De 'Pátina del tiempo' a nuevas imágenes de Gaya

'Caja de recuerdos', de Nono García./
'Caja de recuerdos', de Nono García.

PEDRO SOLER

Parece como si Nono García se hubiese pasado muchas horas rebuscando por los rincones de armarios, trasteros y cajones, hasta encontrar los motivos de 'Pátina del tiempo', la exposición que presenta en la planta alta del Palacio del Almudí. El rebusco es lo de menos; lo que importa es la emoción, más que por el tiempo pasado, por la visión que produce esa serie de obras, sustentadas sobre objetos, que en su día tuvieron una hermosa prestancia en los hogares, pero que hoy son recuerdos inolvidables -aquí sí importa el tiempo-, imposibles de ignorar.

En realidad, de la pintura de Nono García interesa todo, porque, aunque pudiera alguien pensar que basa sus obras en intrascendencias, la realidad es que transforma lo inútil en algo íntimamente aprovechable, hasta el punto de que todo queda convertido en piezas dignas de respeto y admiración. Son obras en las que asoman, con carácter de urgencia, unas dotes personales, que nos descubren la categoría de un hacer bien hecho, porque no se trata de cuadros, en los que los objetos interpretados queden representados por un mero reflejo. La función de Nono García es recrearse en un dibujo incipiente, que va ampliando, a base de lógicos y precisos añadidos, hasta convertir cada pieza en una obra debidamente afinada. Relojes, latas, cajas y otros objetos caseros se presentan como foco de merecida atención, porque no se trata solo de representar tan abundantes objetos. El pintor también les aplica un cromatismo colmado de delicadezas, el mejor modo de no descontextualizar el conjunto de la exposición, al margen de que sea un modo propio que el autor tiene de utilizar los colores; pero también hay que tener en cuenta la pátina de suave armonía que se expande sobre los conjuntos, para que tampoco los contrastes desorienten la visión de los espectadores. Podría hablarse, por tanto, de que el experimento de Nono García ha sido ocuparse del tiempo como algo bien visible, interpretándolo en función de los objetos representados en las obras, pero dando también al tiempo un sentido tangible, por muy difícil que pudiera parecer. Hay en estos cuadros un sentido incuestionable de la transparencia, que se hace más patente cuando el pintor adjunta copas, vasos y otros objetos de cristal, en los que la luz penetra o se refleja como arma necesaria.

Impregnado de un sentimiento de autenticidad, Nono García plasma esos utensilios usados y antiguos con una realidad notoria, porque no pretende mejorar artificialmente lo que pinta, sino expresarlo con la mayor autenticidad, incluso con ciertos detalles, que denotan el abandono al que tales objetos han estado sometidos, como si se tratase de un hallazgo más propio del mundo arqueológico que del pictórico. Y, dentro de ese campo figurativo, que gusta de aplicar a sus obras, el autor las va bordando detalladamente, para no caer en un hiperrealismo, que podría parecer demasiado exigente o innecesario.

Las pinturas de Nono García recuperan el pasado, a base de objetos inservibles, en la planta alta del Palacio Almudí

Conseguir que materiales como los reproducíos se conviertan en objetos del deseo y en atractivos reclamos, a la hora de repasar esa pátina del tiempo, no debió ser tarea sencilla antes de tomar una decisión; pero, si Nono García optó por lo intrascendente, pensó que también sabía dónde estaba la respuesta.

'Diálogos', de Gómez

La serie 'Diálogos', en el Museo Gaya, tiene como reciente participante a Antonio Gómez Ribelles. Sabido es que la función de esta serie se basa en reinterpretar, con la máxima libertad, algún cuadro de Ramón Gaya, reinterpretación que, generalmente, queda reducida a una obra. En esta ocasión, Antonio Gómez se ha salido del consabido contexto, para recurrir a argumentos más amplios y novedosos. Ha utilizado fotografías, no cuadros, sobre Ramón Gaya, realizadas por miembros del propio Museo o por fotógrafo tan artísticamente notable como lo es Juan Ballester. Y Antonio Gómez las ha reconvertido hasta conseguir una visión de la imagen de Gaya recuperada a la actualidad. Se advierte, claramente, que no se ha limitado a reproducir, sino que se ha pensado bien el sistema que utilizaría antes de expresar su labor. Ha fusionado fotografía con acuarelas hasta conseguir unas imágenes muy diferentes de las que podrían considerarse como más habituales. Por eso, el rostro de Ramón Gaya, en las variadas tomas y en las distintas etapas de su vida, se nos muestra plenamente actualizado, como si se tratase de un rostro más vivo e impresionante, a través del gesto, pero también de una mirada penetrante. Sebastián Mondéjar escribe que son fotografías con las que Antonio Gómez, al servirse de ellas, ha hecho «como una suerte de biografía silenciosa de Gaya».

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