La Verdad

Tanto ingenio como sentido común

Tanto ingenio como sentido común

  • Carmen Castelo desentraña la vida profesional de García Martínez, periodista de incansable inventiva

No se trata de una obra literaria, de esas impregnadas de argumentos, que se van desarrollando con una elevada dosis de enigmas, para mantener la atención, hasta que desemboca en un final que, por lo general, suele ser un lago de felicidad. Lo que pretende 'Periodismo con sentido común. El caso García Martínez' es demostrar la trayectoria de un periodista cercano que, como evidente queda, ha sido capaz, durante muchos años, de desarrollar un trabajo incansable de inventiva, para darle a su proyección profesional una originalidad que puede parecer increíble y que nunca ha sido superada.

Muchos de cuantos hemos vivido este mundo inquietante del periodismo nos hemos acolchado muy pronto a una labor monótona, en cualquiera de las secciones que se multiplican en una redacción. Nos hemos pasado años enteros como si estuviésemos cogidos a la mesa, sin más pretensiones e iniciativas que las propias del momento; o, cuando nos ha dado por sentar cátedra, a base de artículos, más o menos brillantes y oportunos, hemos encontrado una vía de escape, incluso para pretensiones literarias. Pero hay que aceptar, todos debemos aceptar, que el 'caso García Martínez' es algo excepcional. Y no se trata de repetir el título con cuantas inventivas exprimió de su oronda cabeza, con una originalidad más que sorprendente, sino de admitir que son iniciativas personales, que solo han podido emerger desde la inquietud periodística que el protagonista de esta historia ha demostrado, a lo largo de su más de medio siglo de actividad. No basta con fijarse en las numerosas secciones que este periodista ha desarrollado a lo largo de su trayectoria. Es preciso hacerlo también en el uso del lenguaje, con categoría propia de cualquier notable escritor, y en la interpretación de no pocos vocablos, surgidos de lo que denominamos terruño.

Carmen Castelo ha actuado como auténtico roedor en los fondos de la hemeroteca de 'La Verdad', pero también en las propias entrañas de García Martínez, porque el libro no se limita a recordar una trayectoria, con la tibieza propia de un relato profesional y unas obligadas citas de textos. Hay más: Castelo ha penetrado, a veces, en la intimidad de una vida que, lógicamente, ha superado los distintos peraltes que provoca el correr de los tiempos. Es imposible, en un libro de poco más de doscientas páginas, resumir la genialidad periodística derrochada por García Martínez; pero sí recuperar el valor del ingenio y del sentido común, y puede servir como punto de arranque, como incentivo básico, para futuros servidores de un periodismo dificultado por las circunstancias.