La Verdad

El poder del relato

  • Dice Alejandro Amelivia en uno de sus relatos que las golondrinas caían al suelo como meteoritos, mostrando así la capacidad de crear un ambiente asfixiante y rural que es percibido de un plumazo por el lecto

Dice Alejandro Amelivia en uno de sus relatos que las golondrinas caían al suelo como meteoritos, mostrando así la capacidad de crear un ambiente asfixiante y rural que es percibido de un plumazo por el lector. Y de eso se trata en estas nueve piezas, de lograr espacios narrativos muy particulares, de aire faulkneriano algunos, todos norteamericanos, hasta alcanzar atmósferas densas, con personajes muy bien perfilados y argumentos potentes, demoledores incluso.

Un tipo que aprovecha los sueños para realizar sus venganzas, la desidia de un alcohólico incapaz de cuidar a un niño, un viejo desencantado atraído por la belleza indómita de una artista hippy, un pueblo que rechaza a los forasteros hasta límites insospechados, el deseo de poder escapar de la muerte, la soledad del campo y el miedo a lo desconocido, una médium que atrapa a los incautos valiéndose de su necesidad de hablar con los muertos. En todos los casos hay un persistente aroma a fracaso, como si los seres de estos cuentos estuvieran ya tocados por el malditismo de lo inevitable.

Pero eso sí, con una sobresaliente calidad literaria en la que a veces se alternan las voces narrativas, como en 'La fatiga de los materiales', uno de los más destacados porque esa fatiga no es más que el miedo a la vejez disfrazado de la heroicidad de reparar la vieja casa y conquistar a la joven vecina. Una calidad que en otras ocasiones viene marcada al ceder el autor el protagonismo a los diálogos, como en 'La chica de mis sueños', o al mostrar una prosa dura y desgarrada para construir el relato más demoledor, 'Kentucky Gentleman', que le dejará a cualquier lector una profunda amargura en el alma.

Un puñado de historias que alcanzan un valor literario fuera de lo común, y que una vez más demuestran la capacidad de autores como Alejandro Amelivia para ilustrar el potencial del relato breve español.