Movimiento a tope y estética en el grabado

Una de las obras de Javier de Juan, en galería La Aurora.
Una de las obras de Javier de Juan, en galería La Aurora.

PEDRO SOLER

La sencillez visual que demuestran las obras de Javier de Juan -artista que la galería La Aurora ha elegido para conmemorar su veintitrés aniversario- encierra toda una entrega al movimiento de la figura humana, como se advierte en una rápida visión de las obras presentes. No es preciso buscar complicaciones, ni exprimir la razón, para comprobar también cómo las imágenes aparecen inmersas en unas referencias taurinas, que tienen mucho de autenticidad y nada de otras simbologías que cualquiera pueda buscar. Si acaso, lograría el espectador ampliar el significado de cada uno de esos 'pases' que hombres y mujeres protagonizan, hasta llevarlo a unos derroteros que también pueden aplicarse a otros comportamientos y sentimientos humanos, al margen de los arrebatos que entraña el ambiente taurófilo.

La exposición está bautizada como 'El movimiento perfecto hacia el instante perfecto', aunque no puede olvidarse que entre las numerosas experiencias artísticas de Javier de Juan, hay que destacar 'Toreando la vida', proyección que el artista realizó en la plaza de toros de Las Ventas, pero que, según anota Julieta de Haro, vino a ser «la investigación sobre el movimiento, que se dirige cada vez más claramente hacia los personajes urbanos». Quizá por este urbanismo de las imágenes expuestas, los protagonistas aparecen con ese movimiento de semejanzas taurinas, pero desprovistos de cualquier otro rasgo, que los conduzca a esos hábitos y a esas visualizaciones. Son imágenes en las que prima la postura más adecuada, para captar la elegancia del movimiento perfecto, pero recurriendo no solo a las que aparecen cubiertas con una vestimenta elegante y con unos rasgos que tienen que buscar las líneas bonitas y atractivas; también las hay que muestran la rudeza en sus rostros y el despropósito en la vestimenta, propia del realizador de un trabajo duro y agotador.

Javier de Juan parece mostrar una sinceridad muy directa, para captar todas las posibilidades que sus intenciones movilizadoras puedan desarrollar. Sin recurrir a trucos, que, sin duda, hubieran aportado matices más llamativos a ese interés por la movilidad de la figura humana, lo que hace es prescindir de oropeles innecesarios; tampoco recurre a simbologías que pudieran ser capaces de simular escenas propias de las pretensiones del autor. Habrá quien se pregunte si una mayor aproximación entre la expresividad de las obras con un contexto más idóneo hubiera engrandecido el significado del conjunto. Lo que queda claro es que lo que Javier de Juan pretende es resaltar la trascendencia del movimiento en los círculos urbanos, en los que los protagonistas de sus obras desarrollan su existencia. Y es evidente que las ideas del autor se cumplen con exigencia y armonía.

En galería La Aurora, Javier de Juan muestra una serie de imágenes en la que destaca la eleganciLos grabados del artista lituano Egidijus Rudinskas, en Chys, son un ejemplo de perfección y estética

Impactan los grabados que el artista lituano Egidijus Rudinskas presenta en galería Chys por múltiples razones. Una de ellas es que pronto se advierte que se trata de piezas que han sido elaboradas con una intensa dedicación y con un notable conocimiento de su metodología. Además, son fruto de una visible originalidad, por lo que, sin excesivas ponderaciones, puede decirse que estamos ante un maestro en el arte del grabado. Por dificultosas que sean no pocas de las obras expuestas, lo cierto es que están resueltas con una plausible limpieza; y, por multiplicados que aparezcan los efectos visuales, parece que todos tienen su significado y reclaman su necesaria presencia en unos escenarios ocupados por la inventiva.

Juega un destacado papel la simbología que se va desplegando por cada una de las obras, porque, aunque el motivo principal sea el rostro de una mujer anónima o el despegue de unos caballos alados, lo cierto es que cada una de las imágenes se muestra acompañada por muy distintos ornamentos, que obligan a buscarles una significación. Muy de destacar es que Egidijus Rudinskas penetre por unos caminos variopintos, que parecen rozar el drama; pero queda claro que nunca busca el sobresalto al que, aparentemente, podrían llevarnos algunas de las imágenes. Más bien, son grabados en los que, sobre todo, se advierten una capacidad creativa, unos brotes de serenidad, una significación lírica, unos síntomas misteriosos, que vienen a ser como un divertido juego adivinatorio en el que se quiere sumir al espectador. Son piezas que deben haber salido de la mente después de un proceso investigador, que hasta podrían convertirse en una narración completa sobre una determinada temática. Aunque se trate de grabados de pequeño tamaño contienen relatos consumados, que pueden responder a hechos históricos o a la inventiva que el autor ha desplegado. Son un ejemplo de sensibilidad y también de perfección, en los que prima un notable sentido de la estética.

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