La elección de la carrera universitaria

Si se decide cursar estudios superiores, la elección ideal es aquella que nos atraiga, con un mercado laboral no saturado y un trabajo acorde con nuestra forma de ver la vida

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

En los últimos tiempos algo ha cambiado en el perfil del alumnado que ingresa en la universidad española. Sus inquietudes y su actitud en clase no se parecen en nada a las de hace unos años. Sin embargo, no es justo criticar a las nuevas generaciones. Simplemente, no hay que caer en la trampa de comparar a los alumnos de hoy con los de hace años. Pertenecen a sociedades muy diferentes donde el uso de modernas tecnologías, las nuevas formas de relacionarse y otros muchas circunstancias han cambiado significativamente su comportamiento.

¿Y por qué escribo hoy sobre este tema? Porque desde principios de septiembre las facultades están abarrotadas de nuevos alumnos esperando que queden plazas libres en alguna carrera universitaria para acceder a ella. La baraja de opciones que se les plantea a todos los que desean ingresar en la universidad, en caso de haber obtenido una buena nota en las pruebas de acceso, es enorme pero, en ocasiones, la elección de la carrera que marcará su futuro profesional y personal se convierte en un verdadero quebradero de cabeza.

Mi abuela tuvo 15 hijos. Son muchos mis primos que, al acabar sus estudios de bachillerato, me piden consejo. La primera pregunta que les hago siempre es la misma: «¿Por qué quieres hacer una carrera universitaria?». Su respuesta habitual es preocupante: «Es lo que toca ahora, ¿no?». Desgraciadamente, la mayoría de los alumnos que acaban los estudios de bachillerato acceden a las pruebas de acceso a la universidad por pura inercia académica y sin plantearse la posibilidad de otras opciones. Habría que reflexionar sobre ello.

Un alumno que va a entrar en la universidad está en la obligación de conocer dónde se mete y también las razones que lo llevan a ello. En algunas áreas de ciencias cada vez son menos los que se matriculan en la máxima institución docente por pura vocación, por averiguar el porqué de las cosas y mucho menos por amor a la investigación científica. Obtener un título que les dé acceso a una profesión y a un sueldo es, en muchos casos que no en todos, el único objetivo. Es posible que la situación económica actual justifique sobradamente esta actitud, pero la universidad es algo más que eso.

En algunos de los alumnos (en otros no) falta espíritu universitario, sentido crítico e interés por su disciplina más allá de lo que se explica en clase. No puede ser que a un alumno no le interese saber quiénes han ganado el Premio Nobel de su disciplina aunque no «entre» en el examen. La carrera hay que vivirla de otra forma. También es posible que parte de la culpa sea de algunos de los profesionales que formamos parte de la comunidad universitaria que no sepamos inculcarles la motivación necesaria. El alumno debe venir motivado a clase..., pero esa motivación hay que mantenerla y aumentarla.

¿Debe un alumno siempre escoger la carrera que más le guste? Yo creo que no. En los tiempos en los que vivimos, la elección de una titulación no puede ser independiente de la situación social que la rodea. Las posibles salidas profesionales, la tasa de éxito laboral de los egresados, la existencia de esa carrera en tu ciudad..., todo eso hay que tenerlo en cuenta.

Otra pregunta que debemos plantearnos es si todo el mundo es válido para desempeñar cualquier profesión. Estoy seguro de que si afirmo que todos los niños podrían llegar a ser Leo Messi, mucha gente me llevaría la contraria. Que si hacen falta unas cualidades especiales, que si se necesitan unas condiciones innatas..., estoy de acuerdo. Pero, ¿qué ocurre si afirmo que no todo el mundo sirve para ser cirujano digestivo o piloto de avión? Yo, aunque por supuesto pienso que todas las personas deben tener las mismas posibilidades de acceso a cualquier titulación, no pienso que seamos igual de válidos para ejercer un trabajo y deberíamos planteárnoslo a la hora de seleccionar la carrera.

Tampoco está de más que el alumno se plantee qué tipo de vida quiere llevar una vez acabe la carrera. Evidentemente, no les hablo de querer ganar el máximo dinero posible (para ese viaje no se necesitan alforjas) sino de si prefieren una vida dinámica o más pausada, si buscan la estabilidad a largo plazo aun sabiendo que llevarán un estatus medio de vida o prefieren la búsqueda del éxito rápido. Yo, que estudié Ciencias Químicas, jamás me vi trabajando en una empresa debido al tipo de vida que ello llevaba implícito. Por ello, no busqué trabajo en el sector al acabar la carrera y luché durante muchísimos años por poder ejercer mis labores docentes e investigadoras. Otros jamás se plantearían dar clases o estar metidos en un laboratorio investigando en cosas que nunca sabemos si verán la luz.

Por otra parte, el alumno no debe presionarse en exceso a la hora de elegir entre carreras similares. En mi departamento hay trabajando alumnos procedentes de Biotecnología, Bioquímica, Biología, Químicas, Farmacia, etc. Si eres bueno, tienes muchas puertas abiertas independientemente de la carrera que hayas elegido. No nos agobiemos demasiado.

Concluyo. A pesar de que siempre recomiendo que es absolutamente necesario no parar de estudiar y de formarnos en todas las etapas de nuestra vida, una vez acabados los estudios de bachillerato tenemos la obligación de plantearnos si queremos o no ingresar en la universidad. Si, tras barajar todas las opciones posibles, decidimos cursar los estudios universitarios, la elección de la profesión que va a marcar nuestro futuro no es tan difícil. Una carrera que nos atraiga (aunque no sea la que más), con un mercado laboral que no esté saturado y que nos lleve a un tipo de trabajo acorde con nuestra forma de ver la vida es la elección ideal. Por otra parte, no hay que dramatizar. Muchas carreras similares llevan al mismo sitio. Si, además, logramos impregnarnos del espíritu universitario, nuestro paso por la máxima institución docente será una gran experiencia que jamás olvidaremos. Lo complicado viene después..., pero eso es otra historia.

Fotos

Vídeos