Los bolsillos como elemento sexista

M. J. M. MURCIA

En el siglo XVII, que la mujer portase por sí misma todo lo necesario para moverse en sociedad (lentes para espectáculos, las llaves de casa, dinero...), era visto como una amenaza hacia los hombres. Suponía reconocer su libertad o el hecho de que pudiesen valerse sin ayuda de ellos.

Es por esto que mientras la ropa masculina de la época sí dispone de bolsillos, tanto en los pantalones y prendas de abrigo, a los vestidos femeninos solamente en ocasiones se les incorporaba una especie de bolsos, que podían personalizar e intercambian de unas a otras prendas. Ya en el siglo XIX ganaron un poco de fuerza los bolsos como se conocen hoy en día, pero aún muy lejos de los actuales, siendo algo casi testimonial.

En aquellos momentos, no hace tanto tiempo, tanto las esposas como los hijos eran considerados como un complemento más del marido, una forma de enseñar a la sociedad su poder y capacidad económica. El hecho de ser capaz de mantener una familia, de disponer de lacayos y de otro tipo de comodidades, suponía un motivo de orgullo y un símbolo de supremacía.

Aún hoy las vestimentas femeninas no siempre cuentan con bolsillos y en sociedades todavía poco desarrolladas las mujeres suelen cargar sus posesiones en las manos. Aunque se apele a cuestiones estéticas, no se trata ni más ni menos que de una herencia machista perpetuada.

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