La Verdad

La guerra de las huellas dactilares
/ Mikel Casal

La guerra de las huellas dactilares

  • Científicos australianos publican un estudio en el que desarrollan una nueva metodología para solucionar crímenes sin resolver

La historia de la ciencia me fascina... y más cuando se combina con disciplinas científicas de actualidad. Hoy les voy a hablar del uso de la nanotecnología como técnica criminalística para la identificación de huellas dactilares, pero antes les contaré una historia que ocurrió hace mucho tiempo y que tiene gran influencia en los hallazgos modernos en los campos de la criminalística y la criminología.

A pesar de que algunos autores se remontan a los tiempos de la Antigua Babilonia, la mayoría de los expertos sitúan las primeras impresiones de los dedos con fines de identificación en la Persia del siglo XIV. Posteriormente en el siglo XVII comenzó oficialmente la investigación científica de las huellas dactilares.

Pero la verdadera guerra por la autoría del uso forense de las huellas dactilares en la investigación criminal se remonta a finales del siglo XIX cuando un joven magistrado de la India, William Herschel, observó que el estudio de las huellas dactilares podría ayudar a luchar contra los fraudes de identidad en las pensiones estatales.

Tras más de 20 año recogiendo huellas dactilares, Herschel vio que permanecían invariables con el paso del tiempo. El empleo de aquella 'nueva tecnología' para detener a los impostores le ayudó a subir escalafones dentro de la administración india hasta llegar a ser juez.

Pero ocurrió lo que suele pasar, las rivalidades científicas entraron a escena. Paralelamente a las investigaciones de Herschel, un médico y misionero escocés que se encontraba en el Lejano Oriente comenzó a interesarse por las huellas dactilares. Henry Faulds, que así se llamaba este pintoresco personaje, llegó a quemarse sus propios dedos con ácido sulfúrico para ver qué ocurría con sus huellas...¡¡y no se borraban!!

Carta a Darwin

Para dar publicidad a sus descubrimientos el misionero escocés envió una carta al mismísimo Charles Darwin. Sin embargo, el gran evolucionista no prestó gran atención al escrito y le entregó la carta a su primo, Francis Galton, uno los fundadores de la revista científica Nature. Galton hizo prácticamente lo mismo que Darwin, obviar el tema... o eso parecía.

Faulds siguió insistiendo. Estaba empeñado en dar a conocer sus hallazgos y llegó a presentar sus descubrimientos a la Policía Metropolitana de Londres. También lo obviaron pero, cuando nadie lo esperaba, ocurrió algo inesperado. Francis Galton, el primo de Darwin que ya estaba al día de los hallazgos de Faulds, decidió adentrarse en el mundo de las huellas dactilares. Pero no se puso en contacto con Faulds sino con Herschel, el rival científico de Faulds...y se lió una buena. Cuando fue acusado de plagio, Galton dijo que la carta que le había entregado su primo Darwin la había tirado antes de leerla y que no estaba al día de los descubrimientos de Faulds.

Aunque eso no se lo creía nadie, Galton siguió con su plan. No solamente describió un sistema para describir, medir y comparar huellas dactilares basado en la biométrica, sino que se convirtió en el máximo referente para la investigación criminalística. Incluso Scotland Yard creó una oficina de huellas dactilares basándose en sus conocimientos. La jugada le había salido redonda.

Faulds se subía por las paredes. Se sentía plagiado. Escribió una carta a la revista científica 'Nature' en la que acusaba a Herschel y reivindicaba su papel primordial en el estudio de huellas dactilares...pero Galton y Herschel se habían hecho tan populares que hasta el diario 'Times' ninguneó a Faulds.

Hasta poco antes de su muerte, Faulds siguió peleando por el reconocimiento oficial de sus investigaciones, pero estas no llegaron hasta su muerte. Tras su fallecimiento el abogado escocés George Wilton consgiuió que la afrenta a su compatriota fuese vista como una ofensa a los nacionalistas escoceses y desde ese momento empezaron a tenerse en cuenta sus descubrimientos. Curioso.

A partir de entonces se ha avanzado mucho en el desarrollo de nuevas técnicas para la identificación de huellas dactilares. Hace relativamente poco tiempo se dio un paso de gigante usando una de mis disciplinas científicas favoritas, la nanotecnología. Les cuento.

A pesar de los avances en la detección de ADN y análisis de sangre, la huella digital antigua sigue siendo un método importantísimo para deducir quién estuvo presente en la escena de un crimen. Sin embargo, no siempre es fácil obtener información de las huellas dactilares. Por ello un grupo de científicos australianos ha publicado un interesante estudio en el que han desarrollado una nueva metodología para intentar solucionar casos sin resolver. El objetivo del trabajo es recuperar huellas dactilares que no pudieron ser identificadas a través de los métodos tradicionales e intentar resolver casos inconclusos. Los científicos, que han trabajado en colaboración con la Policía Federal Australiana, emplearon la nanotecnología para detectar huellas digitales antiguas, secas y débiles.

Aminoácidos

La nueva metodología se basa en el análisis de los aminoácidos que se encuentran en el sudor y, por consiguiente, en la mayoría de las huellas digitales. En un principio este hecho no debería sorprender a nadie ya que el rastreo de aminoácidos se viene empleando desde hace décadas para la identificación de huellas dactilares. Sin embargo, con el paso del tiempo, y dependiendo de la superficie sobre la que se encuentre la huella (como es el caso de las superficies no porosas), los aminoácidos se degradan muy fácilmente y las trazas que quedan no son suficientes para identificar las huellas con las técnicas tradicionales.

En el trabajo publicado en la revista científica 'Chemical Communications' se detalla cómo la combinación de técnicas inmunológicas y de nanopartículas de oro permite encontrar detalles más nítidos en las huellas antiguas degradadas. Esto aumenta su resolución y permite detectar huellas dactilares muy antiguas depositadas en cualquier tipo de superficie.

Los resultados, que no hubiesen sido posibles sin el trabajo de los científicos de otras épocas de los que les hablé al principio de este artículo, son espectaculares y están permitiendo la resolución de crímenes antiguos. Como diría mi admirado Sherlock Holmes, «elemental, querido Watson».