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Compartir la ciencia es tan importante como hacerla

José Vicente Soler (c), con miembros del grupo de investigación de Química Organometálica de la UMU.
José Vicente Soler (c), con miembros del grupo de investigación de Química Organometálica de la UMU. / La Verdad
  • José Vicente Soler, uno de los cinco autores con más artículos en 'Organometallics', defiende las ventajas de publicar en revistas científicas y la salida de investigadores jóvenes al extranjero

La Sociedad Americana de Química ha distinguido recientemente al catedrático emérito de la Universidad de Murcia José Vicente Soler como uno de los cinco autores más productivos en la revista 'Organometallics' durante los últimos cinco años.

El grupo de investigación de Química Organometálica que ha dirigido hasta su jubilación ha publicado en la revista 107 artículos, con un total de 23 desde 2012, es decir, algo más de uno al trimestre en este último lustro. Cabe destacar que cada texto recoge el fruto del trabajo conjunto de entre cuatro y seis científicos durante uno o dos años.

Esas cifras son las que sitúan a Vicente Soler como uno de los cinco científicos que más artículos ha publicado en 'Organometallics' en los últimos cinco años. Si bien es cierto que el número de artículos no es el criterio más importante para valorar la actividad científica de un investigador, resulta relevante cuando se trata de una revista del prestigio de 'Organometallics'. Buena prueba de ello es que otro de los investigadores distinguidos con el mismo título es el Premio Nobel de Química de 2005, el profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Richard R. Schrock.

«Para la Universidad de Murcia y nuestro grupo supone situarse en el campo de la Química Organometálica en una posición destacada a nivel internacional. Para mí, un reconocimiento que llega después de mi jubilación tras un periodo de 44 años de vida académica e investigadora», declara Vicente.

'Organometallics' empezó a publicarse en 1982. Actualmente aparece cada dos semanas y en ella han publicado sus resultados algunos premios Nobel, como Ryoji Noyori (2001), Karl B. Sharpless (2001), Yves Chauvin (2005), Richard R. Schrock (2005), Robert H. Grubbs (2005), Richard F. Heck (2010), Ei-ichi Negishi (2010), Akira Suzuki (2010) y Bernard L. Feringa (2016). Es, con gran diferencia, la revista de mayor impacto de Química Organometálica. Durante el periodo 1997-99, el catedrático de la UMU formó parte de su Consejo Editorial, algo que, para él, «fue todo un honor».

Pero sus trabajos no solo han aparecido aquí, sino que ha publicado 176 artículos en otras revistas, entre los que cabe destacar los que aparecen en 'Chemical Communications', 'Chemistry-A European Journal', 'Angewandte Chemie International Edition in English' y 'Journal of The American Chemical Society'.

Su equipo ha sido reconocido por la Fundación Séneca como uno de los Grupos de Excelencia Investigadora de la Región de Murcia desde su primera convocatoria en 2010. A rasgos generales, estudia aspectos básicos de la reactividad química y métodos alternativos de síntesis de nuevas moléculas con potenciales aplicaciones industriales.

Química organometálica

Un compuesto organometálico es el que contiene, al menos, un enlace carbono-metal. Por tanto, es generalmente el resultado de la unión de un grupo orgánico y un resto metálico, de ahí su nombre y su situación de frontera entre la Química Orgánica y la Inorgánica. Como explica José Vicente, «los compuestos de este tipo se forman como intermedios en muchos procesos catalíticos en los que un derivado metálico actúa como catalizador de la transformación de compuestos orgánicos en otros derivados de especial interés, como polímeros, fármacos, disolventes...».

En cuanto a las líneas de investigación principales de las que se ocupa este grupo de la Universidad de Murcia, explica que existe una línea de carácter básico, que se centra principalmente en el estudio de la reactividad de complejos de paladio que recientemente ha dado origen a otra en la que dichos complejos se estudian como catalizadores. Otra línea estudia la química de complejos de oro para su uso en el futuro como catalizadores. Finalmente, se están investigando las propiedades fotofísicas y posibles aplicaciones de complejos de platino.

