Berta no tiene quien le escriba

ANTONIO ORTEGA

Ni los personajes, ni los espacios, ni los temas. El estilo, sí. El estilo es, a mi juicio, la marca original en la narrativa de Javier Marías (Madrid, 1951). La densidad y lentitud de una prosa hipotáctica, de sintaxis disyuntiva, empeñada en el uso de más de un enunciado para detallar un solo hecho o acción, ejemplo de behaviorismo narrativo que algunos han denominado como estilo anglosajón se imponen por encima de otras categorías de análisis. Extensos diálogos, un formato argumentalmente cinematográfico y una historia de difícil clasificación. Un estilo peculiar que le ha procurado no pocos enemigos en el escenario de la literatura española. Pero él sigue su propio ritmo, que antes leímos en 'Todas las almas' (1989), 'Corazón tan blanco' (1992), 'Mañana en la batalla piensa en mí' (1994) o 'Los enamoramientos' (2011).

'Berta Isla' puede ser una novela de espías, pero también una novela intimista, cuya protagonista, una mujer abandonada por su marido durante muchos años, se focaliza como conductora de la historia, a partir de la que se hilvanan las dos líneas temáticas: por un lado, la reflexión de su propia existencia como mujer en soledad, que espera el regreso del marido para ser amada o constituir la imagen familiar tradicional, que no alcanza a comprender el porqué de su desgracia, desamor o abandono; por otro lado, Berta tiene que ir fraguando con escasos datos la peligrosa y oculta profesión de su marido, el espía Tomás Nevinson, medio inglés medio español, políglota y excelente estudiante en Oxford, que aparece y desaparece al albur de las misiones secretas que el gobierno le solicita en defensa de la corona británica.

Fechados desde los años setenta, los episodios históricos más relevantes suponen el fondo y la causa de cada misión; leemos a Tomás implicado en los sucesos dramáticos del Ulster, en la dureza y cruenta lucha política y militar de la guerra de las Malvinas o en las maniobras económicas e ideológicas de la ex primera ministra Margaret Thacher. Al cabo, en España se viven los últimos años del franquismo, la aspiración democrática y las primeras y sobresaltadas décadas de libertad democrática.

'Berta Isla' espera con paciencia o escepticismo al marido lejano, vive una vida vacía, sin esperanza. Como Penélope, espera a Ulises, aunque la inolvidable griega mantiene la esperanza y Berta emprende el camino de la confusión y la desolación. Tomás huye de sí mismo, no sabe si ama a Berta, a sus amantes o a la guerra y sus misterios. Pesimista, antiheroína, antifeminista, anclada al pasado, Berta expresa en su devenir el estigma de ver pasar la vida y esperar el turno para subir a la barca de Caronte.

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