que el poeta observa al amor de su vida como si de una amada lejana e idealizada se tratase, con ese tono entre petrarquista, romántico y popular con que los poetas elogiaban las virtudes de sus amadas, con lo que Paco somete este sentimiento y esta sensibilidad a un proceso de literaturización que nada tiene que envidiar a los clásicos: «Mírala, contémplala, no hallarás otras/ con más donaire ni que complazca tanto/ a tus ávidos ojos, ni que sea/ la deliciosa imagen de tus sueños».

Teresa es el objeto del amor del poeta constante y firme durante todos y cada uno de estos textos, alguno de los cuales desciende no sin gracia hasta las pequeñas circunstancias y anécdotas de otro tiempo en que el poeta y la dama compartían la alegría de los juegos, la emoción del noviazgo y el cariño de la familia enun ámbito edénico como es el de la huerta de Murcia: «Monte del Miravete, sierra de Las Lumbreras,/Espuña hacia el Poniente. Tardes primaverales./ Al fin éramos novios. Crecían los trigales/ y un júbilo de mirlos había en las moreras».

El talento y la inspiración conjugados con la gracia y el conocimiento de los clásicos se aúnan en estos poemas que rezuman vida, memoria y amor y que, como toda la poesía de Sánchez Bautista, andan bien pertrechados de los viejos ritmos que el poeta bebió delos clásicos romanos y griegos, pero también castellanos con ese don inigualable para asumir de un modo natural las formas poéticas de los mejores escritores de la historia y convertirlas en una impronta personal y nueva, original: «Teresa:/ Todo ha cambiado. (¿Todo?) Todo menos/ tus ojos y mi alabanza de ellos./ Aunque la muerte impía te los hurgue,/ no podrá su avidez cambiar tus ojos».

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