La Verdad

'Maja magna', aguafuerte de Pepe Yagües.
'Maja magna', aguafuerte de Pepe Yagües.

De 'La güella de Gulliver' a 'Consummatum est'

  • Entre otras cualidades, la obra de Pepe Yagües nace cuajada de ingenio. Basta con decir que hasta el título que coloca a cada una de sus exposiciones es una muestra de esa originalidad, que luego se exp-ande y penetra en cada una de las piezas, sea escultura o pintura, porque en ambas presencias se desenvuelve con más que soltura

Entre otras cualidades, la obra de Pepe Yagües nace cuajada de ingenio. Basta con decir que hasta el título que coloca a cada una de sus exposiciones es una muestra de esa originalidad, que luego se expande y penetra en cada una de las piezas, sea escultura o pintura, porque en ambas presencias se desenvuelve con más que soltura. Como prueba, 'La güella de Gulliver', en galería La Aurora.

Es una serie en la que nos narra -mejor, nos reinterpreta- la locura de aquel viaje, a través de grabados y pinturas, piezas en las que queda patente una alta dosis de agudeza, para que, además, ha recuperado antiguos formatos, porque se nota que es un artista que no pone pegas a nada, que se siente con capacidad para reinterpretar los más intocables textos, adobándolos con diferentes hechuras.

Habría que decir que la obra de Pepe Yagües es un tipo de realismo indescriptible, porque, expresado con la máxima libertad, tanto en su contenido, como en su metodología, penetra en cualquier entendimiento, sin necesidad de forcejeos. Para el autor, las obras brotan con una facilidad interpretativa, y para el espectador no es preciso obligarse a entender los presuntos mensajes, que los hay, que Pepe Yagües nos quiera trasmitir, porque es patente el sentido crítico, que también se advierte en su obra. Lo que, posiblemente, se sobrepone, es el ya citado ingenio que, detrás de cada pieza es fácil captar; ese punto de creatividad, que ejerce como origen y meta.

Estamos ante un artista, que gusta de de interpretar mundos que conoce o investiga, a los que aplica su personal reconversión de los personajes o las circunstancia. En 'La güella de Gulliver', nos encontramos con escenas llenas de naturalidad en la famosa novela de Jonathan Swift, a las que hay que sumar una dosis de inventiva, que el autor le aplica, para reconstruir esos personajes que se ven inmersos en el famoso viaje y en la apabullante tragedia. Los aguafuertes en tonos oscuros parecen encerrar una fortaleza penetrante, porque las figuras que recogen dan un mayor peso, mayor legitimidad, frente a otras que buscan el sentido de agilidad y sutileza que también sabe Pepe Yagües aplicarles, con el trazado de una línea llena de vitalismo. Es también muy llamativo ese aspecto más chispeante, fuera o dentro de las imágenes eróticas, que gusta de aplicar a no pocas de sus obras. Una faceta más, dentro de la originalidad y de la variación de unas series , que siempre podrían calificarse como un nuevo descubrimiento, dentro de la trayectoria de este artista. No puede olvidarse que, cuando lo busca, también convierte a sus personajes femeninos en estampas aliñadas de formal belleza, con profundas características de corte clásico, pero siempre inmersas en ese mundo cortejado por el ingenio y la creatividad.

Perfeccionismo

Demuestra un convencimiento absoluto en su modo de hacer esa pintura academicista, que es la que hasta ahora ha utilizado Martínez Cánovas para sus obras. No le aterra que se le pueda acusar de permanecer anclado en las estructuras del siglo XIX, porque está convencido de que pinta como le sale de dentro. Es lo que confiesa y es lo que puede contemplarse en 'Consummatum est', la exposición que presenta en el Museo de la Catedral, y dedicada, además, a retratar la Pasión y muerte de Cristo.

Que Martínez Cánovas domina con precisión este modo clásico de pintar queda evidente no en uno o en varios de los cuadros presentes, sino en la variedad de usos que hace a la hora de reproducir las imágenes de Cristo en cualquiera de las imágenes pasionarias. Y, además, también apela a diversos recursos pictóricos, en que que queda patente que no desea abandonar en absoluto ese ritmo academicista de su pintura. En las obras, estén resueltas con dibujos o con óleo sobre lino o tablas, sigue fiel a sus principios, pero a la vez busca un perfeccionismo en las hechuras, que no se debilite por ninguno de sus ángulos.

No se limita a reflejar las imágenes tan usuales del rostro de ese Cristo herido o de la Virgen Dolorosa; también hay piezas, en las que deja que su imaginación se expanda por paisajes que sirven de fondos a esa figuras, y sobre los que extienden las resonancias clásicas que el autor utiliza. El conjunto de la exposición, en un espacio tan bien avenido como el Museo de la Catedral de Murcia, resalta con mayor autenticidad el contenido y las formas de la pintura de Martínez Cánovas.