Células madre y productos de belleza: un matrimonio mal avenido

Células madre y productos de belleza: un matrimonio mal avenido
Mikel Casal

Al antiguo bálsamo de Fierabrás le han sucedido en pleno siglo XXI infinidad de pócimas antienvejecimiento... De todo hay en el reino de la cosmética y nadie pone freno a este caos

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

El sector de los productos de belleza es uno de los que más dinero mueve. Concretamente en el conjunto del mercado ibérico la cifra de ventas se acerca a los 5.000 millones de euros. En este campo, la investigación, el desarrollo y la innovación juegan un papel muy importante. Sin el progreso científico la calidad, la efectividad y la seguridad de los cosméticos sería imposible. Sin embargo, el mundo de la cosmética esconde también un lado oscuro. Hablemos hoy de ello.

Desde tiempos inmemoriales la búsqueda de la belleza ha sido el objetivo de muchas civilizaciones. Culturas como la egipcia, la griega, la romana, etc. no dejaron de buscar y probar distintas sustancias que les permitieran oler mejor, tener una piel más tersa, más luminosa, más atractiva... Sin embargo, a lo largo de la historia, la picaresca ha estado asociada a los cosméticos. Son muchos los ejemplos de polvos, potingues y brebajes que prometían ser el elixir de la eterna juventud y cuyos efectos jamás se demostraron. Quizás el más famoso fue el bálsamo de Fierabrás, una poción mágica que prometía curar todas las dolencias del cuerpo humano, que forma parte de las leyendas del ciclo carolingio y que ha reaparecido en muchas ocasiones a lo largo de la historia; hasta el mismísimo Miguel de Cervantes lo nombra en varios capítulos del 'Quijote de la Mancha'.

Pues bien, al antiguo bálsamo de Fierabrás le han sucedido en pleno siglo XXI infinidad de pócimas antienvejecimiento basadas en péptidos presentes en el arroz, cremas que prometen reactivar los genes y estimular las proteínas de la juventud, potingues regeneradores de filamentos de ADN, ungüentos que dicen contener rayos infrarrojos en su interior, ecoduchas milagrosas... De todo hay en el reino de la cosmética y nadie pone freno a este caos.

Todo este vocabulario científico es utilizado frecuentemente en la publicidad de absurdos productos de belleza pero, sin lugar a dudas, el ingrediente estrella de los cosméticos del siglo XXI son las células madre. No hay tratamiento de belleza que se precie que no las incorpore. Sin embargo, parece ser que su efectividad no es la que muchos prometían. Vayamos por partes.

Las células madre son células que se encuentran en todos los organismos multicelulares y que tienen la capacidad tanto de dividirse y diferenciarse en diversos tipos de células especializadas como de autorrenovarse para producir más células madre. Su presencia en cosméticos tiene como objetivo regenerar los tejidos humanos deteriorados por el paso del tiempo. Además, se supone que inducen a la longevidad de nuestras propias células madre cutáneas, aumentando la producción de colágeno, elastina, etc. para que luzcamos un cutis hidratado, terso, elástico y sin arrugas.

La utilidad de este tipo de células está siendo efectiva en determinados campos de la medicina, pero, centrándonos en la cosmética, la pregunta que debemos formularnos es: ¿son realmente efectivos los productos de belleza basados en el uso de células madre? Lo primero que hay que dejar claro es que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha advertido, mediante un comunicado oficial, sobre la posible confusión en la que se puede caer ante la utilización de términos relacionados con las terapias basadas en células madre para situaciones tan dispares como el tratamiento de enfermedades o el uso de cosméticos.

Según este organismo los tratamientos basados en el uso de células madre humanas constituyen una novedosa y prometedora alternativa terapéutica para algunas enfermedades. Sin embargo, en el caso particular de los cosméticos, estos productos no pueden contener derivados de origen humano, por lo que es ilegal la utilización de células madre humanas en productos comercializados como cosméticos.

Palabras mágicas

¿Y qué ocurre con los productos de cosmética basados en el uso de células madre vegetales? Según la AEMPS, la utilización de este tipo de células en cosméticos u otro tipo de productos para tratamientos estéticos no solo no está relacionada con la prevención, tratamiento o diagnóstico de las enfermedades humanas, sino que el uso de la misma terminología busca, en muchas ocasiones, aprovechar el aspecto novedoso de las terapias con células madre para trasladarlo a otros ámbitos ajenos al contexto médico... como es el caso de la cosmética.

Actualmente, en el mercado encontramos infinidad de productos de belleza en cuya publicidad podemos leer las palabras mágicas: células madre. Un caso es el de los sueros faciales formados por células madre de manzana que prometen ni más ni menos que una cuádruple acción: estimular la proliferación de células madre humanas; reducir líneas de expresión y arrugas; ofrecer un efecto antioxidante y dar lugar a una piel radiante, joven y de apariencia mucho más saludable... el no va más.

¿Y por qué no es efectivo este tratamiento? Porque las diferencias estructurales entre una célula vegetal y una humana son muy significativas; porque el sistema de diferenciación celular en las plantas es muy diferente que en los humanos; porque los procesos químicos y fisiológicos (maduración, oxidación, etc.) que ocurren en una célula vegetal no tienen nada que ver con los de una célula humana; porque la responsable de la firmeza de la piel de manzana es la pectina y el de la piel humana es el colágeno; y lo más obvio, porque una manzana no es una persona. No hay nada más que decir. Bueno sí, que a día de hoy no existe ni un solo trabajo científico que avale que el uso de los sueros faciales formados por células madre de manzana proporcionen ninguna de las propiedades que muchos les atribuyen.

Estimados lectores, en el sector de la cosmética hay muchas empresas que hacen muy bien su trabajo, pero hay otras que no. Son cientos los cosméticos que se venden y en los cuales la diferencia entre lo que prometen y lo que cumplen es abismal. Eso sí, todos los productos de belleza tienen algo en común: el cosmético estrella de cada temporada de todas las casas comerciales promete ser el definitivo. Y yo me pregunto: si de verdad eso fuese cierto, ¿por qué todos los años cambian el producto estrella?

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