Las hogueras que fueron

Las hogueras que fueron

PASCUAL GARCÍA

Resulta todo un acontecimiento literario la aparición de un libro como este que recoge la obra poética completa de uno de los nombres insignes de la poesía murciana y de la poesía española en general. Se trata de casi cuarenta años de quehacer lírico, de una madurez exquisita, profunda y sorprendente a la que la autora nos ha venido acostumbrando desde aquel inicial El vaho en los espejos hasta este último libro inédito que añade al final de este volumen, 'Regresos': «Salvarse es querer ser,/ estar a punto en todas las esquinas./ No amparar en el rostro/ el sufrir que ya ha sido./ Porque es continuo el viaje/ y apenas duradero». Catorce poemarios en total en cuatro décadas en las que su autora reivindica la vida con suprema elegancia, se asoma a la duda espiritual insondable, regresa al pasado en una continua elegía de agradecimiento consciente y va asentándose con discreción pero con firmeza en un lugar de privilegio de la poesía española, no porque sea una mujer quien la ha escrito sino porque es un ser humano de una extremada sensibilidad que se ha mantenido durante mucho tiempo en pie de guerra contra la estulticia y el silencio, porque su tarea ha sido la de poner música al espíritu, trasladarnos del presente al pasado, reflexionar sobre el origen del hombre y del mundo, celebrar que respiramos todos los días y somos felices de pisar la tierra: «Las hogueras que fueron, hoy apenas anuncian/ el refulgente sol y las espigas/ que doblaron un día en campo cierto».

Poesía reflexiva, evocadora, de factura netamente clásica, de una belleza original y nueva pese al inevitable recuerdo de los grandes poetas de la historia, porque en la obra de Dionisia confluyen las mejores lecturas, el temperamento extraordinario de una dama sensible e inteligente y la necesidad de abrirse paso entre la maleza del bosque hasta encontrar la luz, porque su poesía es una poesía de luz y de noble conformidad, de ahí que consuele nuestros corazones, pues está dicha como en voz baja, como en susurro espiritual, con cierta gracia castellana, a pesar de que ya podemos considerarla una escritora de Murcia, o bien, una escritora del mundo, ante la que nos inclinamos para buscar unas cuantas verdades o unas cuantas zozobras, pues nunca mostró el mal gusto de enarbolar certezas inapelables, sino más bien al contrario, se mantuvo en el filo de la duda, aun espiritual, del riesgo y de la aventura del alma, pero hizo frente en la poesía y en la vida a cualquier reto, incluido el inexorable paso del tiempo.

Un libro como este, publicado en un magnífico sello editorial no es el final de nada, aunque contenga toda la obra poética de su autora, sino más bien la culminación de un sueño literario que su Dionisia ha cumplido con creces, incluso en una tierra que no es su lugar originario, donde un premio poético de la Universidad lleva su nombre y donde poetas de diferentes edades y sexos la buscan a diario para escuchar su palabra y sentir su cercanía. Mi enhorabuena más sincera.

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