Gusto por los disfraces

En dos momentos cruciales de los acontecimientos revolucionarios en Rusia, sus protagonistas recurrieron a los disfraces para poder huir. El 23 de agosto de 1917, Lenin llegó a Helsinki procedente de Petrogrado para evitar ser detenido por la Policía rusa. Para escapar de Petrogrado, se había afeitado, llevaba peluca y ocupaba el puesto del fogonero en el tren que le dejó en la capital de Finalndia. Dos meses y medio después, el 7 de noviembre, Kérenski escapó del Palacio de Invierno horas antes de que cayera en manos de los bolcheviques. Según cuenta el historiador británico Robert Service, iba en una limusina del Gobierno, disfrazado de enfermera.

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