Náufragos en un mundo desolado

MANUEL CIFO

Amelia es una niña nacida en 1965 y que, a punto de cumplir los diez años contempla, con cierto distanciamiento y mucho humor, los acontecimientos que se viven en la España de los años sesenta y setenta. Una España en la que, dados el progresivo e inexorable agotamiento del franquismo y los cambios económicos, sociales y culturales, se abren las puertas de los tiempos modernos, frente a los antiguos, representados en este caso por el padre de Adela, quien a la edad de su hija no conoció cosas como el plástico o juguetes como la Nancy o los Madelman.

La España en la que vive Amelia es la del 600 y la del 1430; la de Eurovisión; la de las series televisivas ('La casa de la pradera', 'Hombre rico, hombre pobre', 'Raíces' o 'Dallas'); la de programas como 'Un, dos, tres'; la de películas como 'Siete novias para siete hermanos' o 'Tiburón'; la de modernos electrodomésticos, como lavadoras, batidoras o exprimidoras, que liberaban a las mujeres de servidumbres físicas y les permitían estudiar y divertirse. Todo ello representa el progreso, la modernización y la prosperidad, «que restañaba las heridas antiguas y traía un lenguaje alegre y fresco». Pero también es la España de estafas como la de Sofico Renta; la de la emigración y la proliferación de barrios metropolitanos; la de ETA, el FRAP y el GRAPO; la de la pérdida del Sáhara; la de los estertores del dictador, &ldquoel marciano español&rdquo, y sus últimas sentencias de muerte.

Nos hallamos, pues, ante una buena novela, con tintes costumbristas y tonos nostálgicos, no exentos de autobiografismo, como lo demuestran los agradecimientos con que se cierra la misma. Una novela muy bien escrita, con un ritmo ágil y un estilo muy cuidado, en la que se defienden valores como la familia, la amistad, la solidaridad, la justicia social y el amor, y en la que no faltan momentos de ternura y de hondo lirismo.

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