A cada talento, su momento

Miguel de Cervantes./
Miguel de Cervantes.

Algunos artistas firman su obra cumbre en la juventud, otros en la madurez y los elegidos, durante toda su vida

LUISA IDOATE

¿La obra maestra exige una edad determinada? ¿Hay un momento óptimo para lograrla? ¿Al artista le basta con aptitudes innatas o necesita un obligado aprendizaje?¿El escultor y el músico requieren más tiempo para dominar su arte que el poeta? ¿Puede más el ímpetu de la juventud o la experiencia de la madurez? La respuesta a esas preguntas es la misma: no hay reglas ni patrones. Hay creadores que se consagran a los veinte años; otros alcanzan la gloria siendo sesentones. Algunos mueren sin saber que triunfarán y otros saben que lo han hecho, pero ansían más vida para lograr la pieza única y soñada. ¿Qué determina cuándo estalla el talento del creador?

En el Renacimiento, Italia es la meca de los artistas que buscan el apoyo de mecenas como los Médicis de Florencia. Hay tal concentración de talento en la capital toscana que resulta difícil despuntar. Michelangelo Buonarrotti (Caprese 1475-Roma, 1564) lo hace sin esfuerzo. Se forma en el taller de los Ghirlandaio. Con 24 años firma 'La piedad' a la que, según Vasari, nadie podría añadir nada «en fortaleza, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol». Con 29 termina su escultura más famosa, el 'David' (1504): el ideal de belleza masculina renacentista y la estatua más famosa de la Accademia de Florencia. Un duplicado ante el Palacio de la Signoria recuerda su localización original, donde estuvo hasta 1873. ¿Su obra maestra? Hizo varias: las pinturas de la cúpula de la Capilla Sixtina (1512), el 'Moisés' (1515), el apabullante mausoleo de Julio II (1545)...

Contemporáneo de Miguel Ángel es Leonardo da Vinci (Vinci, 1452-Amboise, 1519), el icono del hombre renacentista amante del saber. Es genial y polifacético, con un talento tan diverso como disperso. Pinta, hace observaciones de ciencia y tecnología, diseña proyectos arquitectónicos y artilugios que no llegan a ningún puerto. Asiste a disecciones médicas y dibuja imbatibles estudios anatómicos. Con 14 años es aprendiz del Verrocchio y con 23 firma una clásica e impecable 'Anunciación'. Para 1481 ya es un artista de prestigio al que los monjes de San Donato de Spoleto le encargan la 'Adoración de los Reyes Magos', inconclusa como muchas de sus piezas, entre las que destacan 'La Virgen de las rocas' (1486), la 'Mujer con armiño' (1490) y la 'Última Cena' (1497). En 1507, ejecuta su cuadro más notorio: la 'Mona Lisa' o 'Gioconda', el retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco de Giocondo. Tiene 55 años. Lo sigue retocando hasta 1519. Ha cumplido los 67.

Más de medio siglo separa 'Nabucco' de 'Falstaff', de Verdi

Es un genio a pesar de sus problemas mentales. Vincent van Gogh (Groot Zundert, Países Bajos, 1853-Auvers-sur-Oise, Francia 1890) se suicida creyéndose un fracasado. Solo vende un cuadro en vida; a su hermano Theo, su amigo, confidente, cómplice y apoyo económico, al que confiesa en una carta que no le llega a enviar: «En mi trabajo arriesgo mi vida y mi razón, destruida ya a medias». Con 35 años dibuja sus famosos 'Girasoles'; en 1987 un empresario japonés adquiere uno de ellos por 22,5 millones de libras esterlinas más 2,25 de comisión. Eran para decorar la habitación de Paul Gauguin, invitado en su casa de Arles (Francia), que le retrata haciéndolos. Van Gogh se reconoce en la obra: «Soy yo, desde luego, pero yo volviéndome loco». Es un enfermo mental que pinta entre crisis; con y a pesar de ellas. Él mismo lo confirma: «He encontrado la pintura cuando ya no tengo dientes ni aliento; en el sentido de que mi triste enfermedad me hace trabajar con un furor sordo, muy lentamente, pero de la mañana a la noche, sin parar...».

