Ciencia ciudadana al servicio del planeta

Francisco Robledano, tras visitar la estación de anillamiento de Isla Grosa./UMU
Francisco Robledano, tras visitar la estación de anillamiento de Isla Grosa. / UMU

El anillamiento de aves, realizado principalmente por voluntarios, ofrece datos fundamentales sobre el cambio climático y otros elementos medioambientales

MARÍA JOSÉ MORENO

Cada año numerosas aves migran largas distancias en busca de un clima más cálido cuya principal ventaja es de carácter energético. Los días más largos del verano en el norte ofrecen mayores oportunidades a las aves en reproducción de alimentar a sus polluelos. El hecho de que haya más horas de sol permite a las aves diurnas producir nidadas más grandes que las de aquellas que permanecen en los trópicos todo el año. A medida que los días se acortan en otoño, las aves regresan a las regiones cálidas donde el suministro de alimento disponible varía poco con la estación.

Esos viajes, y su directa relación con el medio ambiente, suponen una fuente de datos prolífica para científicos de todo el mundo. «El comportamiento de las aves, las distancias que se desplazan, el momento en el que lo hacen o los lugares en los que se mueven, son de gran utilidad a la hora de conocer, por ejemplo, cómo les afecta el cambio climático», como explica el investigador del grupo de Ecosistemas Mediterráneos (Ecomed) de la Universidad de Murcia Francisco Robledano.

Biólogo, zoólogo y experto ornitólogo, lleva entre manos varias líneas de investigación en las que se ayuda de los pájaros para generar conocimiento científico de lo más variado. «Tradicionalmente trabajaba con aves acuáticas de los humedales costeros del Mar Menor y ahora lo hemos recuperado dado que son un indicador del estado de la laguna, y conocer el estado de las mismas es importante para ayudar en la recuperación completa del ecosistema», explica.

Robledano trabaja con aves acuáticas de los humedales del Mar Menor como indicador del estado de la laguna

Los voluntarios de la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) anillan una media de 15.000 ejemplares cada año

Robledano forma parte del comité de asesoramiento científico encargado de la recuperación de la laguna salada. En concreto, se preocupa por los asuntos relacionados con la biodiversidad porque, como dice, «lo que ha pasado no es un tema solo de calidad del agua, sino de todo el entorno y el ecosistema que lo forma».

Advierte de que «son numerosas las especies que se han visto afectadas por los cambios producidos en el Mar Menor y es importante tener en cuenta que si no se mantiene la biodiversidad, será imposible alcanzar el grado de calidad ambiental óptimo en el mismo».

Así pues, los científicos están trabajando en seguimiento de aves, en el de las comunidades vegetales, los hábitats del entorno de la laguna, las especies de invertebrados terrestres y, en general, de todos aquellos organismos vivos que hacen de esta zona algo único, así como de todos los cambios que se están dando. En definitiva, apunta el profesor de la UMU, «el Mar Menor ha colapsado y ahora hay que hacer todo lo posible por devolverlo a su estado anterior», algo para lo que esperan seguir contando con el apoyo del Gobierno regional.

Por otro lado, Francisco Robledano y su grupo trabajan con aves forestales (de bosque, de matorral...). Una de las líneas principales se centra en el servicio ecosistémico que realizan las aves como dispersoras de diferentes plantas. Se conoce que en sus movimientos pueden transportar semillas o polen, algo que hace posible que la vegetación, estática por definición, consiga desplazarse de unos lugares a otros y de ahí que se puedan encontrar especies similares en lugares alejados por muchos kilómetros de distancia.

Aislamiento

Se evitan así problemas de aislamiento, que pueden ser perjudiciales si no se mantiene ese flujo de semillas o dispersión genética que puede llevar a algunas poblaciones a entrar en declive. De hecho, ya se sabe que las distancias de dispersión pueden llegar a ser tan grandes como desde la Península Ibérica hasta las Islas Canarias y en este momento, su grupo pretende demostrar que ocurre también en torno al área mediterránea.

