Vacunas, en riesgo de morir de éxito

El doctor José Antonio Navarro, en su despacho de la Consejería de Salud./V. Vicéns
El doctor José Antonio Navarro, en su despacho de la Consejería de Salud. / V. Vicéns

Un 'ranking' que clasifica la atención y el acceso a la sanidad en 195 países sitúa a España como el octavo del mundo con mejor sistema sanitario, algo en lo que tiene mucho que ver la vacunación pública y gratuita para toda la población

MARÍA JOSÉ MORENO

Desde la aparición de la humanidad sobre la faz de la Tierra hasta comienzos del siglo XIX, la mitad de la población moría al entrar en la veintena. Fue en ese momento cuando aparecieron los grandes hitos que más han hecho por la salud pública en toda la historia: la potabilización del agua y el descubrimiento y uso masivo de las vacunas.

En relación a las últimas, el Nobel de Medicina Jules Hoffmann, premiado en 2011 por descubrir cómo funciona la inmunidad innata o natural, que es congénita y no necesita del aprendizaje que se obtiene tras entrar en contacto con un invasor, ha declarado en más de una ocasión que «no vacunar es un crimen».

A pesar de eso, en 2015 tuvo una enorme repercusión el fallecimiento de un niño de 6 años en Olot (Gerona) afectado por difteria, una enfermedad que no se daba en España desde 1986 y contra la que no había sido inmunizado pese a encontrarse la vacuna dentro del calendario de vacunación infantil.

«En la Región de Murcia se puede presumir de que el 98,5% de los niños están vacunados»

Y es que en España la mortalidad infantil es muy reducida, pero se sabe que cada año las vacunas salvan la vida de entre 2 y 3 millones de niños en todo el mundo. Un dato que choca con el hecho de que, sin embargo, la quinta parte de los niños siguen sin recibir las vacunas básicas.

Tal y como se indica en la página web de Unicef, que tiene en marcha la campaña '100% niños vacunados', «la vacunación se ha convertido en uno de los mayores logros en la reducción de la mortalidad infantil. Y es que el 30 por ciento de las muertes de niños menores de 5 años pueden prevenirse con un gesto tan simple como ponerles una vacuna».

Por todo ello, cada año desde 2013, los últimos días del mes de abril se celebra la Semana Mundial de la Inmunización. En 2018, el lema es 'Protegidos colectivamente' y se puede seguir en redes sociales con la etiqueta #LasVacunasFuncionan.

No es banal el tema elegido si se tiene en cuenta que uno de los grandes beneficios de las vacunas es que no solo protegen a quienes se benefician de ellas, sino también a quienes les rodean y que, por diferentes motivos, no pueden usarlas.

Es lo que se conoce como inmunidad de grupo o colectiva. Como explica José Antonio Navarro, pediatra y jefe del Servicio de Prevención de la Consejería de Salud de la Región de Murcia, «se sabe que en las enfermedades que se trasmiten de persona a persona, se dificulta mucho mantener una cadena de infección cuando gran parte de la población es inmune. Dado que existen determinados colectivos, como las personas inmunodeprimidas (por padecer enfermedades como el cáncer o el VIH), que no son susceptibles de ser vacunadas, cuanto mayor sea el número de personas vacunadas, menor será la probabilidad de que una persona en riesgo y no vacunada entre en contacto con un individuo infectado». Y añade que aprovecharse de esa inmunidad de grupo por parte de los que voluntariamente no quieren vacunarse,sería un incumplimiento del 'contrato social'. Si todos los integrantes de la sociedad eligieran la opción de no vacunarse, pondríamos en grave riesgo a los más vulnerables».

«En la Región de Murcia se puede presumir de que el 98,5% de los niños están vacunados», dice. Aunque señala que «las personas tenemos muy poca memoria. El hecho de que enfermedades como la polio o la viruela desaparecieran de nuestro territorio hace más de 30 años, lleva a que muchos de los jóvenes de hoy en día no hayan conocido sus efectos y, en consecuencia, no valoren tanto los resultados de las vacunas. De ahí que, incluso, algunos duden a la hora de vacunar a sus hijos. Los ancianos, en cambio, que sí recuerdan las consecuencias, no ponen en duda su efectividad y la necesidad de que se utilicen. En definitiva, ¡el mayor enemigo de una vacuna es su propio éxito!».

Seguridad

Atendiendo al hecho de que las vacunas se administran a millones de personas sanas en todo el mundo (tanto niños como adultos), están sujetas a estándares de seguridad muy altos.

Hay que tener en cuenta que en medicina el riesgo cero nunca existe. Dicho eso, antes de que una vacuna se recomiende pasa por años de pruebas de seguridad y se evalúa en laboratorios antes de ser probadas en humanos. Ya durante los ensayos clínicos previos a la comercialización, las vacunas se evalúan en cuanto a su seguridad, tolerancia y eficacia en cientos o miles de personas que voluntariamente las reciben. Los ensayos clínicos Fase I comienzan con entre 20 y 100 voluntarios, pero, con el tiempo, los de Fase II incluyen a miles, de diferentes edades, sexos o nacionalidades. Estas pruebas tardan varios años y responden a preguntas importantes como: ¿es segura la vacuna?, ¿qué dosis (cantidad) funciona mejor? O ¿cómo reacciona el sistema inmunitario a ella?, entre otras.