De 'La Piedad' a la finalización del mausoleo de Julio II pasan 46 años en los que Miguel Ángel no deja de producir obras maestras

Dibujante, pintor, decorador, cartelista, diseñador. Alphonse Mucha (Ivancice, 1860- Praga, 1939) es un exponente del Art Nouveau y el precursor de la publicidad moderna. De niño es escribano judicial por su excelente caligrafía. Siendo veinteañero, crea decorados teatrales, paisajes, retratos y lápidas funerarias. Al conde Kart Khuen Belasy le gusta su trabajo y le paga los estudios de Arte en Múnich. Deslumbra con el cartel de la obra 'Gismonda', que Sarah Bernhardt representa en 1894 en París. Trabaja con ella seis años. Le hace afiches, escenografías y vestuario. En la cuarentena, tiene ya lista de espera. Firma anuncios publicitarios con mujeres sugerentes, sofisticadas y misteriosas en ambientes exuberantes. Hace postales. Idea piezas para el joyero parisino Georges Fouquet, al que encandilan las que llevan las modelos de sus obras. En 1918 crea billetes, sellos de correos, emblemas y membretes oficiales para la nueva República Checa. Su obra más importante, dice, es la 'Epopeya eslava': veinte pinturas de la historia checoslovaca que elabora entre 1912 y 1928 y regala a la ciudad de Praga. Las termina con 68 años.

Gropius sorprende con un diseño revolucionario de una fábrica con solo 28 años

Es un creador voraz e insaciable. Pablo Picasso (Málaga 1881-Mougins, 1973) es hijo de un profesor de Bellas Artes que, desde niño, fomenta su enorme talento para el dibujo. A los 16 años, el Festival de Madrid le distingue por el cuadro 'Ciencia y caridad' (1896). En 1897, monta su primera exposición individual en Barcelona. Siendo un veinteañero se instala en París y firma importantes obras como 'La vida' (1903), 'Familia de saltimbanquis' (1905) y 'Las señoritas de Avignon' (1907). Retrata a sus sucesivas esposas y amantes hasta que rompe con ellas: Olga Khokhlova, Dora Maar, Marie-Thérèse Walter, François Gilot, Jacqueline Roque. En 1937 firma el 'Guernica', un alegato contra la Guerra Civil española y posiblemente su cuadro más conocido. Ha cumplido 56. No para. Produce cerámica y escultura, y cuadros como 'La guerra y la paz' (1952), variaciones de 'Las Meninas' (1957) y 'El beso' (1969). Se autorretrata en 1972, con mirada devoradora. Su talento es inagotable. Crea hasta el final.

Cervantes era ya un anciano cuando terminó el 'Quijote', cuyo éxito no vio'

Ningún artista supera en extravagancia a Salvador Dalí (Figueres, 1904-1989). A los tres años quiere ser cocinero y los cinco, Napoleón. Luego, dice en su autobiografía, «mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más». Algo muy difícil, piensa, porque, «a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí». Triunfa con 'El gran masturbador' (1929) y 'La persistencia de la memoria' (1931). Los surrealistas lo echan por coquetear por conveniencia con el fascismo y el catolicismo y lo tildan de pesetero; le llaman 'Avida dollars'. No lo niega; cobra por todo. Con su inseparable Elena Ivanovna Diakonova-Gala, se instala en 1934 en Estados Unidos. Allí se consagra y pasa la Guerra Civil española elaborando una iconografía renacentista, política y económicamente rentable. Vuelve a España en 1948. Para muchos, su creatividad está agotada. Tiene 44 años. Pero trabaja otros cuarenta en composiciones como 'Madonna de Port Lligat' (1950), 'Crucifixión' (1954) y 'La última cena' (1955). Y produce objetos comerciales prescindibles, y caros, que siempre encuentran compradores.