Precisamente ahora dirige una tesis doctoral sobre dispersión a distintas distancias. «Se está investigando cómo las aves contribuyen a regenerar el paisaje forestal desde una mancha de bosque a un cultivo abandonado, pero también de cómo se conectan poblaciones que están separadas por todo el Mediterráneo», indica. De hecho, se mueven sobre la hipótesis de que las aves son un nexo muy importante, a este respecto, entre algunas zonas como España, Italia o Grecia y el Norte de África. Algo que se sustenta sobre el hecho de que se ha demostrado que la diferenciación genética de las poblaciones de Lentisco se relaciona con las rutas migratorias de aves, circunstancia que pone de relieve un patrón de relación entre la migración y la evolución de las plantas y que puede ser relevante a la hora de evitar su aislamiento o la falta de conexión genética.

Fundación Séneca

En esa misma línea, el grupo Ecomed participó junto con el Departamento de Geografía de la Universidad de Murcia en un proyecto financiado por la Fundación Séneca sobre la restauración y regeneración de campos de cultivo abandonados. En ese caso, como dice Robledano, «las aves eran importantes como dispersoras y la vegetación como elemento destacado contra la erosión, por lo que el trabajo colaborativo de carácter interdisciplinar fue fundamental».

Por supuesto, los estudios sobre cambio climático encuentran, una vez más en los pájaros, unos grandes aliados. «En estudios sobre los efectos del cambio climático en la biodiversidad son un indicador fundamental, por comparación con censos de varias décadas atrás, que permite modelizar cómo ha cambiado la distribución de las especies y si esos cambios están relacionados con factores climáticos», según el investigador.

A nivel global se sabe que el cambio climático afecta muy directamente a las aves y a su distribución, y que también se ve reflejado en cambios de su comportamiento y sobre los movimientos migratorios. En este momento están trabajando para poner en marcha una metodología que les permita estudiar los cambios de distribución de las aves en la Región de Murcia.

Y la clave para que todos esos trabajos se puedan llevar a cabo se encuentra, entre otros métodos, en el anillamiento científico de aves, una práctica que comenzó hace más de cien años como una forma de conocer de dónde procedían las aves que pasan temporadas en Europa. Con el tiempo, se convirtió en una herramienta muy utilizada por los científicos para conocer más sobre múltiples aspectos de la vida de las aves silvestres, como cuántos años viven, cuánto pesan, qué diferencias hay entre machos y hembras, cuál es la fenología de su migración o cómo varían los tamaños poblacionales entre años.

Según fuentes de la Sociedad Española de Ornitología, SEO BirdLife, «gracias a la individualización del ejemplar es posible estudiar esos aspectos de la biología de las aves que no se pueden conocer con otros métodos de estudio. Todo ello permite contribuir a su conservación».

Cada anilla lleva un número, a modo de DNI, y una dirección o remite de contacto. Mediante este método se obtiene información sobre las aves anilladas y las poblaciones a las que pertenecen, como los movimientos y migraciones, las tasas de mortalidad o la supervivencia. Además, la captura y el estudio del ave en mano permite conocer el sexo y la edad de los individuos, por lo que se pueden comparar los resultados obtenidos entre machos y hembras, o entre distintas clases de edad.

«Los trabajos de anillamiento -como explica Francisco Robledano- los llevan a cabo grupos de voluntarios que se forman en la materia y deben pasar un examen oficial. Se trata de ciencia ciudadana y de otro modo sería imposible, por el elevado coste que supondría, llevar a cabo esa labor». En la Región de Murcia, el referente es la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) cuyo grupo de unos 18 voluntarios anilla una media de 15.000 aves al año. Destaca el investigador la importancia de que cualquier persona que encuentre un pájaro anillado, sea por los motivos que sea, incluso si se debe a la caza, lo haga llegar a un agente forestal o cualquier otra autoridad que sabrá lo que hacer con ella. «A pesar de que hay numerosas personas pendientes de esto, la recopilación de datos no es sencilla, por lo que es muy valioso contar con la mayor cantidad de información posible», dice.

Como en todas las ramas científicas, las nuevas tecnologías suponen una gran ayuda al respecto y ya se están instalando sistemas de posicionamiento GPS a algunas aves, lo que permite recopilar datos de manera más exhaustiva y en tiempo real. No obstante, se trata de un procedimiento muy caro, todavía poco usado, de manera que el trabajo de anillamiento tradicional sigue siendo destacado.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos