La Verdad

'Senderos a la modernidad' o la multiplicada belleza

'Los Picos de Europa', de Carlos de Haes.
'Los Picos de Europa', de Carlos de Haes.
  • No viene a cuento escribir sobre épocas o estilos, o citar la escuela artística a la que perteneció cada uno de los pintores incluidos en la exposición 'Senderos a la Modernidad. Pintura española de los siglos XIX y XX en la colección Gerstenmaier

No viene a cuento escribir sobre épocas o estilos, o citar la escuela artística a la que perteneció cada uno de los pintores incluidos en la exposición 'Senderos a la Modernidad. Pintura española de los siglos XIX y XX en la colección Gerstenmaier', que puede admirarse en la sala de Las Claras, de la Fundación Cajamurcia. Ya se responsabiliza Marisa Oropesa, entendida en estas batallas, de repasar y describir con acierto las características más radiantes de esos autores, como también afirma que «el público que se acerque a esta exposición podrá disfrutar de la genialidad de los maestros de la pintura española de estos años». Esto es lo que parece más interesante, porque es un verdadero disfrute plantarse ante las obras expuestas, sean retratos, bodegones o paisajes, sin necesidad obligatoria de precisar el nombre de cada autor. Cierto que, en una exposición colectiva, siempre se incluyen quienes gozan de un renombre superior, frecuentemente debido a que han realizado una obra más considerada por críticos y escritores del momento.

En este caso da lo mismo empezar por Pérez Villaamil o por Gutiérrez Solana, porque las obras presentes están sembradas de belleza visual en todo su recorrido artístico. Y no es posible pensar que se está jugando con opiniones peligrosas, de fácil quebradura, ni que se recurre a exageraciones indebidas. No es así, porque la presencia de un conjunto artístico como este no es muy habitual en nuestros reducidos límites. Ahí están para demostrarlo, la calidad de los nombres ya citados, a los que, obligatoriamente, hay que sumar, entre otros, los de Carlos de Haes, Fortuny, Madrazo, Francisco Domingo, Aureliano de Beruete, Emilio Sala, Darío de Regoyos, Rusiñol, Sorolla, Francisco Iturrino, Zuloaga, Anglada Camarasa, Isidro Nonell, Joaquín Mir, Alvarez de Sotomayor, Vázquez Díaz... Y, ahora, sí, se han aportado nombres, para que pueda advertirse la imperiosa importancia del conjunto expuesto.

Los paisajes desempeñan un papel principalísimo, no solo por la variedad de tan solemnes pinceles, sino porque también los hay que, a veces, expresan como un íntimo lirismo o un sentimiento expansivo por sus profundidades y luminosas panorámicas. Es fácil percibir la fidelidad que unos autores han conservado ante la realidad de la visión, frente a la innovación que otros han querido aplicar a las escenas, para inyectarles un sentimiento arrebatador; como también se advierte que, en no pocas ocasiones, la grandeza de la obra no radica en el lugar paisajístico elegido, sino en la transformación que el artista le ha aplicado, como método excelente de engrandecer y hacer más atractivo lo que no es más que un espacio estéril. Los paisajes urbanos reflejan la evidencia de que se trata de la lealtad hacia un encuadre ciudadano y un lugar preciso, entre los que aparecen canales de Venecia, murallas de Ávila o rincones de la sierra de Guadarrama.

Los paisajes podrían convertirse en la parte más llamativa de la exposición, si el espectador no es capaz de contemplar con serenidad la serie de retratos que también se muestran. Reflejan, por una parte, vestimentas y ambientes de distintas épocas, en los que juegan un papel muy llamativo los detalles que ilustran el conjunto en el que aparecen el rostro, o el espacio en el que se desenvuelve la presencia femenina. Pero habría que superar, aunque no eliminar, las tendencias a visionar ese detallismo atractivo, para realizar una contemplación absoluta, en la que pueda captarse la belleza de los rostros, la despreocupación de la mirada, la seducción de los gestos o el ambiente común, en el que se desarrolla la escena protagonizada por la presencia femenina.

Se expone también una reducida serie de bodegones, con similares características a paisajes y retratos, como es la variedad y su riqueza cromática, que en estos se intensifica, sin duda, porque se trata de áreas, en las que es preciso dar cabida a objetos y frutos de muy intensos colores. Véase, a título de ejemplo, los de Anglada Camarasa, frente al impresionante de Gutiérrez Solana, que quiere mostrar casi un drama casero, por la adustez en el colorido y por el contexto en el que se encuadra.

En resumen, hay donde elegir -son setenta y ocho los cuadros presentes-, pero la grandeza de la exposición radica no solo en que ella están representados los grandes pintores españoles del siglo XIX y principios del XX; tampoco, que sus obras reflejen academicismo, realismo, impresionismo, expresionismo... Lo más atractivo es que 'Senderos a la modernidad' derrama belleza en toda su ruta.