El ruido y la furia', una novela con gran carga experimental, fue escrita por Faulkner al comienzo de su carrera

Precoz y brillante es Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756-Viena, 1791). Con 4 años interpreta composiciones sencillas al clave y crea pequeñas melodías. Su padre -compositor y violinista- lo pasea por las cortes europas para mostrar su valía. Le empuja a cultivar su talento. Estudia en Londres con el hijo pequeño de Johann Sebastian Bach y en Bolonia con el padre Martini. Se instala en Viena en 1781 y consolida su carrera. Las obras maestras se suceden. Compone 'singspieler' como 'El rapto del serrallo' y 'La flauta mágica' -con la que sienta los cimientos de la futura ópera alemana-, y tres óperas bufas: 'Las bodas de Fígaro', 'Don Giovanni' y 'Così fan tutte'. Firma conciertos para piano y orquesta, cuartetos de cuerda, sonatas para piano y el inconcluso 'Réquiem' interrumpido por una muerte, a los 35 años, tan temprana como su triunfo; el mismo que siempre envidió su celoso colega Antonio Salieri.

Maya Plitsetskaya bailó durante medio siglo. Murió a los 89 años

«Si alguna vez me convierto en un gran hombre, a ti te corresponderá una parte del honor». Se lo escribe Ludwig van Beethoven (Bonn 1770-Viena 1827) a Christian Neefe, tutor que desde 1779 lo encarrila como músico y persona. Según la 'Cramer Magazine', el chico es un virtuoso del clave, que ejecuta «con habilidad y fuerza». La alabanza coincide con la publicación de su obra iniciática: nueve 'Variaciones sobre una marcha de Dressler' (1782). Tiene 12 años, pero le adjudican dos menos para enfatizar su precocidad; su padre quiere convertirlo en un segundo Mozart, a quien el músico siempre admirará. Para dar clases con él viaja en 1787 a Viena, pero vuelve a casa porque muere su madre. Regresa a esa ciudad en 1792, estudia con Joseph Haydn y triunfa como pianista con un concierto que ofrece en 1795. Un año después empieza a tener problemas de audición. En 1815 se queda sordo. Hasta 1800, sigue a Mozart y Haydn con trabajos como 'Septimino'. Entre 1800 y 1814 muestra su madurez con 'Fidelio' (1805), las ocho primeras sinfonías y los tres últimos conciertos para piano. Luego enfila los años más innovadores, con la 'Missa Solemnis' y los últimos cuartetos de cuerda y las sonatas. En 1824 estrena en Viena la 'Novena sinfonía', su obra más famosa. Tiene 54. No oye nada.

La necesidad económica y los dramas personales zarandean la creatividad de Giuseppe Verdi (Roncole, 1813-Milán, 1901), que domina la escena lírica europea en la segunda mitad del siglo XIX. Triunfa con su primera ópera, 'Oberto, conte di San Bonifacio' (1839). Fracasa luego con 'Un giorno di regno' (1840), lo que unido a la muerte de su mujer y sus dos hijos le hunde en una depresión que lo aleja de la música. Regresa a ella con 'Nabucco' (1842), que conquista al público y se convierte en símbolo de la unificación política italiana. Le siguen 'I lombardi alla prima Crociata' (1843) y 'Ernani' (1844). Para el músico son «años de galeras», en los que trabaja a destajo para satisfacer a los empresarios. Todo cambia entre 1851 y 1853, al estrenar 'Rigoletto', 'Il trovatore' y 'La Traviata'. Le consagran y conquista la libertad creativa que no tenía. Ahora compondrá lo que quiera. Menos cantidad, más calidad. Con 'Aída' (1871) se retira, advierte. Pero vuelve a la carga con 'Otello' (1887). Y dice adiós con 'Falstaff' (1893). La termina con 80 años.

