Personas frente a máquinas

Belén Gopegui regresa a la literatura con una novela muy original e inquietante

MANUEL CIFO

En perfecta consonancia con la voluntad manifestada por Belén Gopegui en sus anteriores novelas de indagar en las relaciones entre personas dentro de un tiempo y una sociedad concretos, en esta ocasión la escritora da un paso más allá, para analizar la influencia de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en las conductas y las emociones de los individuos y en la evolución de los valores colectivos. Para ello, elige a dos personas con visiones distintas del mundo: Mateo, un ingeniero de veintidós años, que vive con sus padres y comparte habitación con su hermano, y Olga, una matemática y empresaria jubilada, con sesenta y dos años y una enfermedad terminal. A ambos les une la voluntad de poder llegar a afirmar la preponderancia del individuo frente al poder de la tecnología deshumanizadora representada por Google. De ahí que ambos enviaran a esa multinacional una extensa solicitud de empleo, que ronda las cincuenta mil palabras, escrita en hojas de papel y no en archivo digital.

Tan extraña resulta esta solicitud que una persona, experta en interpretar currículos y en el análisis de las necesidades de la empresa, se ve impulsada a realizar un informe en el que se incluyen dos comentarios suyos, junto con la transcripción completa de dicha solicitud, escrita en tercera persona. Un informe dirigido, en segunda persona, a un 'ustedes', que no son otros que los lectores de la novela; novela que, por consiguiente, se configura con esos dos materiales narrativos: la larga solicitud de Mateo y Olga y el informe y los comentarios de la evaluadora.

Entre otras cosas, lo que une a estos 'dos seres anodinos, diferentes e iguales', que representan un número entre los millones que Google archiva cada segundo, es el orgullo de estar juntos, de compartir enriquecedoras charlas en una biblioteca pública o en la cafetería-cervecería en que suelen cenar habitualmente. Ambos se saben 'máquinas narrativas', porque desempeñan ciertas funciones y porque van creando argumentos y buscando explicaciones a cuestiones tales como la libertad, el mérito, el talento, el esfuerzo, la amistad, la muerte o el azar. De hecho, como afirma Olga, «que las cosas sean probables, y no ciertas, nos ayuda a vivir». Ahí radica precisamente la superioridad del ser humano sobre la máquina, en el hecho de la impredecibilidad de lo que Mateo y de Olga puedan hacer un segundo más tarde, a diferencia de los robots, sometidos a una programación inalterable. El problema se planteará el día en que los robots quieran seguir viviendo y cuando Google investigue genomas y recuerdos y no solo búsquedas y mensajes. Una novela con la que el lector puede llegar a inquietarse hasta límites insospechados.

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