Antivacunas o la temeridad que pone en peligro la salud de los demás

Antivacunas o la temeridad que pone en peligro la salud de los demás

Los expertos alertan de que los adeptos a este movimiento suelen defender también el uso de las pseudoterapias

M. J. M.MURCIA

En un planeta habitado por más de 7.000 millones de personas, es complicado que haya algo en lo que todos estén de acuerdo. Y así como hay quienes todavía defienden que la Tierra es plana o está hueca, hay otros que creen en la existencia de extraterrestes o los que niegan que el hombre haya visitado la Luna.

Todo ello resulta llamativo a tenor de las evidencias científicas que existen en torno a todos esos asuntos. Pero si hay un tema que es especialmente peliagudo es el de aquellos que rechazan las vacunas y, de manera activa, buscan adeptos al movimiento.

Para más inri, es habitual que quienes se posicionan en contra de las vacunas suelen vivir en países desarrollados, con destacados sistemas de salud, en los que la mortalidad infantil es casi inexistente y donde el acceso a los medicamentos es sencillo. Además, suele coincidir que esas mismas personas apuestan por el consumo solo de alimentos ecológicos y hacen uso de pseudoterapias, como por ejemplo el reiki. En definitiva, se conoce que el nivel socioeconómico medio de los antivacunas suele ser alto y, lejos de lo que se pueda creer, son personas con estudios superiores. Ahora bien, terminan metiendo en el mismo saco todas esas prácticas, y eso no solo lleva a confusión sino que, en lo que a vacunación se refiere, pone en riesgo la salud de ellos mismos y de quienes les rodean.

Quizá lo más curioso es que los movimientos antivacunas se apoyan en un estudio de 1998 que planteó la posible relación entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. Aunque posteriormente se demostró que era fraudulento y tenía graves sesgos, por lo que fue retirado por la revista. Esa única publicación creó un estado de pánico que produjo una disminución de las tasas de inmunización y posteriores brotes de esas enfermedades. A pesar de que no hay ninguna prueba de la existencia de una relación entre la vacuna triple vírica y el autismo o los trastornos del espectro autista, todavía se sufren las consecuencias de aquel despropósito. Algo similar se puede afirmar del timerosal (derivado mercurial), que por cierto no está incluido en ninguna de las vacunas comercializadas en España.

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