Cuando las rapaces anuncian peligros tóxicos

El catedrático de Toxicología de la UMU, Antonio Juan García./Vicente Vicéns / AGM
El catedrático de Toxicología de la UMU, Antonio Juan García. / Vicente Vicéns / AGM

El grupo de Toxicología de la Universidad de Murcia, puntero a nivel mundial en el estudio de aves, forma parte de la red que va a crear una legislación más eficaz para minimizar la exposición ambiental a contaminantes en Europa

MARÍA JOSÉ MORENO

Un envenenamiento por metilmercurio en la bahía de Minamata (Japón) acabó con la vida de casi 50 personas en 1956, año en el que se detectó un brote que, entre 1953 y 1965, dejó 111 víctimas y más de 400 casos de personas con problemas neurológicos, como el de numerosas madres que no presentaban ningún síntoma pero que dieron a luz niños gravemente afectados.

En 1968, el Gobierno japonés anunció oficialmente que la causa de la enfermedad era la ingestión de pescado y de marisco contaminado de mercurio provocado por los vertidos de la empresa petroquímica Chisso. Se calcula que entre 1932 y 1968, año en que cambió el proceso de síntesis por otro menos contaminante, se vertieron a la bahía 81 toneladas de esa sustancia.

El accidente sirvió para dar nombre a la enfermedad de Minamata, un síndrome neurológico grave y permanente causado por un envenenamiento por mercurio cuyos síntomas incluyen ataxia, alteración sensorial en manos y pies, deterioro de los sentidos de la vista y el oído, debilidad y, en casos extremos, parálisis y muerte.

Las rapaces pueden ejercer de centinelas eficaces frente a la proliferación de venenos por su situación en la cadena alimenticia

Lo curioso de este evento es que mucho antes de que se produjeran defunciones humanas ya se habían dado numerosos casos de muertes de gatos y pájaros, algo que si se hubiera sabido ver en el momento, habría indicado que algo extraño ocurría y podría haber puesto en alerta a las autoridades correspondientes, pero que no sucedió por el desconocimiento que existía en torno a la posibilidad de tratar a los animales como centinela y que todavía tardaría un tiempo en desaparecer.

El catedrático de Toxicología de la Universidad de Murcia, Antonio Juan García, inició su tesis doctoral (centrada en el estudio de las aves rapaces como animales centinela) en 1992, un año después de que la Acadenia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicase el documento 'Animales centinelas de riesgos ambientales', en el que se recogía toda la información que existía hasta esa fecha sobre el estudio de animales como método de alerta para la prevención de desastres medioambientales.

Advierte de que «utilizar estas aves como especie centinela responde a una serie de motivos: la posición elevada en su cadena trófica; la cercanía a los hábitos dietéticos del ser humano; la abundancia de ciertas especies de rapaces y el gran conocimiento que se tiene de su ecología; el respeto por el ave, ya que se pueden llevar a cabo estudios de monitorización con centinelas sin necesidad de sacrificar ni un solo individuo; y, por último, que pueden ofrecer una gran cantidad de información útil que permita la adopción de medidas de salud pública, salud ambiental y gestión del medio natural y de especies en delicado estado de conservación».

«Cuando se ven cambios en el comportamientos de las aves, así como su muerte, un descenso poblacional o cualquier cosa que se puede medir, es signo de que algo está ocurriendo en el medio y que tarde o temprano va a afectar al ser humano», alerta.

Protocolo común

Aquella visión a la hora de iniciarse en la carrera investigadora le ha permitido ser puntero, junto al grupo que dirige en la UMU, en el conocimiento del uso de animales como centinelas de riesgo para la salud humana, el medio ambiente y otros animales; algo que en 2006 le llevó a participar en la primera reunión europea de especialistas en la materia y a formar parte de la Red Eurapmon, junto con científicos de 22 países.

«Esa colaboración dio lugar, en 2015, a la creación de un protocolo común para la toma de muestras y su análisis con el objetivo de que todos los investigadores del mundo empleasen un método idéntico que les permitiese extrapolar la información y compararla ya que, hasta el momento, quienes trabajaban con animales centinela tomaba muestras y datos sin un formato específicos», explica Antonio Juan García.

Aunque quizá la mayor satisfacción hasta la fecha en torno a esta especialidad ha sido la de haber sido elegido como Grant Holder (responsable de la gestión administrativa y económica) de una de las pocas acciones COST que la Unión Europea concede cada año, junto con otros 25 países. A lo que une el haber sido también elegido para liderar uno de los cuatro grupos de trabajo que conforman la Acción.

Bajo el nombre 'European Raptor Biomonitoring Facility' (ERBFacility), pretende ayudar a reducir los costes generados de los efectos de los contaminantes ambientales en la salud humana y animal (millones de euros cada año), a través de una evaluación más eficaz de la aplicación de las leyes sobre productos químicos, una evaluación más fiable del riesgo de los compuestos sobre la salud humana y de las especies de vida silvestre y busca disponer de una alerta temprana de los problemas derivados de la presencia de contaminantes emergentes en el medio.

En el proyecto serán las aves rapaces quienes cumplan el papel de centinelas para ayudar a la evaluación de los riesgos asociados a compuestos persistentes, bioacumulativos y tóxicos. «En ERBFacility, el seguimiento analítico y ecológico de diferentes especies de aves rapaces permitirá evaluar la exposición y los efectos de los principales contaminantes, incluidos los emergentes y los disruptores endocrinos, como compuestos perfluorados, organoclorados, plomo, mercurio, medicamentos, biocidas y productos fitosanitarios. Los resultados obtenidos de las rapaces darán lugar a estimaciones de riesgos para las mismas poblaciones estudiadas y, por extrapolación, para los humanos y otras especies en peligro», como indica el catedrático de la UMU y representante científico de la misma en la COST.

«En definitiva -puntualiza- se trata de conocer si podríamos tener una legislación más eficaz que permita minimizar la exposición ambiental a contaminantes en Europa, cuáles son los riesgos ambientales asociados a la presencia de productos químicos y qué problemas derivados de los contaminantes emergentes existen para solucionarlos».

Cuatro grupos

La acción llevará a cabo una labor de coordinación pan-europea en materia de investigación y de creación de capacidades en tres ámbitos: el análisis químico-toxicológico de contaminantes, el aprovechamiento de la información de colecciones que proporcionen muestras (museos de historia natural, bancos de muestras ambientales, etc.) y en el trabajo de campo.

Aunque los investigadores de la Universidad de Murcia participarán en los cuatro grupos de trabajo en los que se estructura la COST, la mayor dedicación la prestarán en el grupo de trabajo 2, que se centra en los estudios analíticos de biomonitorización de medicamentos, biocidas y productos fitosanitarios en los tejidos y fluidos biológicos de las rapaces. Indica García que «España juega un papel destacado dentro del proyecto, dado que, por ejemplo, es aquí donde se localizan el 97% de las aves rapaces necrófagas de Europa».

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