La Verdad

La realidad es mucha y mala

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Juan Caller, hombre culto y maduro, hereda la fortuna de Alfonso, el rico hacendado para quien ha trabajado como chófer y confidente durante los últimos años. Para recibirla, ha de vivir en la Casa del Reloj, una casa rural que había pertenecido a la familia de Matilde, la difunta esposa de Alfonso. Cuando Juan se instala allí, contrata al albañil Benito y a su nieto Tomás para que realicen las reformas que la casa necesita y, poco después, recibe la visita de Andrés, el hermano mayor de Alfonso, quien había protagonizado una trágica historia de cainismo, odios infantiles y venganzas con tintes de tragedia decimonónica. Historia que Juan conocerá de forma perspectívica, mediante los relatos del propio Andrés, de Benito, de la vieja criada Eulogia, de un anónimo narrador que vive en esa localidad, y de Totó Lavalle, amiga íntima de Matilde y responsable en buena medida del adulterio cometido por esta y por Andrés.

La trama de la novela se fundamenta en la confrontación entre los dos hermanos: Alfonso, el bueno, el sumiso, que habría asumido el papel de Abel, mientras que a Andrés, el malo, el insumiso, el preferido de su madre, le correspondería el de Caín. Pero, curiosamente, es Abel quien planea una cruel y despiadada venganza: recluye en vida a Matilde en la casa para asegurarse así una aparente y perpetua fidelidad; se deshace del hijo que esta tuvo con Andrés, entregándoselo a Benito, junto con una importante suma de dinero, y ayuda económicamente a Andrés para que se aleje de allí. Lo que ocurre es que, para el moralista Pombo, este falso Abel también ha de tener su castigo: ver cómo su joven esposa no muestra arrepentimiento alguno, cómo lo aborrece silenciosamente y cómo es consumida por el cáncer. En suma, Alfonso posee dinero y propiedades, pero no puede ser feliz.

La otra dualidad que presenta la novela se centra en la existencia de dos mundos aparentemente antagónicos: el de los hacendados y el de los trabajadores, algo que se refleja perfectamente en el lenguaje empleado por ambos. Así, el primero se relaciona con el uso de abundantes anglicismos (skin deep, A man of property, name-dropping...), latinismos (do ut des, Deus sive Natura, gratia gratis data...), galicismos (bagatelles, cauchemar, cité lumière...) y cuidadas imágenes (un día deshabitado y fosco, el hilo tránsfuga de la conciencia, esta vividura dependiente y vicaria...), junto con abundantes referencias cultas: Kierkegaard, Mann, Juan Ramón Jiménez, Spinoza, Kafka, Lao Tzu, Worsdworth o Pessoa. Al segundo le corresponden términos más coloquiales (cagarrache, escoña, cagaleras, esclafado, guripa, manflorita) y alusiones a programas televisivos, como los llamados 'realities', o a bebidas como Red Bull. Y quien conecta ambos mundos es Juan Caller, protagonista de un sorprendente final.