Genialidad de Dalí y variedad en arte sacro

Uno de los aguafuertes de Dalí, expuestos en galería La Aurora./
Uno de los aguafuertes de Dalí, expuestos en galería La Aurora.

PEDRO SOLER

Sobre la obra de Salvador Dalí habría que decir lo que sobre tantos artistas: hay que ver más que comentar. Esto sucede con 'Roi, je t'attends a Babilonia', los aguafuertes que se exponen en la galería La Aurora y que forman parte de una serie del artista, de 1973, con textos de André Malraux.

Es fácil advertir todo el sentido que Dalí le inculcó a su obra, porque en estos aguafuertes aparecen el ingenio y la originalidad del pintor, dentro del singular surrealismo, que también aplicó, como pocos artistas de su generación, a sus obras. Quizá, si se quiere penetrar en una comprensión más profunda y en una interpretación más exacta de cada uno de las doce piezas expuestas, lo ideal sería conocer al detalle las reminiscencias bíblicas que encierran; pero, como también sucede con frecuencia que la belleza y las características artísticas que cada uno propaga se sobreponen al título que puede acompañar a la serie. Por tanto, no hace falta más que contemplar la genialidad de Salvador Dalí, a la hora de empaparse de los contenidos.

Es una conocida colección, en la que se van alternando piezas que encierran un elevado sentido dramático con otras de un no menos sentido poético; pero hay que sumar una constante, que demuestra ese método interpretativo, en el que el disparate también desempeña un papel básico. De no ser así, habría que recurrir a otros autores y no a la ocurrencia y a la libertad expresiva, que el pintor catalán impuso a su trayectoria, dentro de unos módulos a los que también supo someterse, porque los consideraba esenciales, para que su obra, en una época artísticamente revolucionada, acaparara la singularidad y la originalidad que entraña.

Dalí se encontraba envuelto -como bien se aprecia en la exposición- en un afán de expresarse con imágenes de extraños toques, pero que, sin embargo, eran una expresión fija de los contenidos. La fantasía jugaba un papel preponderante, pero siempre reflejada de un modo que llegase al espectador, capaz de captar de inmediato lo que cada una de sus piezas pretendía. Era el mejor modo de impedir, como él también afirmaba, que la visión de la obra pudiera quedar obstaculizada por la incomprensión del mensaje. En la serie de aguafuertes que expone galería La Aurora no es preciso buscar o penetrar en el mensaje, porque, como antes se afirma, se impone la belleza que expresan los contenidos y la originalidad interpretativa.

'Arte religioso y sacro', en Babel

Puede parecer otra de las exposiciones que se han organizado en Murcia, con motivo del Congreso Internacional de Cofradías y Hermandades; pero lo que ha hecho galería Babel con su 'Arte religioso y sacro' ha sido reunir a una serie de autores que, en buen número, podrían descolocarse del estricto campo que el título de la exposición indica, para mostrarnos unas piezas con indicativos menos tendentes a la religiosidad, pero más abiertos a un sentimiento estrictamente artístico. Hay una obra de Mariano Ballester -'Mater mea est vita mea' ('Mi madre es mi vida')- en la que se manifiesta de modo muy rotundo ese sentimiento exquisito, que, sobre cualquier otra calificación, impregnaba las obras de este pintor. Es un óleo que derrama dulzura, dentro del libertinaje interpretativo con que el pintor definía sus obras. Algo similar podría decirse sobre 'El milagro de los peces', de Jacques Tangue, en el que la elegancia de la pose, la finura del dibujo y la fortaleza del color superan el sentido religioso de la imagen. La catedral de Berlín, pintada por Cristóbal Pérez García, ofrece también una visión, en la que predomina el paisaje luminoso. Algo similar podría insinuarse sobre la obra de Navarro Menchón en torno a la Capilla de los Vélez.

Obras que encierran un porte más estrictamente religioso y de lectura bíblica sí son la 'Natividad', de Antonio Campillo, y 'Sagrada familia' y 'Huida a Egipto', de José Manuel Peñalver. Hay que sumar las que presentan Abellán Julià, Ávaro Peña, Cantabella, Juan Antonio Marín, Pedro Velver, Lucía Montero, Mar Blázquez, Nicolás Reverte y Martínez Pedrero. Por lo general, en las piezas expuestas hay que resaltar, el sentido artístico personal, que cada autor inyecta a su obra. Son piezas en las que, si se trata de artistas ya profundamente consolidados, pronto se hallan las particulares características que encierran; si, por el contrario, son autores de menos solidez y conocimiento, sus obras pueden suponer una sorprendente revelación, en una temática, de la que ni siempre, ni frecuentemente, se han ocupado los autores.

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