Un festival literario

Cuatro relatos que cuentan con la presencia de los detectives Vila y Chamorro

JOSÉ BELMONTE

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es, sin discusión alguna, uno de los mejores escritores españoles del siglo XXI. Un tipo honrado de la literatura que se ha labrado su fama a fuego lento, jugándose el tipo con cada una de sus obras. Lo mejor de su trayectoria, después de casi un cuarto de siglo en el oficio, es la ausencia de altibajos, de obras de desecho, de puro encargo, y su decidida apuesta por una literatura de calidad.

Lorenzo es, junto con Alicia Giménez Bartlett e Ignacio del Valle, el mejor escritor de novela negra de nuestro país, con permiso de Juan Madrid, que ya es un clásico, y de los que vienen empujando por detrás, como el murciano Jerónimo Tristante. Fue el inventor, en 1998, de esa pareja de guardias civiles, Bevilacqua y Chamorro, que ha tenido continuidad a lo largo de diez títulos, contando con el que hoy reseñamos. En su anterior entrega, 'Donde los escorpiones', la sargento primero Chamorro y el ya veterano y cincuentón Vila se trasladan al infierno de Afganistán, donde resuelven, con la limpieza e ingenio habituales, un caso muy complicado. 'Tantos lobos' no es una novela, sino un volumen en el que se recogen cuatro relatos de mediana extensión, amén del necesario y consabido prólogo en el que el escritor madrileño informa puntualmente del origen de sus textos: dos ya fueron publicados en su día en la prensa -aunque admite que los ha revisado para esta edición- y los otros dos son rigurosamente inéditos, para el disfrute de sus muchos seguidores.

La calidad y, por supuesto, la presencia de su habitual pareja de guardias civiles, pone en conexión estos cuatro relatos, distintos entre sí, con argumentos muy diferentes, pero en los que se nota la mano y el estilo de su creador, que sabe nadar y guardar la ropa; o lo que es lo mismo: administrar sabiamente la acción y la resolución final de cada de estos casos. Los dos primeros, '547 amigos' y 'Antes de los dieciséis', así como el que cierra el volumen, 'La hija única' (probablemente el más redondo y mejor conseguido de todos ellos) resultan especialmente llamativos por la presencia en los mismos de menores, lo que desata de inmediato nuestra sensibilidad, nuestra solidaridad y condena ante hechos intolerables, pero que suceden casi a diario. El estilo de Silva es inconfundible: la habitual cadencia de una prosa a prueba de puristas, las elucubraciones y reflexiones sobre asuntos políticos y sociales, y las inexcusables referencias a ciertas lecturas y autores (De Quincey, Kafka, Onetti, Pessoa...) que han formateado, a lo largo de los años, su bien nutrido disco duro. En resumidas cuentas, un festival literario para los incondicionales de Bevilacqua y Chamorro, y una buena ocasión para que se inicien en esta aventura los que aún no han tenido ocasión para ello.

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