Primeros años de la América profunda

ANTONIO ORTEGA

La miseria, la pobreza y el hambre despiertan al animal perverso y aniquilador que se oculta en la condición humana. Esto sucede en esta novela de Donald Ray Pollock (Ohio, 1954), un descubrimiento de los últimos años de la narrativa norteamericana, en cuya historia personal se explican los motivos de este libro. Nacido en Knockemstiff (Ohio), trabajó más de treinta años como peón en la única fábrica de papel del pueblo. Con más de cincuenta años, decidió dedicarse a la escritura.

En su primer libro de relatos, titulado precisamente 'Knockemstiff' (2008), nos cuenta la miseria vital y moral de unos personajes que pululan por doquier en aquellos parajes insólitos. Generalmente jóvenes capaces de cometer atrocidades o vivir en las ciénagas de la mugre y la violencia por todas partes.

Ahora, en 'El banquete celestial' el autor vuelve al lugar y fija su punto de observación en el año 1917. En aquellas tierras estériles a menudo abandonadas a las inclemencias del tiempo o arrasadas por plagas de otro mundo, que cruzan los mapas de Arizona, Georgia y Ohio, se juega una partida feroz contra la muerte. La intrahistoria relata cómo los hermanos Jewett, Cane, Cob y Chimney, tras la muerte de su madre, emprenden un incierto camino, patéticamente iluminados por las últimas palabras de esta sobre la luz que les guiará al «banquete celestial» y por las aventuras de Billy Bucket, protagonista del libro que Cane, el mayor, va leyendo a sus hermanos.

Los Jewett roban en casas de campo, atracan bancos, asesinan sin piedad en aquel territorio en el que impera la ley del más fuerte. Hasta llegar a Meade, el último destino.

A su alrededor aparecen personajes infames que tratan de sacer tajada a cualquier descuido, de satisfacer instintos asesinos o perversos y de ocultar debilidades. Como los Fiddler, Ells y Eula, que lloran la fuga de su hijo Eddie; el teniente Bovard, que organiza el reclutamiento y oculta sus vergüenzas; Jasper Cane, orgulloso de su nuevo cargo como inspector de letrinas; el cantinero Pollock y sus horribles aficiones; Sugar, el único negro que quiere alistarse en el ejército o Blackie, el proxeneta que regenta orgulloso el inmundo Establo de las Putas.

'El banquete celestial' tiene personajes de Faulkner, desamparados de Steinbeck paisajes de McCarthy o escenas de cine de Peckinpah. Es y no es una novela del oeste, es una historia de los orígenes de América, de su irreductible empeño en salir adelante. Quedaron por el camino los débiles, los desamparados, los infortunados, pero entre unos y otros hicieron ese gran país que es América.

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