¿Debemos preocuparnos por el consumo de panga?

¿Debemos preocuparnos por el consumo de panga?
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Comparado con la merluza, tiene casi un 50% menos de proteína y entre un 60% y un 80% menos de ácidos grasos poliinsaturados

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

Esta semana varios medios de comunicación se han hecho eco de un estudio científico que alerta sobre los riesgos del consumo de panga, un pez presente en algunos menús que se sirven en colegios, hospitales y residencias de mayores. La noticia ha disparado las alarmas, por lo que hoy he creído conveniente aclarar si hay motivos suficientes para preocuparse.

El panga ('Pangasius hypophthalmus') es un pescado blanco de agua dulce perteneciente a la familia de los pangásidos que puede medir hasta 1,5 metros y pesar 45 kilos. Se trata de un pez omnívoro que en su dieta incluye crustáceos, otros peces y también material vegetal. El 'P. hypophthalmus' es un pez migratorio que en la mayoría de las regiones remonta los ríos para desovar durante el período de crecida de las aguas y que regresa corriente abajo cuando estas bajan.

¿Por qué se puso de moda el consumo de panga? Por tres razones que llevaron a España a ser el primer país europeo en importación de este pescado: es fácil de filetear (lo que favorece su preparación, envasado y comercialización), no tiene espinas (lo que lo hace muy apreciado por niños y mayores) y es muy barato.

Sin embargo este pez tiene una serie de desventajas si lo comparamos con otros pescados. Su sabor es muy pobre, su coste medioambiental, muy alto al proceder de países muy lejanos y su perfil nutricional muy bajo. Según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos, 100 gramos de panga contienen 13,4g de proteína y 1,2g de grasa (de la cual, 0,17g son ácidos grasos poliinsaturados). A modo de ejemplo, les diré que, comparado con otro pescado blanco como la merluza, el panga tiene casi un 50% menos de proteína y entre un 60% y un 80% menos de ácidos grasos poliinsaturados. Si lo comparamos nutricionalmente con pescados azules, el panga sale aún peor parado.

Pero las mayores críticas al panga vienen desde el punto de vista de la seguridad alimentaria. El panga procede del río Mekong en Vietnam, uno de los afluentes más largos del mundo y que recorre países como Tailandia, Camboya o Laos donde se encuentran las piscifactorías más grandes de producción de panga. El río Mekong también es uno de los más contaminados del planeta. Esto es debido a la presencia de compuestos químicos (principalmente mercurio y pesticidas) empleados en los cultivos de arroz o en actividades humanas como la deforestación. Por ello el panga ha sido acusado de presentar altos niveles de estos contaminantes, lo que podría suponer un riesgo grande para la salud del consumidor.

Pues bien, en el trabajo al que me referí al comienzo de este artículo y que ha disparado las alarmas en colegios y residencias de mayores se indica que algunos ejemplares de panga (sobre todo en sus presentaciones en adobo) superan en 0,5 mg/kg las concentraciones máximas admisibles fijadas por la legislación europea para el contenido máximo de determinados contaminantes en los productos alimenticios. El análisis, realizado por espectrofotometría de absorción atómica de vapor frío, muestra un amplio rango de concentraciones de mercurio entre 0,10-0,69 mg/kg, con un valor medio de 0,22 mg/kg. Los evaluación toxicológica realizada en un total de 80 muestras de filetes congelados de panga almacenados en tres grandes superficies diferentes concluye que, en los casos donde se supera la concentración máxima permitida y tras un consumo continuado, puede existir riesgo para la salud por la acumulación de mercurio en adultos y, sobre todo, en niños.

Pero... ¿son estos resultados tan alarmantes como se nos está vendiendo? Una vez leído con detenimiento el artículo, mi opinión coincide con la de Miguel A. Lurueña (doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y gran divulgador científico en el campo de la seguridad alimentaria): no hay que alarmar a la población.

Un consumo semanal de 350 gramos de panga supone un 32% de la ingesta semanal tolerable de mercurio para mujeres y un 27,5% para hombres. Estos datos no son preocupantes. ¿Y qué pasa en escolares? El artículo indica que el consumo de panga en niños es de 63,3g/persona y día lo que supone un 51-71% de la ingesta semanal tolerable de mercurio por lo que concluye que habría que establecer restricciones de consumo o recomendar otras especies..., pero estos datos no están bien calculados por dos razones.

En primer lugar, los datos oficiales publicados por la Agencia Española de Consumo, Nutrición y Seguridad Alimentaria indican que esos 63,3 g/persona y día que consumen los niños se refieren a la suma de todas las especies de pescado, no solo al panga. Considerando los datos reales de consumo de panga (1,397 g al día para niños de entre 3 y 9 años, y no 63,3g) la exposición diaria al mercurio debida al consumo de este pescado es de 0,00031 mg diarios, lo que representa el 1,56% de la ingesta semanal tolerable... y no un 71% como indica el estudio.

Datos de 2006

El segundo aspecto que es necesario aclarar es que los cálculos del estudio que ha disparado las alarmas se han hecho a partir de los datos de consumo de pescado que había en España en el año 2006. Sin embargo, en los últimos años ha descendido mucho la importación de panga. En 2009 se importaron 50.000 toneladas de este pescado mientras que en 2017 la cantidad fue de tan sólo 6.400 toneladas. Esto es debido principalmente a la decisión de algunas superficies comerciales de retirar panga de sus lineales lo que generó una gran incertidumbre que incluso llevó a muchas asociaciones a pedir la retirada de este pescado de los menús infantiles. Este brusco descenso en la importación implica que la exposición actual al mercurio procedente del panga por parte de la población infantil es mucho menor que la exposición que se indica en el estudio.

Estimados lectores, tras lo expuesto mi conclusión es clara. No recomiendo el panga por motivos nutricionales y sensoriales, pero un consumo normal de este pescado no les va a causar ningún daño.

No se alarmen.

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