Cuatro creadores renuevan la arquitectura del siglo XX. Ninguno es precoz. Walter Gropius (Berlín, 1883-Boston, 1969) despunta a los 28 con el diseño revolucionario de la fábrica Fagus. Consolida su prestigio seguidamente con el palacio de oficinas para la exposición del Werkbund (Bolonia). La Primera Guerra Mundial alimenta su reflexión sobre el papel que la arquitectura tiene para salvar el abismo social de la posguerra. Funda en Weimar la Escuela Bauhaus (1919), que concentra arquitectura, artes plásticas y gráficas e industriales, y artesanía, y determina que «la forma sigue a la función». Ante el imparable ascenso nazi, huye definitivamente a Estados Unidos -lo había hecho en 1928 y había regresado-. Da clases en la Universidad de Harvard y recibe premios y honores que, dicen, no encienden su inexistente vanidad, pese a firmar obras como el complejo universitario de Bagdad (1960); la embajada de Estados Unidos en Atenas (1961); la sede de la Pan Am en Nueva York (1963) y el John Kennedy en Boston (1964).

Para muchos, el Pabellón de Alemania de la Exposición Internacional de Barcelona (1929) es la obra maestra de Ludwig Mies van der Rohe (Aquisgrán, 1886-Chicago, 1969). La hace con 43 años, con estructuras desnudas y lineales y unos espacios que parecen ilimitados. Sucede a Gropius al frente de la Bauhaus entre 1930 y 1933. Se exilia a Estados Unidos. Dirige la facultad de Arquitectura del Illinois Technology Institute de Chicago (1938), para el que diseña un campus que catapulta su fama. La reafirma en 1959 con el Seagram Building (Nueva York), considerado el más bello rascacielos de vidrio ahumado y metal, y con la Neue Nationalgalerie de Berlín (1962-1968). Tiene 82 años. Deja como herencia dos conceptos arquitectónicos decisorios: 'less is more' (menos es más) y 'God is in the details' (Dios está en los detalles).

Con una técnica artesanal y 17 años, construye su primera casa Le Corbusier (Chaux-de-Fonds, 1887-Cap Martin, 1965). Charles-Édouard Jeanneret, como en realidad se llama, funda la revista 'L'Esprit Nouveau', desde la que acusa a la Escuela de Bellas Artes de anquilosada y obsoleta. Interrelaciona arquitectura y sociedad. En 1921 expone un nuevo concepto de vivienda. La casa debe ser una «máquina para vivir» eficaz y funcional. La arquitectura tradicional se debe adecuar a la civilización industrial, porque no satisface las necesidades modernas. Para conseguirlo, exige integrar arquitectura y urbanismo, e interaccionar civilización y naturaleza. Con 35 años proyecta su ciudad ideal. Crecerá en vertical, con zonas verdes que discurran bajo los edificios apoyados en pilotes; con tejados ajardinados y calles que separen vehículos de peatones. No la construye. Pero levanta edificios aislados como la Ville Savoye (Le Poissy, 1929) y la 'unité d'habitation' de Marsella, apodada 'la casa del chiflado'. La hace con 65 años.

