Ciencia y moda, más similitudes que diferencias

Ciencia y moda, más similitudes que diferencias
Javier Muñoz

M. J. MORENOMURCIA

La ciencia, al igual que la moda, también ha estado presente en todas las épocas históricas y en la moda, como en la ciencia, no se deja de innovar, de avanzar... Es más, en numerosas ocasiones se dan la mano y se ponen al servicio la una de la otra.

Jamás el hombre habría podido pisar la luna o trabajar con material radioactivo si no fuera porque dispone de las prendas necesarias para protegerse. Tampoco la moda habría contado con materiales como el nylon o la lycra si no fuese por la ciencia.

Por ejemplo, la seda, que durante siglos ha servido como instrumento de los más exquisitos diseñadores vistiendo a sus clientes más exigentes, consta de dos proteínas: fibroína y sericina. Como sucede en otras muchas ocasiones, la ciencia ha encontrado un uso distinto para este material natural tan particular.

La fibroína presenta características que la hacen muy interesante como biomaterial ya que es altamente biocompatible, es decir, no provoca rechazo ni respuesta inflamatoria en los tejidos donde se injerta; es muy flexible y resistente; es biodegradable y puede elaborarse con diferentes configuraciones, según las necesidades: geles, films, matrices porosas 3D, microfibras y microesferas.

Uno de los últimos descubrimientos en torno a la fibroína de la seda es una tecnología muy novedosa que permite producir nano y microfibras de este material. Una de sus principales aplicaciones es la fabricación de biomateriales para su uso en medicina. Lo que los científicos pretenden es crear huesos, nervios, tendones o músculos, cultivando células del propio paciente sobre mallas de seda que se puedan implantar. De esa manera se consigue reconstruir grandes heridas causadas, por ejemplo, por un traumatismo sin que el afectado padezca efectos secundarios

Y si Stephen Hawking afirmó que «la ciencia no solo es una disciplina de la razón, sino también del romance y de la pasión», algo que se puede extrapolar a la moda, Coco Chanel decía de Paco Rabanne que era un ingeniero de la moda. Quien se ganó el apodo tras introducir el acetato y el aluminio en sus creaciones en los sesenta. Hoy en día es algo habitual que sobre las pasarelas se muestren creaciones sorprendentes fruto de la colaboración entre diseñadores y científicos.

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