Una vez que se aprueba la vacuna, esta continúa siendo evaluada. Tanto los fabricantes como las autoridades sanitarias revisan todos los lotes como paso previo a su puesta en el mercado, inspeccionan periódicamente las plantas de producción y revisan las declaraciones de presuntos efectos adversos para comprobar si existe una asociación causal con una determinada vacuna. De esta manera, se garantiza que las vacunas cumplan con los estándares de calidad y seguridad.

Apunta Navarro que «una vez la vacuna está en el mercado continúa la vigilancia farmacológica. En el caso que se compruebe una relación entre vacuna y efecto adverso grave puede, llegado el caso, proceder a su retirada, como así ha ocurrido en varias ocasiones en las últimas décadas».

Evaluar las opciones

Con respecto a quienes, a pesar de todas las garantías ofrecidas, dudan de beneficiarse de las ventajas de ser vacunado, José Antonio Navarro les invita a informarse sobre los efectos de no hacerlo y evaluar cuál de las dos opciones es mejor. «Mientras los efectos secundarios de la administración de vacunas pasan por leves episodios de fiebre, malestar general y dolor en el lugar de la inyección, en caso de contraer hepatitis B, una enfermedad que afecta al hígado, se puede desarrollar una infección aguda o crónica, una cirrosis e incluso llegar a fallecer por un cáncer hepático. En el caso del papilomavirus humano, la vacuna puede evitar el temido cáncer de cuello uterino, por mencionar algunos ejemplos».

Una de las acciones más impactantes conocida recientemente en torno a métodos desarrollados para evitar la vacunación de los menores es la organización de eventos en los que niños sanos, no vacunados comparten espacio con otros enfermos de varicela o sarampión con el objetivo de que también contraigan la enfermedad y se inmunicen de manera natural.

«Estas fiestas son una aberración», afirma el responsable de la Comunidad Autónoma. «Una vez más es necesario recordar que los riesgos al enfermar son mucho mayores que los de ser vacunados y enfrentarse de manera voluntaria a una enfermedad ante la que existen métodos preventivos, supone exponerse a peligros que pueden resultar fatales. Desde la Consejería de Salud de la Región de Murcia se informa activamente a las familias de la importancia de evitar esos eventos y de no jugar con la salud de sus hijos», añade.

Con respecto al calendario de vacunación, en España son las autoridades regionales, en sintonía con el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, quienes deciden qué vacunas se administran de manera gratuita, por lo que existen pequeñas diferencias entre comunidades autónomas.

Sanidad española

De hecho, se puede experimentar cierta confusión al comprobar que no coincide exactamente el Calendario Oficial de Vacunación con el que anualmente publican algunas sociedades científicas como la Asociación Española de Pediatría. «A este respecto, hay que dejar claro que el calendario de las comunidades autónomas se guía por criterios poblacionales, mientras que los de las sociedades tienen en cuenta básicamente la perspectiva individual. Estos criterios poblacionales que se tienen en cuenta para introducir una vacuna con carácter gratuito son, entre otros, la epidemiología o carga de enfermedad, la seguridad, la eficacia/efectividad, la aceptación por parte de usuarios y profesionales, el impacto en el resto de vacunas ya incluidas y la relación coste de la vacunación frente a los beneficios esperados», según Navarro.

Ese último punto puede parecer controvertido por lo que, puntualiza que «no se trata de ahorrar dinero en perjuicio de la salud de los ciudadanos sino, precisamente, de velar por sus intereses. No hay que olvidar que las vacunas se financian con dinero público. Si se tiene en cuenta que existen enfermedades para las que su incidencia es muy reducida o casi inexistente, gastar fondos en vacunar a todo el mundo no sería coherente».

Vale como ejemplo el caso de la vacuna frente el rotavirus para el que la vacuna que existe contra él es muy efectiva pero en España no se dan casos de niños que mueran por esa dolencia ya que, de contraer la diarrea por ese virus, existe un tratamiento efectivo con el que se pueden tratar. Es por esto que existe la posibilidad de pagar por la vacuna pero no se administra de manera gratuita. Claro que, como apunta Navarro, «siempre se hacen excepciones en aquellos que pertenecen a grupos de riesgo. En esos casos, se les administran de manera gratuita las vacunas que sean oportunas, con independencia de que se encuentren en el calendario oficial de vacunación».

En definitiva, el sistema sanitario español está en el 'top ten' mundial. Así lo asegura un nuevo informe publicado en la revista 'The Lancet', que lo sitúa en el octavo puesto de un 'ranking' que clasifica la atención y el acceso a la sanidad en 195 países del mundo y en eso tienen mucho que ver las vacunas dado que la evaluación muestra que España obtiene la puntuación máxima en el abordaje del sarampión, el tétanos y la difteria (todas ellas enfermedades prevenibles mediante vacunación).

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