La Unión Europea se interesa por la Salinas de San Pedro

Gustavo Alfonso Ballesteros, de la UMU, en las Salinas de San Pedro./
Gustavo Alfonso Ballesteros, de la UMU, en las Salinas de San Pedro.

Gustavo Alfonso Ballesteros, de la Universidad de Murcia, participa en un nuevo proyecto Life centrado en la conservación de este hábitat y sus aves acuáticas

M. J. MORENOMURCI A

La ciencia ha avanzado mucho en el conocimiento del funcionamiento ecológico de los humedales, pero las relaciones entre los componentes de la biodiversidad y el sustrato que lo sustenta, la influencia del clima y sus variaciones, así como la intervención generalizada del hombre en la mayor parte del territorio, incrementa la complejidad, de tal manera que muchas veces supera nuestra limitada capacidad de entender los porqués de los cambios que se producen, como por ejemplo en la distribución, expansión y/o extinción de determinadas especies.

Según las previsiones del panel de expertos de la Oficina Española de Cambio Climático, las actividades humanas nos llevan a un aumento de la temperatura, con unos efectos previsibles de mayor duración y frecuencia de las olas de calor, periodos de sequía más recurrentes, reducción de los recursos hídricos y por tanto de zonas húmedas, probablemente muchos humedales permanentes se transformarán en temporales y los temporales desaparecerán, lluvias torrenciales, así como una elevación del nivel del mar entre 40 y 63 centímetros poniendo en riesgo de inundación a los humedales y poblaciones costeras.

En general se trata de espacios singulares debido a la presencia de agua en superficie o muy cerca de ella, que permite el desarrollo de una flora y fauna característica y exclusiva de estos ambientes, en ocasiones oasis rodeados por un entorno árido.

Se persigue recuperar las dunas en el primer medio kilómetro de la playa de La Llana y eliminar especies vegetales invasoras, entre otros objetivos

La acción humana les afecta especialmente. Ejemplo claro de ello es el caso del Mar Menor, hoy en una situación de colapso como consecuencia de las actividades humanas. Gustavo Alfonso Ballesteros, investigador del grupo Investigación y Modelización de Procesos Hidrológicos y Ambientales en Medios Semiáridos de la Universidad de Murcia, advierte de que «si nos fijamos en el resto de los humedales de nuestra Región, son de tamaño pequeño o mediano, muchos de ellos islas de naturaleza en un entorno profundamente transformado por la agricultura intensiva, industria y/o matriz urbana, con aportes hídricos generalmente condicionados en su cantidad y calidad por otras prioridades humanas, y que se ven sometidos a una creciente presión de una creciente población concentrada en ciudades, necesitada de reconectar con un medio natural del que cada vez se encuentra más alejada».

En la Región de Murcia existen varios de estos espacios (Mar Menor, el Cañón de Almadenes, Parque Regional de Calblanque...) y todos están protegidos por alguna figura de protección ambiental. A pesar de eso se trata de zonas sometidas a una fuerte presión, lo que hace dudar de su correcta conservación. Claro que «cada humedal protegido es un mundo, con unas necesidades diferentes, unos más complicados de gestionar que otros. Siempre se producirán de desajustes, aparecerán nuevos problemas, por lo que es necesario periódicamente analizar las necesidades y plantear nuevos objetivos de conservación», dice Ballesteros.

Y añade: «La Administración hace importantes esfuerzos, atendiendo a las memorias de gestión que se pueden descargar por internet. Por ejemplo, dentro de Calblanque, se invierte unos 600.000 euros anuales en la limpieza del espacio, mantenimiento de infraestructuras y equipamientos, información a los visitantes, ordenación de accesos durante el verano, prevención de incendios, conservación de hábitats, etc».

