«El sistema está articulado para amparar y proteger a explotadores»

José Antonio Martínez y Manuel Ruiz, de la UPCT, en el Parlamento Europeo. / UPCT

José Antonio Martínez. Investigador del grupo de excelencia de la Fundación Séneca 'Modelización Económica y Estadística no Paramétrica' (EMODs), de la Universidad Politécnica de Cartagena

M. J. MORENO

A mediados de abril, junto con Manuel Ruiz, también profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la Empresa de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), José Antonio Martínez acudió a un acto en el Parlamento Europeo, previo a la votación de un informe sobre vulneración de los derechos humanos en el sector textil. Allí, los docentes, pertenecientes al grupo de investigación de excelencia de la Fundación Séneca 'EMODs', dieron a conocer la campaña 'Star for Workers' una iniciativa que pretende implicar a las celebridades que tienen contratos de patrocinio con marcas de ropa y calzado en la mejora de las condiciones laborales de cientos de miles de trabajadores que producen en una constante situación de vulneración de los Derechos Humanos.

-¿Es el sector textil especialmente vulnerable en cuanto a derechos de los trabajadores?

-Sí que lo es, porque es una práctica habitual en casi todas las marcas, independientemente de su posicionamiento. Es una industria que emplea a unos 75 millones de personas en todo el mundo, y que basa su modo de producción en la reducción de los costes laborales. Para ello las empresas van buscando países en desarrollo con legislaciones laxas, y van saltando de un país a otro si las condiciones laborales mejoran. La complejidad de la cadena de valor es alta, lo que dificulta el control.

«Para que una prenda producida a 8.000 km. llegue a España y se venda por 4 euros... ¿qué condiciones sufre la mano de obra?»

-En los países desarrollados, la moda se ha convertido en un objeto de consumo. No vestimos por la necesidad de ir cubiertos o de protegernos de las inclemencias del tiempo, sino que es un producto más.

-Entre las grandes controversias del mercado está la de que se produzca en países en vías de desarrollo donde se acusa a las firmas de aprovechar la mano de obra barata o de explotar a las trabajadores, ¿qué se puede hacer ante esta situación? Se puede actuar desde diferentes ámbitos. Primero hay que establecer leyes que obliguen a las multinacionales a actuar con diligencia debida, a controlar su cadena de valor, a sancionarlas si no pagan un salario digno a sus trabajadores, etc. Segundo, hay que establecer un sistema de supervisión y auditorías realmente independiente, con mayor asignación de recursos por parte de las empresas y de los programas gubernamentales y globales. Tercero, hay que incentivar el comercio justo, ecológico, ético, la producción cercana a los mercados de consumo, y las empresas pequeñas que están trabajando en ese sentido. Y cuarto, hay que concienciar mucho más a la sociedad sobre la importancia de modificar este modo de producción y consumo, incidiendo en la compra responsable y en fomentar la economía circular.

-En un mundo en el que se busca lo 'bueno, bonito, barato' todo se complica.

-De esas tres palabras que mencionas el problema principal está en «barato». Para que una prenda que se produce a 8.000 kilómetros de distancia llegue a una tienda en España y se venda por 4 euros, el consumidor tiene que pensar qué condiciones laborales han sufrido los trabajadores que la han producido para que le sea rentable a la marca venderla, en muchas ocasiones con márgenes superiores al 60%, considerando los costes de producción, transporte e intermediarios.

-La moda es, además, un producto fugaz: cada año se crean prendas nuevas, los consumidores buscan cambiar. Esto tampoco ayuda, ¿no?

-Se fomenta un estilo de consumo llamado 'fast fashion', con altas rotaciones, con colecciones nuevas prácticamente cada semana en algunas marcas... La moda no tiene que ser un producto fugaz, eso es algo artificialmente creado para incrementar el volumen de ventas y engordar los beneficios. Los consumidores pueden buscar el cambio, la variedad, pero de una manera mucho más moderada y responsable.

-¿Quiénes son, por tanto, más responsables de que exista esa explotación del trabajador: las empresas o los consumidores?

-Sin duda, primero las empresas porque a los consumidores no les llega información completa y porque el sistema está articulado para amparar y proteger a los explotadores. Obviamente los consumidores también tienen su responsabilidad, se necesita mayor educación y un cambio en la cultura de consumo. Parte de la sociedad ve como héroes a empresarios que son multimillonarios porque se han pasado décadas sometiendo a miles de personas a condiciones laborales de semiesclavitud, que no cumplen con algo tan poco discutible como es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Las historias son siempre las mismas: salarios de miseria, jornadas interminables, acoso laboral, violencia física y verbal, maltrato de la mujer, fábricas insalubres... y en determinados casos trabajo forzoso e infantil. Y mientras tanto esas mismas empresas que se aprovechan de ello tienen cientos de millones de euros de beneficios netos cada año.

-¿Se podría poner un control a la situación?

-Es un problema sistémico, pero se puede intentar mitigar a través de una mayor regulación, de iniciativas vinculantes, como la recientemente aprobada por el Parlamento Europeo.

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