Javier Calatrava Leyva: «El poco peso político de la Región a nivel nacional juega en su contra con el agua»

El profesor de la UPCT Javier Calatrava Leyva posa en un jardín de Cartagena./J. M. Rodríguez / AGM
El profesor de la UPCT Javier Calatrava Leyva posa en un jardín de Cartagena. / J. M. Rodríguez / AGM

Profesor titular del área de Economía, Sociología y Política Agraria de la Universidad Politécnica de Cartagena

M. J. MORENOMURCIA

Desde 2004, la adaptación al cambio climático ha sido un objetivo prioritario para España. El país tiene una elevada vulnerabilidad al cambio climático y ha sido uno de los países europeos pioneros en desarrollar una política de adaptación. En el año 2006 se aprobó el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), tras un amplio proceso que implicó a los principales órganos de coordinación en materia de cambio climático en España: la Comisión de Coordinación de Políticas de Cambio Climático (CCPCC) y el Consejo Nacional del Clima (CNC), culminando con la toma de conocimiento del PNACC por el Consejo de Ministros el 6 de octubre de ese mismo año.

El PNACC se ejecuta mediante programas de trabajo, que definen de forma concreta las actividades a llevar a cabo. El Primer Programa de Trabajo del PNACC, adoptado en el mismo momento de la aprobación del propio plan, identificó cuatro líneas prioritarias para iniciar su desarrollo: generación de escenarios regionalizados de cambio climático en España, evaluación del impacto del cambio climático sobre los recursos hídricos, evaluación del impacto del cambio climático sobre las zonas costeras y evaluación del impacto del cambio climático sobre la biodiversidad.

A pesar de que todavía hay quienes apuntan a que el cambio climático no existe, lo cierto es que en actuaciones como la del Gobierno de España se constata que ya se están llevando a cabo acciones para prevenir sus posibles efectos y estar preparados ante sus consecuencias.

«Los usuarios del agua tienen derechos de uso, no derechos de propiedad, algo que muchas veces se olvida». «Desgraciadamente, creo que la superficie de riego tendrá que disminuir por falta de recursos» Javier Calatrava Leyva

-En su caso, ¿sobre qué aspectos ha trabajado?

-Una parte importante de mi investigación se ha centrado en la valoración económica de los usos del agua y en la evaluación del impacto económico de diferentes políticas de gestión de los recursos hídricos, muy especialmente en la agricultura de regadío. El cambio climático se tiene en cuenta en relación con los diferentes escenarios de cambio en la disponibilidad de recursos hídricos existentes.

-Si bien en cierto que se trabaja en prevenirlo, ya se están desarrollando acciones de cara a una adaptación al mismo. ¿De algún modo, esto pone de manifiesto que se da por hecho que se va a producir inevitablemente?

-Los escenarios de cambio climático que existen se definen en términos probabilísticos. Las evidencias actuales indican que se están produciendo cambios globales, pero no se sabe el alcance o intensidad que tendrán finalmente. En el ámbito mediterráneo, los escenarios de cambio apuntan a una reducción de las precipitaciones, pero también a un incremento de la ocurrencia de eventos extremos como inundaciones y sequías.

-La Región de Murcia es considerada un punto caliente de biodiversidad del Planeta y además un referente en cuanto a agricultura. Por otro lado, las dificultades asociadas a la escasez de recursos hídricos son una realidad y el turismo, relacionado con las costas y el buen clima del que se presume hasta el momento, uno de sus motores económicos. Parece que el cambio climático amenaza todo su potencial.

-Efectivamente, aunque creo que la amenaza es mucho mayor para la agricultura y el medio ambiente. Los usos urbanos del agua tienen preferencia en el acceso a los recursos y una mayor capacidad de pago por el agua, por lo que tendrían que darse situaciones extremas para que le afectase la escasez de agua (aunque estas pueden no ser tan improbables como parece).

-Desde el punto de vista de la economía, ¿realmente es posible estar preparado para algo así?

