De la novedad de los sistemas a las influencias picassianas

Una de las 'Elegías' de Pepe Buitrago, en Chys./
Una de las 'Elegías' de Pepe Buitrago, en Chys.

PEDRO SOLER

Se pueden aplicar cuantas interpretaciones desee el espectador. Y, por igual, puede encontrar en estas obras sendas pisoteadas, visiones celestes, manchas indescifrables o presumibles pensamientos. Y no se trata de penetrar en el conjunto, sino en cada uno de los cuadros que Pepe Buitrago presenta en Chys, dentro de la exposición 'Margen ilimitado'. Restringir las posibilidades sería como una afrenta hacia cada una de las piezas y al propio autor, que, sin duda, se habrá estrujado el pensamiento y habrá reinsistido en sus propósitos, para llegar a un contexto que solo él sabrá interpretar con seguridad y acierto. Pedro Mazano escribe que son obras que «nos obligan a buscar imágenes con significado objetual, en el magma de formas y colores que tiñen una superficie». Y es eso: un singular magma, en el que se aglomeran la materia y los colores, sin un significado concreto, pero abierto a todas las posibilidades interpretativas.

Pepe Buitrago ha utilizado las novedades de los sistemas digitales, como un método capacitado para alumbrar resultados indecibles e incontenibles, si se les sabe utilizar con el acierto de la moderación y de la insistencia. No se trata de dejar que el espacio sea ocupado por manchas de cualquier color, sino de trabajar esas manchas, hasta reconvertirlas y conseguir transformarlas en una perspectiva colmada de armonía, que es, posiblemente, la faceta que más resalta en esta serie de formas indefinidas. Cierto que todas aparecen bautizadas con una sucesión de 'Elegías', pero de ellas no trasciende un sentimiento quejoso, ni una panorámica triste. Más bien, habría que hablar de un conjunto lleno de ingeniosa refriega, en la que se ha establecido una lucha a la que el artista le ha asignado la suficiente mano dura para que, aunque se trate de un margen ilimitado, no se les pudieran descontrolar las pretensiones.

No habrá sido fácil para Pepe Buitrago decidirse por una temática indefinible, ni culminar su realización, porque podrá opinarse de modo muy diferente -es un riesgo que corre el artista cuando se define en estos menesteres-, pero no podrá negarse la meticulosidad que, sin duda, ha dejado estampada en estas piezas tan contrastadas, por una parte, y tan melodiosas, por otra, como evidente queda, sobre todo en los cuadros, en los que los pigmentos se imponen al conjunto de formas. Y se dice pigmentos, porque el color salpica más que cubre los espacios, y los convierte en un rocío cromatizado, intangible de tan líricamente resoluto.

En Chys, Pepe Buitrago presenta 'Margen ilimitado,' una serie de obras sometidas a múltiples interpretaciones

Aunque pudiera parecer que estamos ante obras desarrolladas de modo impreciso, quizá haya que reincidir en que cada una habrá necesitado una seria y paciente meditación, según fuera avanzando ante la mirada creativa de su autor. Lo más interesante es el resultado, ambiguo, si se quiere; discutible, desde luego; pero cargado de rompedora entrega y de la más absoluta sinceridad artística.

Le Corbusier, en Galería La Aurora

Quien está considerado como uno de los más famosos arquitectos del siglo XX, Charles Edouard Jeanneret-Gris, más conocido por Le Corbusier, también tuvo sus pretensiones pictóricas, que dejaron más que aceptables resultados. Galería La Aurora presenta la serie de aguafuertes, conocida como 'Unité', veinte piezas en las que el mundo animal parece ser el principal protagonista. Posiblemente, la foto en la que Le Corbusier aparece junto a Picasso podría dar una idea del interés que este autor tuvo por el pintor malagueño y su obra. Y no puede dudarse de las influencias picassianas en la serie de Le Corbusier, pero aún así, justo es destacar cómo se afanó por darle a su obra pictórica una unidad, más que de contenido, de resolución.

En 'Unité' se palpa que el autor se esmeró en practicar la soltura del dibujo y, sobre todo. la aplicación de los colores. En el desarrollo de las formas, se advierte un predominio cromático, que en su reparto ocupa con armonía todo el espacio disponible. Otras veces, el aguafuerte queda limitado al blanco y negro, acaso con la intencionalidad de que se convirtiera en una simple expresión lineal. Y, por encima de esto, quizá habría que indagar en la intencionalidad, que Le Corbusier quiere aplicar a no pocas de estas obras, en las que las figuras parecen ocupar increíbles expectativas. Hay síntomas eróticos, familiares, urbanos, lúdicos... expresados como si se tratase de contrastes indescifrables o de enigmas, que el espectador se ve obligado a interpretar y resolver. Como se indica, son claras las influencias picassianas, aunque Le Corbusier también busca implantar unos rasgos de su personalidad artística, rompedoramente de vanguardia.

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