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Paradigmas científicos

  • La interpretación que abriga la Ley de Newton es que la realidad es lo que es, independientemente de quien la observa, percibe o analiza

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Hay cosas que damos por sentado, pese a que no reflexionamos sobre ellas. La posición que los humanos adoptamos ante la Naturaleza es algo así como de desentendimiento de las cosas que ocurren en aquella. La interpretación de la Mecánica Clásica propiciada por Newton asumió que las leyes de la Naturaleza se ocupaban de las relaciones (interacciones) entre los cuerpos materiales. El éxito de la Mecánica Clásica en la interpretación de la Naturaleza ha sido extraordinario. No solo logró dar explicación de la posición de los cuerpos celestes y describir sus movimientos, sino que, en esa formulación de Newton, todos los cuerpos materiales quedaban descritos por la misma ley. Las leyes de la dinámica no solo sirvieron para describir las trayectorias de los proyectiles, sino también predecir y pronosticar cualquier tipo de sistema sometido a fuerzas naturales o artificiales. Un vehículo en movimiento está descrito, hasta en sus más mínimos detalles, por las leyes de la dinámica. El éxito de la teoría clásica radica en su capacidad de predicción del comportamiento. Todo sistema que satisfaga las condiciones que impone la Mecánica Clásica: tamaño y naturaleza de la interacción, queda descrito por las leyes de Newton.

Claro que, la autoridad y el reconocimiento de las leyes de la dinámica clásica no tienen por qué limitarse a aspectos determinados y dejar fuera de su interpretación otros. Si las leyes de la dinámica se expresan mediante una ecuación diferencial de segundo orden, conlleva que, conocidas las posiciones y velocidades de todas las partículas, se puede conocer su pasado y su futuro. Si se supone que el ser humano es un conjunto de partículas materiales, descritas, por tanto, por las leyes de la dinámica clásica, si existiera un súper ser capaz de conocer todas las posiciones y velocidades de todas las partículas del Universo, en un instante determinado, podría conocer pasado y futuro del mismo. Con este argumento, enunció Laplace el Determinismo Filosófico. Si las leyes de la Naturaleza, que Newton describió, actúan inapelablemente, no tienen en cuenta a los seres humanos que las interpretan. Y el caso es que la experiencia vital nos confirma estos extremos. Las cosas tienen su lugar y, salvo que nosotros las alteremos deliberadamente, siguen en su lugar. Tan solo las leyes que describen la conducta de los objetos materiales pueden justificar la conducta de los cuerpos materiales. Nuestra casa, vuelve a estar donde la dejamos por la mañana. La Luna ocupa su sitio, el descrito por las leyes de Newton. Tanto si la miramos como si no, sigue en su sitio, inpertérrita. No es nada complicado entender que la formulación del determinismo y la predestinación tenían un fundamento muy efectivo para su formulación. Otra cosa es que para algunos persistan argumentos, al margen de las lagunas posteriormente encontradas, con las consiguientes interpretaciones más ajustadas a los hechos, que harían cuestionar interpretaciones.

La interpretación que abriga la Ley de Newton es que la realidad es lo que es, independientemente de quien la observa, percibe o analiza. Esto también implica que todos tenemos que ver las mismas cosas. De hecho, cuando alguien ve cosas que nadie más ve, se le clasifica de trastornado de algún modo. El mundo, según a interpretación a la luz de la teoría de Newton, por tanto, se comportaba del mismo modo, independientemente de que alguien lo observara o no.

Avance espectacular

Con esta teoría, la Humanidad avanzó de forma espectacular entre los siglos XVII y XIX, hasta finales. Todo el corpus teórico desarrollado en torno a la propuesta de Newton permitió el nacimiento y desarrollo de la revolución industrial, con todos los avances que supuso tal época trascendental para la Historia de la Humanidad. Pero a finales del siglo XIX se comenzaron a acumular cosas que no encajaban en la descripción de Newton. También esto implica que tanto la teoría como las interpretaciones podrían, como mínimo, completarse, si no cambiar el paradigma por otro más capaz de pronosticar más ajustadamente las conductas. Así nació la Cuántica, por cierto.

Una cosa son los hechos, los datos, que son los que maneja la Ciencia, formulando modelos que no son más que sistemas simplificados de la realidad, con objeto de poder llegar a desentrañar su comportamiento. Otra cosa bien distinta son las interpretaciones, que son integumentos con los que se abrigan propuestas o llevan a conclusiones, que no necesariamente se atienen a los hechos. ¡Cuidado! ¡Así son las cosas!