Capitalismo y revolución en Rusia

Febrero de 1917. Desfile de soldados por Petrogrado./
Febrero de 1917. Desfile de soldados por Petrogrado.

Lenin cambió la Historia porque vio que el pueblo debía ser guiado por un partido fuertemente disciplinado

ANTONIO ELORZA

En 'American Capitalism', John K. Galbraith habló de un insecto atípico, el abejorro, a quien según las leyes de Newton no le tocaba volar, y sin embargo volaba. De acuerdo con un marxismo elemental, eso le sucedió a Rusia en 1917, que registró una revolución social triunfante cuando ese papel le correspondía a Alemania. Por eso a mediados del siglo XIX había surgido la idea de una revolución basada la comunidad campesina: el populismo. Pero Rusia había experimentado un intenso proceso de transformaciones económicas, a partir de la emancipación de la mano de obra campesina en 1861, supuesto del rápido crecimiento capitalista. El joven Lenin supo verlo en 'El desarrollo del capitalismo en Rusia': «La revolución es en Rusia, inevitablemente, una revolución burguesa».

Desde 1880 tuvo lugar un vuelco en la sociedad rusa, con la formación de grandes industrias y la construcción de una red de comunicaciones del Báltico al Pacífico. Más avances culturales, protagonizados por grandes figuras que sitúan al arte ruso en la vanguardia europea. Es la Rusia de Repin y Malevich, pero también la de Nicolás II y Rasputín. La adecuación del modelo de partido socialista a ese marco de represión, oscurantismo y atraso agrario, será la obra maestra del líder de la socialdemocracia bolchevique, Vladimir Ilich 'Lenin', un hombre procedente de la pequeña nobleza, activista y lector infatigable, deudor en su formación de Kautsky y de los ejemplos de la Revolución francesa y de la Comuna de París, examinados a través de Marx. Y también de populistas como Chernyshevski, de quien toma algo más que el título de su '¿Qué hacer?' Su «ir al pueblo» inspira el «ir a los obreros» de Lenin, y aún más la concepción voluntarista del revolucionario entregado a la construcción de un nuevo mundo, tarea en la cual, de acuerdo con el Catecismo de Netchaev, no cabe ningún sentimiento humano.

1905-1906
Domingo sangriento
Tras un año de huelgas, el 22 de enero de 1905, unos 150.000 trabajadores de San Petersburgo piden mejoras en sus condiciones laborales ante el Palacio de Invierno. La guardia abre fuego y mata a unos 200. «El prestigio del zar ha muerto hoy aquí», escribe Gorki.
Manifiesto de Octubre
El documento, precursor de la primera Constitución, concedía libertades civiles (religiosa y de expresión) y derechos como el de reunión y asociación. Permite el nacimiento del Partido Democrático Constitucional (kadetes) y legaliza los primeros sóviets.
Tesis de abril
Alemania, interesada en desestabilizar aún más la situación en Rusia, organiza el regreso de Lenin. A su llegada, este aprovecha la conferencia de los sóviets para negar su apoyo al Gobierno y prometer la salida de la guerra y control de las tierras y fábricas a campesinos y obreros.
Primera Guerra Mundial
Julio de 1914
El zar declara la guerra a Alemania con el apoyo de toda la Duma salvo los socialistas. El Ejército Imperial sufre duras derrotas y la población, desabastecimiento e inflación. San Petersburgo pasa a llamarse Petrogrado, un nombre menos germánico.
Agosto de 1915
Los fracasos en el frente llevan al zar a tomar el mando de las tropas pese a carecer de experiencia. Al cargo de los asuntos internos queda la zarina, Alejandra, de quien todos los estamentos rusos recelan por su origen alemán y por estar muy influida por Rasputín, asesinado en 1916.
1917
8 de marzo
Las malas noticias del frente y la escasez de alimentos llevan a las mujeres de Petrogrado a sumarse a los trabajadores en huelga desde principios de mes. Tras días de altercados se unen a las protestas los soldados encargados de disolver las manifestaciones.
15 de marzo
Las revueltas, que al principio no eran apoyadas por los dirigentes socialistas, derivan en revolución y se expanden a las principales ciudades del país, donde los trabajadores llegan incluso a formar milicias. Ya no solo piden pan y paz. También el fin de la autocracia. La situación es incontrolable y políticos y militares envían telegramas al zar pidiéndole que deje el trono y evite una guerra civil. Sin llegar a Petrogrado, el zar abdica en el tren que lo traslada desde el frente. Volverá a casa, al Palacio de Alejandro en el retiro de Tsárskoye Seló, convertido en el coronel Romanov.

Lenin diseña en '¿Qué hacer?' el instrumento de la Revolución, sobre la base de que el proletariado por sí mismo no se orienta hacia ella, necesitando la guía de un partido centralizado de revolucionarios profesionales, fuertemente disciplinado. El programa será cumplido, tanto en su vertiente positiva, blindaje frente al zarismo y estado mayor de la Revolución, como en lo negativo, la incapacidad para activar el pluralismo interno.

