El poeta sale a la calle

PATRICIO PEÑALVER

Decía Italo Calvino que «es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone». En ese mar de fondo, que no cesa, nos encontramos en la mesa de novedades con la reedición de la novela corta 'El Paseo', con motivo del centenario de su creación. La relectura de esta obra de Walser nos invita 'a priori' a pasear por sus páginas con la mirada prístina, pero muy pronto con su magnetismo nos sitúa ante un paisaje que nos parece nuevo, de ahora.

En un momento, el poeta abandona su escritorio y sale a la calle y se convierte en protagonista: «El mundo matinal que se extendía ante mis ojos me parecía tan bello como si lo viera por primera vez». Nada más echar a andar, en su observación de las personas y locales que se encuentra en su camino, comenzará a pintar un gran paisaje con pinceladas minuciosas y sutiles en las que por instantes la cotidianidad nos resulta sorprendente, misteriosa y a veces intrigante, según vayamos fijándonos en las manchas que va dejando en ese gran lienzo.

El paseo al que nos invita el autor, no deja de ser un puro divertimento en el que la trama es un juego entre la forma y el fondo de los hechos, que van sucediendo en el discurrir narrativo, con un estilo que nos puede parecer sencillo con la construcción de frases, entre lo absurdo y lo cándido, siempre cargadas de ironía, en las que deja al lector la posibilidad de interpretarlas. Mientras nos va contando con mirada microscópica lo que va viendo a su alrededor, ya nos indica también su manera de entender la literatura: «No es signo del buen gusto de los tiempos que la literatura tenga esos ademanes imperiales. Antes era humilde, de buen natural. Hoy tiene maneras de soberana. El pueblo debe estarle sometido. Es una evolución insana». Con esta nueva edición de 'El Paseo' del autor autodidacta, con un excelente prólogo de Menchu Gutiérrez, estamos frente a un clásico de ayer que hoy adquiere una gran modernidad.

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