Estudia segundo de Ingeniería en Wisconsin, pero lo deja. Frank Lloyd Right (Richlan Center, 1869-Phoenix, 1959) decide trabajar con los arquitectos J. L. Silsbee y L. H. Sullivan en Chicago. Ahí realiza su primera obra en solitario, la Charnley House (1892). Tiene 23 años. Llama la atención con el Larkin Company Administration Building de Buffalo (1904), con un espacio central vacío del suelo al techo al que asoman las plantas con balconadas. Le siguen unas viviendas unifamiliares, contundentes y austeras, las 'prairies houses' o 'casas de las praderas'. Construye el Taliesin I (1910), donde vive con su amante Mariah Borthwick Cheney y los dos hijos de esta; el sirviente Julian Carlton asesina a los tres en 1914 y luego incendia el edificio. Intenta olvidar la tragedia en Japón, donde levanta el Imperial Hotel de Tokio. La Casa Kaufmann o Casa de la Cascada (1935) es una de sus obras más alabadas y reproducidas. Saca el espacio interior al exterior, adaptándose al escalonado terreno. Dicen que, al verla, Bruno Zevi acuña el término 'arquitectura orgánica u organicismo', cuyo gran representante será Wright. Se comprueba en el Guggenheim Museum de Nueva York (1943), su trabajo más relevante. Lo hace con 74 años, tras seis décadas de experiencia, y con el desarrollo de plantas curvas en un continuo por el que se pierde la mirada.

La azarosa vida de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) condiciona la eclosión de su talento. Publica 'Don Quijote' en 1605; ese año se exportan a Las Indias 500 ejemplares. Lo consagran, pero no lo sacan de pobre. Solo consigue editar obras ya escritas como 'Novelas ejemplares', 'Viaje del Parnaso' y 'Comedias y entremeses'. Estudia en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, según sus textos. Pero en realidad su formación va al socaire de los problemas de su padre, que acaba encarcelado por deudas. Por el mismo motivo él huye a Roma en 1569. Participa en la batalla de Lepanto (1571), y un arcabuzazo le anquilosa la mano izquierda. En 1575, de regreso a España, le apresan los piratas y lo venden como esclavo en Argel. Un lustro más tarde, su familia le rescata. Logra una cierta estabilidad económica como comisario real de abastos en 1587, pero el Rey le acusa porque no le cuadran las cuentas. Con 69 años, manda a la imprenta el segundo tomo del 'Quijote'. Muere sin saber que ha desbancado a su más admirado y odiado rival.

Cervantes envidia y venera a Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1635). Le llama «Fénix de los ingenios y monstruo de la naturaleza», porque compone dramas, sonetos, novelas sacras y pastoriles y «comedias propias, felices y bien razonadas». Además es un donjuán, y lo sigue siendo tras ordenarse religioso en 1614. Se casa primero con Isabel de Urbina y luego con Juana de Guardo, y entre medio hay otras: Marina de Aragón, Elena Osorio, Micaela Luján, Marta de Nevares... Según él afirma, de niño escribía comedias: «Yo las componía de once y doce años / de a cuatro actos y de a cuatro pliegos / porque cada acto un pliego contenía». 'El verdadero amante' es su primera obra; así lo asegura en la dedicatoria a su hijo Lope. Es el renovador del teatro. Sus historias de amor y honor, siempre con una doble trama entre nobles y entre criados, atraen al pueblo llano y a la aristocracia sofisticada. Le acusan de primar cantidad frente a calidad. Dijo haber compuesto 1.500 comedias que, según Juan Pérez de Montalbán, fueron 1.800; de autoría segura, se conservan 300. Las más célebres abordan los abusos de la nobleza, habituales en la época. Destacan 'El mejor alcalde, el rey', 'Peribáñez y el comendador de Ocaña', 'El caballero de Olmedo' y 'Fuente Ovejuna', para muchos su pieza maestra. La rubrica con 50 años.

A William Shakespeare (Stratford 1564-1616) se le considera el rey de la escena. No le interesó la escuela y según su amigo Ben Johnson, «sabía poco latín y menos griego». A los 13 años, es carnicero y degüella las piezas recitando adornados discursos. Escribe versos, es juerguista. En 1586 desaparece. En esos 'años oscuros' le endosan todo tipo de oficios: mercenario, caballerizo, maestro, pasante, tutor. Reaparece en 1592 y escribe 'Venus y Adonis', 'La comedia de las equivocaciones', 'La violación de Lucrecia' y 'Trabajos de amor perdidos'. Trabaja en la compañía de teatro Chambelán, y triunfa. En 1599 financia la construcción del teatro El Globo, donde representa sus obras y multiplica las ganancias. Con la llegada del rey Jacobo I, la escena británica revive y él estrena sus tragedias más oscuras y sonadas: 'Otelo' (1604), Macbeth' y 'El rey Lear' (1606), y 'Hamlet' (1609). Tiene 45 años. Con los teatros cerrados por la peste, se refugia en Stratford. Allí escribe en 1611 su drama más personal, 'La tempestad', con la frase que Hollywood copia como cierre del 'Halcón Maltés': «Somos de la misma sustancia de que están hechos los sueños». En vida solo publica dieciséis obras. John Hemynge y Henry Cundell, colegas de la Chambelán, editan la totalidad en 1623.

