El bolchevique idealizado

Trotski.
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Trotski.

Trotski.Su asesinato por orden de Stalin ha suavizado la imagen del fundador del Ejército Rojo

Trotski era un vigilante de la prisión de Odesa. Un hombre históricamente insignificante si no fuera por el extraño sentido del humor de uno de los presos: Lev Davidovich Bronstein, un joven agitador nacido en Ucrania en 1879 en el seno de una familia de granjeros judíos.

Intelectualmente brillante y gran orador, huyó después del exilio siberiano abandonando a su mujer e hijos para recorrer Europa y conocer a los principales pensadores socialistas y marxistas. Incluyendo a Lenin, a cuyo encuentro va a Londres. De ese bagaje nace la creencia de que la Revolución debe ser global y permanente, en lo que discrepaba del politburó.

Represión y exilio
Consciente de que el colapso económico y la propaganda antibelicista dan popularidad a los bolcheviques, el Gobierno prohíbe sus publicaciones, manda al frente a gran parte de los soldados asentados en la capital, desarma a los obreros y reinstaura la pena de muerte, abolida en febrero. Trotski es encarcelado y Lenin huye a Finlandia. En el Gobierno, el social-revolucionario Kérenski sucede al demócrata constitucional Gueorgui Lvov. El Ejército, hasta entonces bajo el mando del nuevo presidente, queda a las órdenes del general Lavr Kornílov.

Pese a que, precisamente por su espíritu crítico, Lenin llegó a calificarlo de «pequeño Judas» estaba claramente posicionado como su sucesor junto a Bujarin, Zinóviev y Kámenev, pero a todos ellos les faltaba el carácter estratega de Stalin, de quien se convirtió en el primer objetivo.

Expulsado del partido y del país en 1929, su asesinato en México once años después ha idealizado su figura olvidando a veces que, antes de ser borrado de las fotografías, el mártir del estalinismo defendió la militarización del trabajo y no tuvo reparos en ordenar ejecuciones o forzar alistamientos en el Ejército Rojo, del que fue creador y máximo responsable durante la guerra civil.

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