La ciencia soviética

La ciencia soviética
MIKEL CASAL

La URSS tuvo un programa espacial exitoso y, a la vez, fue incapaz de producir bienes de consumo de calidad

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

La república nacida en 1917 presentaba un escenario científico contradictorio. Había científicos, necesarios pero sospechosos por ser parte del mundo burgués que la Revolución buscaba borrar. Más del 70% de los nuevos soviéticos eran analfabetos. La ciencia y la educación para todos fueron de las primeras grandes empresas de la Revolución.

Para Lenin, la ciencia era indispensable para construir el comunismo, y estaba dispuesto a usar a los científicos del zar y educar a muchos nuevos, pero siempre ajustándolos al materialismo dialéctico de Marx, considerado la gran forma de abordar la realidad, y que dominó la educación y toda la investigación científica. Los conflictos fueron abundantes, sobre todo porque la investigación se llevaba a cabo no en universidades, sino en institutos que dependían de los diversos ministerios del Estado, y de manera más acusada al asumir Stalin al poder.

Esto implicó tragedias como la de la genética soviética, tomada por asalto por un técnico agrícola, Trofim Lysenko, que denunció los trabajos de Darwin y Mendel como «ciencia burguesa» y ofreció a cambio una visión lamarckiana, pletórica de afirmaciones no comprobadas. Muchos biólogos que no se ajustaron a la verdad oficial fueron despedidos, juzgados e incluso ejecutados, y las Ciencias de la Vida sufrieron un atraso de décadas.

La confrontación no fue tan intensa en áreas en las que el debate dependía más claramente de la experimentación y las Matemáticas, en particular la Física y la Química. Y, sobre todo, la ciencia y la tecnología con posibilidades militares, que al final fue mucho más privilegiada que la destinada a la solución de los problemas de la ciudadanía. La URSS llegó a ser una nación capaz de tener un programa espacial exitoso y, al mismo tiempo, incapaz de producir bienes de consumo de calidad como televisores o automóviles.

Ciencia a cambio de vida

Fuera de los institutos, una relación peculiar de los científicos con el Estado fue el 'sistema sharashka' ideado por unos científicos e ingenieros en 1937 para evitar ser enviados a los campos de trabajo de Siberia por acusaciones políticas. Entregaron a las autoridades una lista de armas que podrían desarrollar si tuvieran recursos y fueran encarcelados en condiciones que lo permitieron. La idea fue aprobada y pronto surgieron diversas 'penitenciarías sharashka' donde los científicos trabajaban con recursos y libertad creativa si eran útiles al Estado. Y lo fueron en electrónica, armamento, aviación, astronáutica y, de manera destacada, en armamento nuclear.

El mítico diseñador aeronáutico Andrei Tupolev creó el bombardero TU-2 en 1941, preso en una 'sharashka' donde también estuvieron los diseñadores Vladimir Petlyakov y Sergei Korolev, que después de ser liberado sería uno de los arquitectos del exitoso programa espacial soviético.

La cumbre de la ingeniería soviética sería ese programa, con Korolev al frente, primero, y después con Valentin Glushko, que también había pasado por una 'sharashka'. La URSS sumó un triunfo tras otro en la carrera espacial emprendida con Estados Unidos desde 1957, cuando puso en órbita el primer satélite artificial, el 'Sputnik 1' con una lista impresionante de récords: primer ser vivo en órbita: la perra Laika; primer hombre en órbita: Yuri Gagarin; primera mujer en órbita: Valentina Tereshkova; las primeras sondas a la Luna, Marte y Venus; primer paseo espacial; primer vehículo explorador en la Luna; primera estación espacial y muchos otros logros. Solo se les escapó el premio mayor: llevar seres humanos a la Luna.

Con todas sus contradicciones, ciertas disciplinas florecieron, y lo hizo sobre todo la educación. Se calcula que poco antes de la desaparición de la URSS y del sueño bolchevique, uno de cada cuatro científicos del mundo era de alguna de las quince repúblicas soviéticas.

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