-En lo relativo a la agricultura, que es mi campo de trabajo, es posible adaptar los sistemas productivos a los cambios que se puedan producir, pero las soluciones no pueden limitarse a cambiar de cultivos o a mejorar las técnicas de cultivo y de riego. Las soluciones tecnológicas tienen recorrido, pero este no es infinito. Son necesarios cambios institucionales de mayor calado. Por ejemplo, Francia lleva años reorganizando la gestión del agua a nivel nacional, incluyendo cambios legales, nuevos organismos de gestión, un nuevo reparto del agua a nivel nacional, mayor importancia de la protección de los ecosistemas acuáticos, etc. Todo ello con la vista puesta en el año 2030, precisamente porque quieren estar preparados para los cambios globales que se prevén. También habría que redoblar la apuesta pública por los sistemas de protección frente a riesgos como los seguros agrarios.

-¿Qué medidas se podrían proponer?

-En lo relativo al agua, hay muchas cosas que se pueden hacer a nivel nacional, pero que seguramente serían muy impopulares. Por ejemplo, habría que revisar el régimen-económico financiero de los usos del agua, que tiene más de 30 años, que responde a una realidad económica y social diferente de la actual y que es injustificable desde el punto de vista económico. Eso generaría incentivos para mejorar la gestión del agua, se dispondría de más fondos para actuaciones y se reducirían las demandas de los usos menos rentables. También habría que poner límite al crecimiento de la superficie de regadío en gran parte del país. Las administraciones han utilizado o fomentado la expansión del regadío como herramienta para el desarrollo de las zonas rurales, algo que es difícil de criticar vista la falta de alternativas para el desarrollo económico en muchas zonas rurales, pero eso ha generado notables presiones sobre los recursos hídricos y ha incrementado la vulnerabilidad de la economía frente a situaciones como la actual sequía. Los mercados de agua pienso que también podrían jugar un papel positivo, aunque sería necesario realizar cambios legales para mejorar su funcionamiento, manteniendo la necesaria regulación pública de los mismos. Además de cualquier actuación que se pueda plantear, creo que es imprescindible mejorar la gestión de los riesgos que el cambio climático va a traer. Pese a los avances que se han realizado en la gestión de sequías, la planificación y gestión de los recursos hídricos se sigue realizan en términos de escenarios promedio, cuando lo relevante es cómo estar preparado para afrontar las situaciones extremas.

-Usted ha trabajado, principalmente, en asuntos relacionados con el agua. Son muchos los que no se explican la conocida como 'guerra del agua'. ¿Cómo es posible que un recurso natural tenga dueño?

-Sí tiene un dueño, el Estado español, ya que el agua es de propiedad pública (con la excepción de parte de las aguas subterráneas). Por ese motivo, son las administraciones públicas las encargadas de gestionar su uso mediante un sistema de concesiones administrativas. Los usuarios del agua tienen derechos de uso del agua, no derechos de propiedad, algo que muchas veces se olvida. Son las administraciones públicas las que deben ejercer su papel de gestor de los recursos hídricos buscando el interés general de toda la sociedad.

-¿De verdad no existe un modo de resolver la falta de agua en la Región de Murcia mientras otras comunidades autónomas disponen de ella en abundancia? ¿Dónde cree que radica la principal dificultad?

-Obviamente, el reducido peso político que la Región de Murcia tiene a nivel nacional juega en su contra. Aparte de eso, la solución que se demanda desde el Sureste, que es traer recursos de otras cuencas, resulta bastante conflictiva por la oposición de las zonas de origen de los recursos. Además, en Europa, donde se priorizan los aspectos medioambientales en la gestión del agua, los trasvases no están demasiado bien vistos. Se esperaba que el uso de contratos de cesión de derechos de uso del agua facilitase esta cuestión, pero en la práctica la oposición a éstos es similar. La desalación es bastante cara pero menos conflictiva, lo que también tiene sus ventajas. Un aspecto muy positivo de la desalación es que su disponibilidad no está sujeta a incertidumbre, lo que incrementa su valor económico. Desgraciadamente, creo que la superficie de riego tendrá que disminuir por falta de recursos. La única opción es convertir esto en una oportunidad. Si hay menos regadío, tendrá que ser todavía mejor. Habrá que buscar productos de más valor, y también seguir desarrollando conocimientos y tecnología agraria para vendérselos a otros. Personalmente, soy optimista acerca de la capacidad del capital humano del sector agroalimentario de la Región para adaptarse a los cambios.

-La lucha contra el cambio climático, la adaptación al mismo y el aprovechamiento de recursos requiere, sin duda, de una participación de todos: organismos públicos, empresas, sociedad...

-Requiere sobre todo de la cooperación entre las partes. Si cada parte rema en la dirección que le interesa poco se va a avanzar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos