Libros que se hermanan

CELIA RUIZ

René Descartes, allá por el siglo XVII, pronunció su famosa sentencia 'Cogito ergo Sum', es decir, 'Pienso, luego Existo'. Sin embargo, ¿qué viene antes: el huevo o la gallina?, ¿la existencia en sí misma y de ahí el pensamiento, o el pensamiento que nos conduce a la verdadera existencia?¿No tendría más sentido existir, vivir, ser y luego pensar?, ¿o es solo que a través del pensamiento y del conocimiento estamos vivos? Pues bien, preguntas como estas, retóricas o con claras respuestas, se desatan con la lectura de este texto magistralmente hilvanado. Y la respuesta, como todo en la vida, dependerá de los ojos con que se lea e interprete la propia realidad. Así, para muchos como para el protagonista de esta novela en clave biográfica, el pensamiento, infundido por la lectura (de casi veinte mil libros), es el responsable de que siga vivo; y más aún cuando la enfermedad de Parkinson va ingiriéndolo poco a poco, haciendo que solo su mente lo mantenga despierto: «como un hombre que se pellizca para asegurarse de que sigue teniendo sensibilidad, Chimen leía para cerciorarse de que seguía vivo». Y es que mantenerse vital en una época bombardeada por acontecimientos históricos devastadores como las dos grandes guerras mundiales y otros sucesos que afectaron a la política, la economía, la cultura y la sociedad en general, resultaba una tarea complicada. De ahí que Chimen y su esposa Miriam organizaran encuentros en 'petit comité' con grandes figuras como Eric Hobsbawm o Isaiah Berlin, entre otros, para que el saber intelectual les siguiera insuflando aliento y vida. Así de fascinante nos lo cuenta Sasha Abramsky, nieto de Chimen, que queda embelesado con la casa de sus abuelos: un emplazamiento conquistado por los libros; libros que se hermanan, que se conectan, que se tocan unos con otros como las ramas de los árboles hasta configurar un laberinto con desembocaduras enriquecedoras llenas de fantasía, presente y pasado.

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