El límpido papel del caudal

JOSÉ BELMONTE

Aunque se trata de una 'Opera prima', el producto resultante es más que aceptable; diríamos, incluso, que sorprendente porque la novela en cuestión de Manuel Nicolás (Sabadell, 1973) hace alarde de ciertos mecanismos propios de un narrador ya avezado, acostumbrado a navegar con soltura por estos mares. 'Bajo el iceberg' es una apuesta por ese tipo de novela que no se adscribe a ningún género y que, sin embargo, participa de lo policiaco, de lo psicológico, del género de aventuras y, si bien se mira, del 'road movie', a lo Jack Kerouac, pero sin esos componentes románticos del relato del escritor norteamericano.

En cualquier caso, adscripciones aparte, se trata de un libro con el que, desde la primera página, se logra encoger el corazón del lector con una trama trepidante, con un argumento en el que no tiene inconveniente alguno en utilizar, cuando es preciso, los resortes propios del folletín. Lo que en un principio apunta como un simple juego, va cobrando poco a poco el aspecto de una tragedia con un final abierto, magistralmente resuelto. Apenas tres personajes y un coro de voces a su alrededor: un matrimonio y un niño que en su huida hacia adelante arrastran todo un pasado que va emergiendo poco a poco hasta lograr justificar la actitud recriminatoria que los conduce a la perdición. La metáfora del iceberg está muy bien traída en estas páginas. No es baladí. En realidad, viene a decirnos el autor, nada es lo que parece, y en nuestro interior siempre fluye un río secreto y perverso que nos conduce por derroteros inimaginables. Se ahonda, pues, en la condición humana, y en todo lo que somos capaces de hacer al margen de la ética, de esas leyes que frenan nuestros impulsos primarios.

'Bajo el iceberg' es, además de todo lo apuntado, una novela escrupulosamente bien escrita, que apela a la sencillez comunicativa, a la austeridad del lenguaje, y en la que, sin embargo, existen verdaderos remansos en los que hacen acto de presencia brillantes metáforas, imágenes originales y hermosas: «Las arañas de agua se desplazan por la orilla escribiendo su alfabeto sobre el límpido papel del caudal».

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