La Verdad

«Quiero que España apueste por la inteligencia artificial para ayudar a los ancianos»

El doctor en Robótica de la UPCT Óscar Martínez, junto al profesor Ryo Kuruzame, de la Universidad de Kyushu.
El doctor en Robótica de la UPCT Óscar Martínez, junto al profesor Ryo Kuruzame, de la Universidad de Kyushu. / LV
  • Óscar Martínez Mozos, investigador contratado 'Ramón y Cajal' en la Universidad Politécnica de Cartagena

Formar a científicos para que después desarrollen su carrera y talento en el extranjero parece una máxima que no por repetirse en España deja de ocurrir. Aunque no siempre es así. El programa 'Ramón y Cajal de Promoción del Talento y su Empleabilidad en I+D+i', promovido por el Ministerio de Economía y Competitividad, trajo de vuelta hasta la Universidad Politécnica de Cartagena a Óscar Martínez Mozos, doctor en Robótica, que llevaba tres años dando clase en la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido, tras investigar durante dos años en la universidad japonesa de Kyushu y completar estudios de posgrado y doctorado en la alemana Universidad de Friburgo.

Su puntuación de 100 sobre 100 en el proceso estatal le permitió elegir el destino en el que quería trabajar los próximos cinco años y apostó por el grupo de Diseño Electrónico y Técnico de Tratamiento de Señal de la UPCT, donde aspira a «conseguir una plaza como profesor, antes de que se acabe el contrato, ya que, aunque ha sido una oportunidad para volver a España, no garantiza mucha estabilidad porque el tiempo pasa muy rápido».

Su perfil profesional se enmarca en robótica e inteligencia artificial. «En Japón están apostando mucho por estas dos áreas para hacer las casas inteligentes para que ayuden a la gente mayor, con robots incluidos. Yo empecé en el tema de asistencia para gente mayor durante mi estancia en Japón y ahora quiero hacer lo mismo en España; de hecho, mantengo una colaboración muy activa con Japón y, de vez en cuando, voy de profesor invitado a la Universidad de Kyushu», explica.

Su objetivo es el de crear un grupo de investigación internacional en la UPCT con buenas conexiones con Japón, aunque asegura que para eso «es necesario dinero». El punto a favor, en su caso, es que se trata de un trabajo con resultados rápidamente aplicables a la realidad. Como dice, «el tema de las casas controladas con sensores ha empezado ya. Lo importante ahora es hacerlas 'inteligentes' de verdad. Pero dado que la inteligencia artificial está avanzando mucho, en pocos años se podría implantar».

Aunque el caso de la robótica es diferente. «Los robots humanoides (los que salen en la tele con aspecto humano) son muy complejos y todavía no está claro si son útiles en casa. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: el robot casero más avanzado que existe ahora es la Roomba (un aspirador con ruedas que se choca contra las paredes, pero hace su trabajo); tampoco hay que olvidar que una lavadora es un robot también».

Ahora bien, el trabajo de Martínez Mozos en la UPCT engloba tecnologías de robótica social y computación emocional para conocer el estado de ánimo y la salud del dependiente. El objetivo es recabar información sobre las actividades típicas de la vida diaria de una persona (comer, dormir, ir al baño) usando sensores muy simples. Por ejemplo, sensores de contacto para saber si la puerta de la nevera está abierta o un sensor de presión en la cama para saber si está durmiendo. Posteriormente, se analiza la información para comprobar si todo está correcto con esa persona.

«Mi interés está en la salud mental, en particular estrés y depresión. Cuando te encuentras en una situación de ese tipo, la vida diaria se rompe. No duermes bien o no comes bien. Y eso, en teoría, se puede detectar automáticamente con los sensores de forma inteligente y prevenir problemas mayores», explica.

En general, la robótica emocional es un campo de estudio relativamente desconocido. Como señala, «lo que se pretende es que si un robot detecta tus emociones, entonces puede mejorar la interacción contigo». Es un concepto todavía nuevo pero que está cogiendo fuerza. Sobre todo con la aparición de los robots japoneses llamados 'Pepper', que ha desarrollado la empresa Softbak.

Precisamente, de la mano de Martínez Mozos, visitó la Universidad Politécnica de Cartagena a finales de año el catedrático de la Universidad de Kyushu -una de las siete antiguas universidades imperiales de Japón y la 126 en el 'ranking' mundial-, Ryo Kuruzame. La Escuela de Telecomunicación contó con él para impartir una conferencia sobre el 'Robot Town Project', que busca la utilización de múltiples sensores y sistemas robóticos para dar asistencia a las personas durante su vida diaria.

En el transcurso de su visita, explicó que «la robótica cambiará las ciudades, tal y como las conocemos hoy en día. Lo hará mediante sensores en los espacios públicos, cámaras, identificadores RFID (como los que tienen las tiendas para detectar los chips antirrobo) y otros instrumentos para regular el tráfico o controlar el consumo de energía de los edificios, por ejemplo. Sin duda, los sensores son los ojos de los robots».

Y advirtió de que «la preservación de la intimidad es un serio problema. Pienso que hay campos donde sí es necesario ceder privacidad, pero dependerá del servicio que nos presten los robots. Por ejemplo, cuando estamos enfermos y vamos a un hospital, aceptamos que los sanitarios accedan a nuestra intimidad, porque necesitamos sus cuidados. Lo importante es que podamos decidir si cedemos nuestra privacidad».

Situación actual

Con respecto al momento que vive la ciencia en España, Óscar Martínez apunta principalmente a dos problemas: «La mentalidad y la financiación. Pero creo que el segundo es consecuencia del primero. La mentalidad en España es un poco arcaica todavía. También nos falta profesionalidad. El entorno del país tampoco es favorable para la ciencia y la tecnología. Y, finalmente, tenemos mucho sentimiento de inferioridad». Aprovecha sus clases para intentar acabar con el sentimiento de inferioridad que tienen sus alumnos con respecto a los de otros países. «Les digo que en Inglaterra y Alemania también hay gente muy petarda. Se ríen, pero es verdad. Tengo muchas historias para corroborarlo», señala.