Compulsivo y bebedor es William Faulkner (New Albany, 1897-Oxford, 1962). Nace y muere en el sur de Estados Unidos, su gran inspiración. Alcanza la fama a los 32 años con 'El ruido y la furia (1929), novela experimental narrada por cuatro voces con borbotones de pensamientos sin racionalizar. Innova también en '¡Absalón, Absalón!' (1936), convirtiendo la temporalidad en un laberinto; y en 'Las palmeras salvajes' (1939), intercalando e interrelacionando dos novelas. Hace cinco guiones de cine para Howard Hawks porque necesita dinero. Pero «el granjero que cuenta historias», como se define, no se adapta al mundo del celuloide. En 1949 gana el Nobel. Consigue honores y reconocimientos; da conferencias; alterna romances fugaces y curas de desintoxicación. Y arrastra un halo de ansiedad, desazón, zozobra y angustia. «No se escapa al Sur, uno no se cura de su pasado», escribe.

Tampoco quiso curarse Philip K. Dick (Chicago, 1928-California, 1982). Tomaba alucinógenos y escribía novelas y relatos de ciencia ficción a ritmo de vértigo. Publicó más de 120. Con 'El hombre en el castillo' (1962), obtuvo el Premio Hugo y con 'Fluyan mis lágrimas, dijo el policía' (1974), el John W. Campbell Memorial. Triunfó en la gran pantalla con títulos como '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' (1968), que Ridley Scott convirtió en el filme 'Blade Runner' (1982) y le catapultó a la fama ya muerto; e 'Informe en minoría' (1956) que Steven Spielberg rodó como 'Minority Report' (2002).

Su senda creativa es farragosa. A Gustavo Adolfo Becquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870), el éxito le llega tras la muerte. Con 18 años es aprendiz de pintor, el oficio de su padre, tío y hermano. Lo deja. Se instala en Madrid y toca todos los palos. Compone el poema 'A Quintana' (1855), la comedia 'La novia y el pantalón' (1856), y la zarzuela 'La venta encantada' (1857). Los alterna con la 'Historia de los templos de España' que saca por entregas durante años. Publica textos en 'El Contemporáneo', 'El Museo Universal', 'El Porvenir','La Iberia' y 'La Ilustración de Madrid', que dirige en 1870. Contrae tuberculosis con 21 años. Encadena brotes. Escribe 'Cartas desde mi celda' (1864) desde el monasterio de Veruela, donde se repone de uno. Malvive con trabajos mal pagados. Ser censor gubernamental de novelas, entre 1864 y 1868, le da un respiro. No lo tiene en las cosas del querer. Ama a Julia Espín, y no le corresponde; a Elisa Guillén, y lo abandona; y se casa con Casta Esteban, que le da dos hijos y lo engaña con su antiguo novio Hilarión Borobia 'el rubio'. Lo refleja en las 'Rimas', editadas por sus amigos en 1871, tras su fallecimiento; él las reúne originalmente en 'El libro de los gorriones' (1868), extraviado hasta 1914. Muere con 34 años. Además de tisis, padecía sífilis.