Pero, según el experto, «a la sociedad le cuesta percibir estos esfuerzos. No es capaz de valorar cuándo las cosas con más o menos dificultades van saliendo adelante, sí percibe y pone el grito en el cielo, con toda la razón, cuando el agua del Mar Menor está de color verde por permitir vertidos durante décadas, o si los caminos y sendas de los espacios naturales rebosaran de basura, o si no hubiera medios para extinguir incendios, o si el caos volviera a la playa, caminos y aparcamientos de Calblanque por ausencia de ordenación de accesos... La sensación de insuficiente conservación también viene en gran medida, por la ausencia en muchos espacios protegidos de un Plan de Gestión, creando inseguridad tanto a los propietarios como a los gestores sobre determinadas cosas que se pueden hacer o sus limitaciones».

En su opinión, «es imprescindible aprobar los Planes de Gestión de la toda la Red Natural 2000. Es un pilar básico que se sepa qué se puede hacer y cuáles tienen limitaciones. También es necesario que la gestión de los humedales cuente con un equipo multidisciplinar y especializado.

Investigación científica

La inquietud por la conservación del territorio y la fauna le viene a Gustavo Alfonso Ballesteros desde que tiene uso de razón. Nació en la huerta de Murcia. Casi antes de andar ya quería subir a los árboles y casi antes de aprender a escribir, capturaba renacuajos para ver cómo se convertían en ranas y dibujaba planos, donde localizaba su casa y los huertos del entorno, señalaba las filas de cítricos del resto de los frutales, con (X) localizaba los nidos grandes (más adelante supo que eran mirlos) y con puntos los nidos pequeños (verdecillos y verderones). Años después comparaba los planos para «adivinar» en que árbol encontraría los nidos grandes y en cuáles los nidos pequeños.

Con los años se ha especializado en la conservación y gestión de zonas húmedas y en la distribución geografía y evolución a largo plazo de las aves acuáticas. Ha dedicado 25 años de su vida profesional al seguimiento, gestión y conservación de zonas húmedas y aves acuáticas, a través de diferentes empresas para la Administración Regional. Actualmente trabaja para la Universidad de Murcia como profesor asociado a tiempo parcial, impartiendo docencia en el Departamento de Geografía, Facultad de Turismo y en el Máster de Fauna Silvestre de la Facultad de Veterinaria.

Hace unos días a su equipo le ha concedido el proyecto Europeo Life 'Conservación de los hábitats y aves acuáticas en las Salinas de San Pedro del Pinatar', que empezará en septiembre y tiene una duración de 4 años.

Lo coordina Salinera Española. Participan como socios la Dirección General de Medio Natural de la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar, la Universidad de Murcia, Anse y Mae d'Agua (socio portugués); asimismo esperan integrar y tener la complicidad de la Demarcación de Costas del Estado.

Asegura que «el objetivo principal es alcanzar un estado óptimo de conservación de los principales hábitats y aves acuáticas, así como mejorar la producción de sal».

Para ello van a lleva a cabo multitud de acciones, pero las principales se pueden resumir en cuatro apartados:

1. Recuperar las dunas en el primer medio kilómetro de la playa de la Llana, un tramo muy deteriorado por la erosión litoral, debido a la modificación de las corrientes marinas a raíz de construcción del puerto de San Pedro del Pinatar. Para ello se colocarán captadores que retengan los aportes de arena que llegan por el viento. También se revegetará las zonas más expuestas a la erosión.

2. Mejorar el circuito hídrico de la charca de Coterillo para reducir la concentración salina del agua que favorecerá el aumento de biodiversidad.

3. Erradicar en todo el Parque las especies vegetales exóticas-invasoras, especialmente uña de gato, pitera y gandul, que afectan de forma muy negativa a la flora autóctona.

4. Construir nuevas motas salineras, adecuación de otras y de pasos de agua de los charcos salineros situados a ambos lados de la carretera de acceso al Puerto de San Pedro del Pinatar, ya que hay zonas donde el agua se estanca o tiene muy mala circulación. Al mejorar la circulación hídrica, mejorará la biodiversidad y también la producción de sal.

El Departamento de Geografía coordinará la parte de investigación que evaluará los resultados y el alcance de los beneficios ambientales y socioeconómicos del proyecto. Avisa Ballesteros que «la restauración de estos ambientes no sólo es posible sino necesaria para conservar la naturaleza, y para que sigan produciendo los bienes y servicios que ayudan a mejorar nuestra calidad de vida».

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