La Verdad

Un lugar monótono

  • Con ocasión de la conmemoración del centenario del nacimiento de la novelista americana Carson McCullers (1917-1967) y del cincuenta aniversario de su fallecimiento, la editorial Seix Barral ha procedido a publicar su obra completa

Con ocasión de la conmemoración del centenario del nacimiento de la novelista americana Carson McCullers (1917-1967) y del cincuenta aniversario de su fallecimiento, la editorial Seix Barral ha procedido a publicar su obra completa, comenzando por esta novela, cuya edición aparece precedida de un prólogo de la escritora Cristina Morales y un epílogo de Tennessee Williams, que fue escrito para la edición de 1971.

McCullers forma parte del grupo de novelistas más representativos de la narrativa del sur de Estados Unidos, junto con William Faulkner, y se la vincula a los escritores de la llamada Generación Perdida, de la que formaron parte autores tan conocidos como el propio Faulkner, John Dos Passos, Erskine Caldwell, Ernest Hemingway, John Steinbeck o Francis Scott Fitzgerald, con quienes comparte rasgos característicos como el pesimismo y el desconcierto ante la vida y la sociedad americana y la crítica al militarismo.

'Reflejos en un ojo dorado' es una novela corta en la que aparecen temas como la infidelidad conyugal, la homosexualidad, el odio, y la soledad y la violencia latentes en el seno del ejército americano de los años 30. Así, partiendo de la afirmación inicial de que «un puesto militar en tiempo de paz es un lugar monótono», la narración se centra en la peculiar relación de amor-odio que el capitán Penderton, fruto de su homosexualidad encubierta, mantiene hacia el soldado Williams, un joven silencioso y solitario, que pasa la mayor parte de su tiempo libre en el bosque que rodea el campamento y que cuida amorosamente los caballos, especialmente el de la esposa del capitán, Leonora, por quien siente una atracción casi patológica. Por su parte, Leonora es amante del comandante Langdon, cuya esposa se refugia en la música y en la complicidad con su afeminado criado filipino Anacleto. Como afirma Tennessee Williams, esta es una de las obras más puras y potentes de cuantas han sido creadas bajo el influjo del Sentido del Honor, que es la podredumbre de todo arte relevante.