Sarampión, una enfermedad emergente en pleno siglo XXI

Niño afectado por sarampión./L. V.
Niño afectado por sarampión. / L. V.

M. J. MORENOMURCIA

Prácticamente el 100% de las personas no vacunadas de sarampión que se cruzan con alguien afectado por la enfermedad terminan por contagiarse. En ese caso solo existen dos opciones: vacunarse o estar en riesgo.

El sarampión es una patología vírica que llena la piel de manchitas rojas y que a nivel mundial sigue siendo «una de las principales causas de muerte en niños pequeños», según la Organización Mundial de la Salud. Las complicaciones más graves, como consecuencia de padecerlo, son la ceguera, la encefalitis (infección acompañada de edema cerebral), la diarrea grave (que puede provocar deshidratación), las infecciones del oído y las infecciones respiratorias graves, como la neumonía.

Aunque en 2016 la cifra de fallecimientos en todo el mundo por sarampión bajó de los 100.000 en 2017 algunos países europeos sufrieron un repunte. Tras un mínimo histórico de 5.273 casos en 2016, se llegaron a cuadruplicar un año después con más de 20.000 personas afectadas y 35 muertes. En 15 países europeos, incluido Reino Unido, tuvieron grandes brotes; Rumanía, Italia, Grecia y Ucrania fueron los territorios con mayor incidencia. Todo ello como consecuencia de los peligrosos movimientos antivacunas, algo que ha llevado a que en Italia, Francia y Alemania, por ejemplo, el Gobierno haya implantado la vacunación obligatoria de los niños, una medida inaudita hasta la fecha, en territorio europeo.

En el año 2018, y hasta marzo, ya se han contabilizado 1.073 casos de sarampión en países de la Unión Europea, encabezados por Francia con 913 casos. A día de hoy no existe ningún tratamiento antiviral específico contra el virus del sarampión, por lo que, una vez contraído, lo que se tratan son los síntomas derivados de las complicaciones que lo acompañan. Dicho eso, la lucha más efectiva contra el mismo pasa por la vacunación.

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