'El rostro de las letras', fotógrafos y escritores

Santiago Ramón y Cajal, posando para el escultor Agustín Querol. Madrid, 1906./Francisco Goñi
Santiago Ramón y Cajal, posando para el escultor Agustín Querol. Madrid, 1906. / Francisco Goñi

PEDRO SOLER

Tendríamos que ir preparados para contemplar la exposición 'El rostro de las letras. Escritores y fotógrafos en España desde el Romanticismo hasta la generación de 1914', que inició su recorrido hace un par de años, cuando la Real Academia Española de la Lengua celebraba su tercer centenario. Ahora se presenta en el Archivo Regional, y está integrada por unas doscientas fotografías, muchas de gran tamaño, y ofrece un voluminoso catálogo, en el que con mayor profundidad puede conocerse la labor desarrollada por los organizadores, porque han sido varios años los dedicados a investigar en archivos públicos y privados, en colecciones particulares o en revistas, hasta conseguir aunar tan valiosa y testifical colección.

El título se queda corto respecto al contenido, porque, aunque la temática principal esté más que suficientemente cubierta con la presencia de fotógrafos y escritores, no puede olvidarse que también aparecen numerosos personajes muy resaltados en el mundo de la política, junto a conocidos enclaves urbanos y entrañables espacios, que son evocación de un pasado que, aunque desaparecido en gran parte, nos devuelve a la actualidad.

Para técnicos y entendidos en la materia, la exposición debe ser como la biografía de decenas de profesionales que nos legaron documentos conocidos, especialmente de literatos españoles, de muy distintas épocas, tendencias y variable trascendencia. No pocas de las fotos expuestas han servido, a través de los siglos, como testimonios fidelísimos de esos personajes, en momentos muy concretos y significativos de su trayectoria vital o literaria. Unas veces se advierte que lo que es una imagen propiciada por lo imprevisto, en otras responde a un auténtico trabajo, en el que el sentido artístico del autor ha jugado un papel fundamental. Y esto se ha debido a la labor desempeñada por esos autores, cuyos nombres, generalmente, permanecen silenciados por la fama que ha acompañado a la persona captada.

Se decía que es preciso ir preparado para poder penetrar con conocimiento de causa en la variedad expositiva. No bastará con ver una imagen debidamente reproducida. Si se quiere sentir la satisfacción que no pocas fotografías pueden transmitir, será necesario conocer si no todo, sí algo en torno a los personajes del mundo de las letras o de la política, desde la época romántica hasta los de la llamada Generación de 1914, aunque muchos de los fotografiados superan esa fecha indicativa, que pone límites a la exposición.

También es justo reseñar que el voluminoso catálogo, escrito con más que suficiente conocimiento de causa por Publio López Mondéjar, periodista, foto-historiador y miembro de la Academia de Bellas Artes, es mucho más que un concienzudo trabajo, porque, al margen de una historia que va explicando las circunstancias en torno a fotógrafos y fotografiados, ha conseguido que el lector pueda enterarse de quienes son los escritores o los admiradores, que aparecen en no pocas fotografías de grupos.

Al margen de fotografías más conocidas, el espectador se va a encontrar con muchas que serán sorprendentes, porque se trata de nuevas visiones, auténticos descubrimientos de profesionales tan notables como Charles Clifford o Jean Laurent y, entre los españoles, José Campúa, Compañy, Alfonso y Santos Yubero. Si de personajes fotografiados se trata, la relación puede hacerse interminable, debido al amplio espacio temporal que abarca la exposición y a la sucesiva relación de escritores desde la etapa romántica hasta la primera quincena del siglo XX, entre los que se encuentra literatos tan notables como los miembros de la Generación el 98, o los integrados épocas anteriores y posteriores, como Bécquer, Pérez Galdós, Ortega, Echegaray, Menéndez Pelayo... También se ha indicado que no pocos de los fotografiados son autores que, en su momento, dentro del mundo del periodismo o la literatura, adquirieron una resonancia actualmente amortiguada, como puede ser el caso de José María Pereda o José María Gabriel y Galán; o bien, aparecen espacios como el Café Pombo, en el que Ramón Gómez de la Serna se había convertido en el reclamo más sonoro.

Y puede afirmarse que, en muchas de las fotografías, los autores buscaron desentrañar el sentimiento o el gesto que mejor definía las características del personaje, como sucede con la expresión bondadosa de Antonio Machado, con la mirada fría de Pío Baroja, la acidez facial de Unamuno o el humor congénito de Pedro Muñoz Seca.

En definitiva, estamos ante una exposición de fotografía, en la que se mezcla profesionalidad de los autores con un testimonio que recuerda una amplia etapa de nuestra historia, en la que predominan escritores, sin que se pueda olvidar otros aconteceres y situaciones.

Fotos

Vídeos