En la actualidad, el grupo cuenta con proyectos financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad, así como de la Fundación Séneca, de la que Vicente alaba su trabajo y destaca que «hace una labor admirable en pro de la ciencia en la Región de Murcia». En el pasado también obtuvieron fondos de la Comisión Europea en varias ocasiones.

Hace más de 35 años que el ahora catedrático emérito arrancó en la UMU. En ese tiempo se han dado numerosos cambios, pero asegura que, cuando se mencionan las dificultades actuales para llevar a cabo investigación científica, se acuerda del «desierto científico» en que se trabajaba en los años 80 del siglo pasado. «Y no solo existían dificultades de financiación. En el caso de este grupo de investigación, aún eran peores el ambiente hostil y la incomprensión del entorno», se lamenta.

Unas presiones que, en su opinión, algo tuvieron que ver con el infarto que sufrió en 1990, pero que no le impidió seguir al pie del cañón y descubrir que el tiempo traería grandes cambios. «Casi nada de lo que hacemos ahora habría sido posible entonces. La financiación, las técnicas que disponemos y el ambiente han mejorado significativamente», reconoce.

Pupilos

Como parte de su labor investigadora y docente, José Vicente Soler ha formado a numerosos científicos a lo largo de su carrera. En la Universidad de Murcia, tres catedráticas, cuatro profesores titulares, una doctora en el Servicio de Apoyo a la Investigación y un becario posdoctoral pasaron antes por su equipo. En la Politécnica de Cartagena, la lista incluye a dos catedráticos, al director de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) y a la gerente, mientras que en el caso del Cebas-CSIC, a un investigador.

Fuera de la Región, ha formado a una catedrática en la Politécnica de Valencia, a un profesor titular en la Universidad de Castilla-La Mancha (Ciudad Real), a una profesora titular en la Universidad de Valencia, a una 'lecturer' en Belfast, a un contratado doctor en Sevilla, y a un ayundante de doctor en la UNED. Y la relación continúa con becarios postdoctorales en la Universidad de Oxford y en el Instituto Catalán de Investigación Química, once doctores en la docencia no universitaria y ocho más en la industria. En su conjunto, hay el doble de mujeres que de hombres y asegura que, de su currículo, esta lista es la parte de la que está más satisfecho.

Emérito

Hay quienes dicen que un científico nunca se jubila, pero José Vicente Soler no duda en señalar que, aunque lo políticamente correcto sería decir que no, estaría mintiendo. «La investigación científica requiere estar cerca de donde se produce y mi presencia no favorecería la creación de nuevas líneas de estudio. El futuro del grupo de investigación de Química Organometálica está en manos de quienes siguen en la brecha», argumenta. Así que, desde que pasó a ser catedrático emérito de la Universidad de Murcia, ve la ciencia de un modo diferente, «como espectador».

Y como la experiencia es un grado, desde la barrera opina sobre el panorama científico actual en España. Así, considera que «hay que esperar que mejore la financiación y, lo que es más importante, que la administren mejor».

Advierte de que «se ha dramatizado en exceso» sobre la denominada 'fuga de cerebros'. En su opinión, la salida al extranjero de los investigadores jóvenes tiene un efecto claramente positivo para el emigrante, dado que la formación que adquiere sobrepasa con creces la aportación que realiza. Por este motivo, considera que el clásico comentario de que formamos a nuestros investigadores para que se aprovechen de ellos fuera «es solo fruto del populismo».

Y añade que «la lucha no tiene que ser que no salgan al extranjero, sino que debe consistir en favorecer que aquellos que aprovechen la experiencia regresen y puedan aportarla para dinamizar, mejorar y elevar el nivel de la investigación».

Claro que, como indica, para que esto suceda es esencial que «la corrupción desaparezca de las instituciones». Y Vicente no viaja lejos para buscar ejemplos, sino que es muy crítico con la UMU, donde señala que existe un caso muy reciente de contratación de doctores con el que se dejó fuera a más de un centenar de investigadores a través de un proceso muy poco trasparente. «Es una vergüenza que se debería evitar, alejando lo más posible de los gestores universitarios y de sus asesores las decisiones sobre la contratación de los investigadores».

Y concluye: «Mientras esto siga así, el deseable aumento de la financiación de la investigación solo servirá para alimentar la corrupción y el caciquismo».