Un paseo por la ciencia entre epitafios y tumbas (Y 2)

La columna de la Academia

Continuamos nuestro recorrido entre tumbas de científicos (esta vez más próximos en el tiempo), para ver cómo una fría lápida consigue evocar sus logros reproduciendo una ecuación que los hizo famosos. Si en la columna anterior, la 'gracia' residía en el texto que había escrito en las lápidas, seguidamente presentaremos epitafios donde el mensaje aparece condensado en una simple fórmula.

En la tumba de Ludwig Boltzmann (1844-1906) está grabada la ecuación S=k·logW, que propuso para relacionar la entropía S de un sistema con el número de posibles estados W de sus partículas constituyentes; k es la constante de Boltzmann. El logaritmo neperiano se representaba por 'log' cuando se realizó la tumba.

Al pie de la tumba de quien puede considerarse el padre de la física cuántica, Max Planck (1858-1947), aparece una simple letra seguida de unos números. Se trata de la constante que lleva su nombre: h=6.62·10-34 W·s2, y que se ha convertido en todo un icono cuando el trazo vertical de la h aparece cruzado por una barra ligeramente inclinada.

La tumba de Erwin Schrödinger (1887-1961) contiene la ecuación emblemática de la mecánica cuántica, conocida por el nombre de quien la concibió.

La tumba de Max Born (1882-1970) también es parca, pues tan solo muestra la ecuación pq-qp=h/2&pii, representando la ley de conmutación entre los operadores de posición y momento, la cual constituye la seña de identidad del álgebra cuántica.

En el suelo de la abadía de Westminster hay una placa conmemorativa en la cual se honra a Paul Dirac (1902-1984), aunque no es su tumba; tiene escrita la palabra 'físico' y la versión relativista de la ecuación de ondas de la mecánica cuántica.

Otto Hahn (1879-1968) interpretó correctamente que la desintegración del uranio se producía al absorber un neutrón; por ello, al pie de su tumba aparece grabada la reacción nuclear 92U+0n.

Como respuesta al problema de los neutrinos solares, Bruno Pontecorvo (1913-1993) propuso la oscilación de neutrinos, donde los neutrinos electrónicos se transforman en neutrinos muónicos. Sobre su tumba se realza la diferencia entre ambos.

Finalizamos con las frases con las que se despidieron de este mundo dos grandes científicos. No están exentas de humor. Antes de morir, Richard P. Feynman (1918-1988) le dijo a su mujer: «Odiaría morir dos veces. Es tan aburrido». Dadas las características del personaje, es muy probable que la tuviera preparada. El epitafio del matemático Paul Erdös (1913-1996) dice: «Por fin ya no me vuelvo más y más estúpido».

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