Aditivos y parabenos: tanto monta, monta tanto

Aditivos y parabenos: tanto monta, monta tanto
Mikel Casal

¿Por qué nos asustan continuamente con esos términos en la publicidad de alimentos y cosméticos? Porque el miedo vende

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

Hay dos mensajes quimiofóbicos que están calando entre la población. Uno de ellos es el famoso 'Sin parabenos' que tanto emplean algunos productos cosméticos. El otro son los archiconocidos 'Sin aditivos' o 'Sin conservantes ni colorantes' tan de moda en los productos alimentarios. Comencemos con estos últimos.

¿Qué objetivo persigue una empresa cuando utiliza el eslogan publicitario'sin conservantes ni colorantes'? ¿Qué idea quiere transmitir al consumidor cuando se publicita a bombo y platillo que un alimento no lleva aditivos? El mensaje subliminal está claro: «en el caso de que el producto llevara aditivos su consumo podría ser peligroso así que consuma el mío que no los tiene y es más sano», así de sencillo. De hecho según recogen diferentes estudios sobre las preocupaciones del consumidor actual, el 50,8% de los consumidores españoles estarían dispuestos a pagar más por alimentos sin aditivos al considerarlos más sanos.

¿Por qué gusta tanto el eslogan 'Sin aditivos'? Por el desconocimiento que existe en la sociedad acerca del papel que desempeñan los aditivos en nuestra alimentación y, sobre todo, el desconocimiento sobre su seguridad. Aclaremos estos dos conceptos.

Los aditivos son sustancias que se añaden intencionadamente a los alimentos con un propósito tecnológico teniendo como resultado que tanto el propio aditivo como sus subproductos se convierten en un componente de estos. En la industria alimentaria se les identifica con la «temible» (para algunos) letra E acompañada de un número. Los grupos de aditivos los podemos dividir en colorantes (E-100/E-199), conservantes (E-200/E-299), antioxidantes y reguladores de acidez (E-300/E-399), espesantes, estabilizantes y emulsionantes (E-400/E-499), reguladores de acidez y pH (E-500/E-599), intensificadores de sabor (E-600/E-699) y varios (E-900/E-999). Para que vean lo absurdo de tenerle miedo a los números E, les comentaré que el aditivo E-300 es la mismísima vitamina C presente en decenas de alimentos.

Todos estos aditivos tienen una estructura química y una funcionalidad que hace que se empleen como ingredientes tecnológicos. Sin ellos no sería posible la comercialización de muchos de los alimentos que hoy en día están disponibles en el mercado. Entre sus funciones están alargar el tiempo de conservación, prevenir cualquier tipo de problema sanitario relacionado con el alimento, mejorar su aspecto, reemplazar las pérdidas de color que se producen durante el proceso de elaboración, mejorar su aceptabilidad desde el punto de vista psicológico, etc.

Para que un aditivo pueda ser utilizado en la elaboración de un producto alimenticio, debe haber sido evaluado toxicológicamente y sometido a exigentes ensayos químicos, físicos y microbiológicos que demuestren su inocuidad. Entre todas estas evaluaciones se incluye, en caso de que fuera necesario, el posible establecimiento de una Ingesta Diaria Admisible, teniendo en cuenta los grupos de consumidores más vulnerables. Este factor es una estimación de la cantidad de un aditivo alimentario autorizado que puede consumirse diariamente, todos los días de la vida, sin ocasionar problemas de salud. La Ingesta Diaria Admisible se expresa en miligramos de producto por kilo de peso corporal y día y está estimada a partir de pruebas realizadas con animales de laboratorio y calculada tras dividir por 100 la Ingesta Diaria Admisible teórica obtenida inicialmente. Resumiendo: hay un margen bastante dilatado entre las ingestas diarias admisibles y la teórica dosis máxima tolerable. Por esta razón no solamente una persona puede superar ocasionalmente las ingestas diarias admisibles sin que esto suponga un perjuicio para su salud, sino que la retirada de un aditivo del mercado no implica que se estuviese ingiriendo a dosis peligrosas. Además, la concesión del famoso número E, que acaba con el proceso de autorización de un aditivo, puede ser revocada si hay algún problema.

Entonces, ¿son seguros los aditivos? A pesar de que el 'riesgo cero' no existe, la respuesta debe ser contundente: sí, no existe ningún riesgo al consumir alimentos que presenten aditivos en su composición siempre y cuando se ingieran siguiendo el patrón habitual de consumo de alimentos y se atienda a las indicaciones claramente reflejadas en el etiquetado de los productos que los contienen.

Desde hace 70 años

Los aditivos en alimentación tienen sus homólogos en cosmética. Me refiero a los parabenos, principales conservantes químicos empleados en el mundo de los productos de belleza.

El hecho de que en la mayoría de los productos cosméticos existan altas concentraciones de carbohidratos, aceites, minerales, proteínas y agua provoca que estos productos sean un caldo de cultivo perfecto que favorece el crecimiento de microorganismos. Por esta razón se hace necesaria la presencia de agentes conservantes, como los parabenos, que impidan que desodorantes, cremas y otros cosméticos se echen a perder. Los parabenos se utilizan desde hace más de 70 años porque son excelentes conservantes. Son moléculas inodoras, incoloras, no volátiles, estables y efectivas en un amplio espectro de pH.

Por causas que nada tienen que ver con el rigor científico, la presencia en las etiquetas de los cosméticos de nombres químicos como metilparabeno, propilparabeno o butilparabeno suelen encender todas las alarmas entre una parte muy significativa de la población que está convencida de que estos compuestos son altamente peligrosos. ¿Es eso cierto? No. Aunque en 2004 un grupo de científicos publicó en la revista 'Journal of Applied Toxicology' un artículo en el que analizada la presencia de parabenos en 20 muestras extraídas de tumores de mama, jamás se ha demostrado la relación entre los parabenos de los productos cosméticos y el cáncer. Incluso la Sociedad Americana del Cáncer emitió un informe en 2010 desmontando cualquier relación entre el uso de los productos de belleza que han sido autorizados y el cáncer.

Es necesario indicar que antes de salir al mercado todos los parabenos son sometidos a múltiples estudios tanto 'in vitro' como 'in vivo' para evaluar su toxicidad, sus rutas metabólicas, su efecto carcinogénico y estrogénico, etc. Por último, los parabenos existentes en el mercado son continuamente revisados y en el caso de detectarse algún tipo de problema hay mecanismos para retirarlos rápidamente.

Y si no debemos preocuparnos por los aditivos ni por los parabenos, ¿por qué nos asustan continuamente con esos términos en la publicidad de alimentos y cosméticos? Porque el miedo vende.

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