La poesía de Bécquer deja huella en los primeros poemas de Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984), de la Generación del 27. Es abogado, profesor de Derecho Económico en la Escuela de Comercio de Madrid. De mala salud. A causa de una nefritis tuberculosa, en 1932 le extirpan un riñón. En 1926 publica poesía de influencia romántica y modernista en 'Revista de Occidente'. La convierte en surrealista con 'La destrucción y el amor' (1934) -Premio Nacional de Literatura-, 'Espadas como labios' (1942 ) y 'Sombra del paraíso' (1944), tres obras maestras que publica entre los 36 y 46 años. Su etapa antropocentrista llega con 'En un vasto dominio' (1962), que logra el Premio de la Crítica, galardón que recibe de nuevo con 'Poemas de la consumación' (1969). Se considera «una conciencia puesta en pie, hasta el fin», no para expresar la belleza sino la profundidad del alma humana. Gana el Nobel de Literatura en 1977.

Es la diosa del ballet del siglo XX. Con 23 años, Anna Paulova (San Petersburgo, 1882-La Haya, 1931) interpreta 'La muerte del cisne' (1905) que Mijaíl Fokine le coreografía, con música de Camille Saint-Saëns. Arrasa. Todas sus colegas quieren imitarla. Ninguna lo consigue. Su talento es imparable. Rinde a la platea con 'El Pabellón de Armida' (1907), 'Chopiniana' (1908) y 'Noches Egipcias' (1908). Comienza a bailar en el Teatro Mariinsky con 10 años; a los 28 tiene compañía propia y recorre el mundo llenando teatros. Es inigualable al expresar estados de ánimo, estaciones del año y criaturas de la naturaleza. Muere a los 49 años. Acaba de teminar una gira por Europa; está en la cima de su carrera.

En 1905 Isadora Duncan (San Francisco, 1878- Niza, 1927) visita a Anna Paulova en su estudio. En sus memorias, dice que la encuentra haciendo una férrea gimnasia a los sones del violín del maestro Petipa, que le pide más esfuerzo. «Durante tres horas observé tensa y perpleja los sorprendentes ejercicios de Paulova, que parecía ser de acero elástico. Su hermoso rostro adoptó las líneas severas del mártir». A la americana, le choca. Considera el ballet clásico falso, absurdo y frívolo. Ve la danza como una prolongación de los movimientos naturales del cuerpo. Baila descalza, con una túnica semitransparente sobre el cuerpo desnudo. Se inspira en las escenas de baile de los jarrones griegos del Museo Británico. Enamora a la crítica. La llaman 'la ninfa'. Pero su leyenda la eclipsa. Su amante Iván Miroski muere tras romper con ella y su esposo Sergei Esenin se suicida tras el divorcio. Sus dos hijos fallecen en accidente de coche en 1913. Ella se estrangula al enredar el fular del cuello en las ruedas del Bugatti. Su arte pasa a segundo plano.

«Siempre he bailado para el público, personalmente no lo necesito». Lo dijo Maya Plisetskaya (Moscú, 1925-Múnich, 2015). Lo hizo con cinco años en pleno bulevar Stretenski de Moscú, y así empezó todo. Le molestaba que se lo recordaran. «Me encantaba bailar y me encantaba el escenario». Y no tuvo dudas a la hora de elegir: «O los niños o la profesión. Preferí mi profesión. Todo el mundo puede tenerlos, pero no todos pueden bailar». La creatividad ni se aprende ni se enseña, pensaba. «Si una cantante no tiene voz, no la tendrá». Asumía que el ballet del siglo XXI exigía «dar muchas vueltas y levantar mucho las piernas, y en el salto, abrirse por completo». Pero la danza no es sólo eso, matizó. «La gente tiene los mismos sentimientos estés donde estés. La muerte del cisne no genera preguntas. Ninguna. Todo el mundo sabe lo que está pasando. Todos lo sienten». Los tiempos y los gustos cambian, aceptaba. «Pero los genios quedan. Rembrandt siempre será Rembrandt».

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