La Verdad
El murciélago pelotudo de Borneo

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Antonio Parra es docente, crítico de cine, crítico de literatura -de cuyos juicios disfrutamos en esta misma página todas las semanas- y novelista que, con su obra 'La mano de Midas', ha conseguido el premio al mejor libro murciano del año. Además de hombre curioso al que le gusta bucear en la prensa diaria y sacarle la enjundia a los telediarios. Fruto de todo ello es este volumen que ahora presenta en el que se recopila un buen ramillete de artículos que, en su día, entre 2008 y 2012, vieron la luz a través de su blog.

Parra es un escritor serio que utiliza el humor para hacer digeribles los temas que aborda. Una cualidad que no está al alcance de todos. Estamos acostumbrados a telepredicadores que venden crecepelos, por lo que se venía echando de menos ese humor inteligente y esa soltura que maneja el autor de 'Butaca de patio'. Una manera de escribir que nos trae a la memoria al grandísimo González-Ruano y a otro columnista, más cercano a nosotros, del que casi nadie se acuerda: Paco Carles Egea.

Antonio Parra, buen conocedor de la literatura española y excelente contador de historias con las que sabe entretener y deleitar al lector, utiliza una técnica que se remonta a la Edad Media. Lleva a cabo algo parecido a lo que ya hizo en su día el primer autor con conciencia de serlo: el infante don Juan Manuel, quien nos dio una soberana lección con sus cuentos con marco. El cine, en esta ocasión, es el marco. El título de una película da pie a la confección de un texto sugerente, crítico y repleto de ideas, aunque transmita la falsa impresión de un sencillo divertimento. Y nada más lejos de la realidad. No deja títere con cabeza, y al autor le sobran agallas para ponerle nombre y apellidos a sus víctimas, dejando bien claro, para que a nadie le quepa la menor duda, su talante liberal, su sentido común y, sobre todo, su deseo implícito de que las cosas mejoren. Parra se rebela contra las actitudes falsarias, cuando se refiere, por ejemplo, a todo lo que está sucediendo en la pugna entre defensores y atacantes del mundo de la tauromaquia. Ataca, sin ahorrarse calificativos, a los defensores del murciélago pelotudo de Borneo que, sin embargo, «no se preocupan por la mendicidad o la explotación infantil». Y reparte collejas entre los futbolistas millonarios que guardan un minuto de silencio por las víctimas de un terremoto, pero que no son capaces de aflojar el bolsillo para paliar la desgracia. Soberbia prosa la de estos artículos valientes y sabios que derrochan humor y con los que pone a cada uno en el lugar que le corresponde.