El comunismo sobrevive entre los extremos de China y Corea, y aún más como mito

La Revolución de 1917 fue resultado de la autodestrucción del zarismo y del ansia de paz del pueblo, sobre las cuales actuó una eficaz estrategia insurreccional. Cuarteado ya por el desastre militar ante Japón y el intento revolucionario de 1905, el zarismo se desplomó ante las nuevas derrotas en la Gran Guerra por el levantamiento de una población hambrienta, dejando el legado de un doble poder en que el inactivo y belicista Gobierno provisional tenía ante sí al Sóviet de Petrogrado. La ausencia de una tradición parlamentaria, la penuria y el ansia de paz que Kérenski ignoró, abrieron el camino a un 'putsch' donde se impuso la determinación de Lenin. Luego Eisenstein puso las imágenes de heroísmo en 'Octubre' a una realidad más modesta: fueron una docena de bolcheviques a las órdenes de Antónov-Ovseyenko quienes tomaron el Palacio de Invierno entrando por una puerta trasera.

El nuevo orden

En 1905 Lenin había elogiado la democracia. Ahora sobraba. La Asamblea Constituyente, donde los bolcheviques eran minoría, resultó disuelta el 5 de enero de 1918. La instauración del nuevo orden fue abordada rápidamente, con sus rasgos totalitarios. Lenin suprimió de inmediato la libertad de prensa, desechó toda posible alianza con las organizaciones que no aceptaran su programa, publicó decretos sobre jornada de trabajo, control obrero, nacionalización de la Banca y grandes empresas, creación de un Consejo de Economía Nacional. El 15 de noviembre ofreció la autodeterminación a los pueblos de Rusia. En diciembre se funda la Cheka, Policía secreta encargada de «la lucha contra el sabotaje y la contrarrevolución», que muy pronto hará del régimen un Estado terrorista. Las ideas de Lenin sobre el aplastamiento del adversario de clase enlazaban con la violencia social desde abajo contra el 'burzhoi'. «El terror y la utopía estuvieron estrechamente ligados» (O. Figes). Como el socialrevolucionario Isaac Steinberg hiciera notar a Lenin, su Comisariado de Justicia debería llamarse 'Comisariado de Aniquilación Social'. Sobre el fondo, Lenin asintió.

La guerra de clases debía ser llevada asimismo a escala mundial. Para eso fundó en 1919 la Internacional Comunista, extrapolando el modelo previo del partido bolchevique: un organismo centralizado donde los partidos comunistas subordinasen sus propios fines al objetivo de la revolución mundial, que él creía próxima. Su política suicida en la guerra contra Polonia de 1920, al renunciar a un desenlace favorable para mantener la ofensiva, fue la muestra de esa actitud, que hubo de rectificar al alejarse su sueño. Es el pragmatismo que ante el fracaso del comunismo de guerra le lleva a implantar la Nueva Política Económica, sin concesión política alguna, y a sus últimos artículos, donde toma conciencia de sus fracasos, tanto en la construcción del Estado, como en la política económica, al ver que el partido «no es una gota en el mar del pueblo». «Los burgueses por lo menos sabían alimentarnos, vosotros no sabéis», pone Lenin en boca de un campesino. También percibió antes de morir quién era Stalin, su antes «maravilloso georgiano».

Con Stalin el terror llegará al paroxismo, entre 1935 y 1939, mientras la supuesta racionalización de los planes quinquenales se apoyaba en la depredación del campesinado. De paso, el comunismo soviético adquiría los rasgos de un sistema de vigilancia y represión generalizadas. La Internacional Comunista pasó a ser un organismo al servicio de «la patria del socialismo» y de los consiguientes objetivos fijados por Stalin, sin la menor concesión al internacionalismo leninista. Lo esencial era preservar el legado imperialista de los zares, que Stalin logrará acrecer de 1939 a 1948. El marxismo se convirtió una religión política con él como sumo sacerdote, personificación del triunfo del comunismo a escala mundial. Precio: millones de muertes.

Zar rojo, 'socialismo real'

Hitler en el poder explica la aceptación por Stalin de la estrategia de frentes populares. Estaba harto de que Manuilski, al frente de la IC, «profetizase todos los años una revolución proletaria que no tiene lugar», mientras el vigoroso PC alemán era destruido. El 7 de abril de 1934 se lo cuenta al búlgaro Dimitrov. Stalin iniciaba una valoración de la democracia como plataforma para alcanzar la etapa socialista: lo que representan las democracias populares desde 1945 y lo que sirvió desde 1934 en Francia y en España para aglutinar a las fuerzas de izquierda frente al fascismo.

La suerte de los comunistas, advirtió Togliatti, dependerá de su capacidad para convertirse en verdaderos demócratas. Lo anunciaron sus informes de España y lo desarrollará en el PC italiano a partir de 1944. Surge así el fallido comunismo democrático en Europa occidental frente al soviético y a sus variantes. Las posibilidades de una revisión interna en el bloque soviético, entrevistas a partir del informe Jrushchov en 1956, fueron aplastadas con la primavera de Praga (1968). Anclado en el 'socialismo real', el comunismo fue incapaz de escapar al cerco de hierro que Lenin y Stalin habían creado y de mantener la competencia con el mundo capitalista.

El legado histórico oscila así entre la represión y el terror de un lado, y de otro la lucha contra el fascismo y por la democracia. Más allá del desplome del marxismo soviético, el comunismo sobrevive hoy entre dos extremos: el floreciente capitalismo de Estado chino y la aberrante dictadura norcoreana. Y como mito.

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